Whatsappitis: cómo evitar convertir al teléfono celular en una tendinitis

Por María José Armándola - Kinesióloga y fisiatra - (Mat. 939)

Suele suceder que advertimos las cosas buenas y malas de nuestra vida cuando es demasiado tarde; y entonces nos nace lamentarnos. Nos cuesta aceptar que hay ciclos y períodos, y que todo ocurre tan de prisa que no alcanzamos a celebrar lo bello oportunamente, y debemos soportar lo feo más de la cuenta. Detenerse un segundo intentando imaginar nuestro futuro podría ser el punto de inflexión para lograr la diferencia entre esperarlo y construirlo.

Leí en una revista, no hace mucho, que en 2020 se cumplían 35 años de la primera realización de la saga de Volver al futuro, la recordada película donde un adolescente rebelde viaja en el tiempo a los años en que sus padres se conocieron. Es muy probable que sepas de lo que estoy hablando ya que pudiste haber visto sino las tres, al menos uno de estos éxitos del cine moderno.

En una entrevista que realizaron al director y guionista -Robert Zameckis-, éste decía que viendo lo que había avanzando la humanidad en este lapso, su imaginación no había estado tan alejada de lo concretado en inventos e innovaciones en cuanto a movilidad, vivienda, viajes, vestimenta, etc.

Sólo una cosa -aseguraba- no pudieron prever con su equipo y se lamentaba profundamente en no haberlo vaticinado: ¡cómo se les pudo escapar que los hombres y mujeres del futuro estarían todo el día atrapados frente a la pantalla de un aparatito que portaban en su mano y con el que hablarían, se conectarían con sus pares a través de la escritura, leerían las noticias y hasta harían sus compras más importantes!.

Los realizadores no pudieron imaginar la obsesiva y patológica relación que tenemos las personas del siglo XXI con los teléfonos celulares.

Pero más problemático aun es que esa distorsión binaria no sólo no pudo ser anticipada por visitantes del pasado; sino que los habitantes del presente tampoco lo advertimos la gran mayoría del tiempo.

En fin… esto es así, y poco podemos hacer desde aquí para revertirlo.

Sin dudas que la relación entre el teléfono celular y las personas en esta modernidad ha sido analizada y estudiada por cientos de profesionales de la psicología, psiquiatría, sociología y hasta desde la antropología y están realizando importantes aportes al debate acerca de cómo vivimos los hombres y mujeres de este tiempo.

Sin embargo, desde mi humilde lugar profesional, cuando leí este artículo no pude evitar traspolarlo -quizá por deformación académica- a mi pertinencia y analizarlo desde la kinesiología.

Y desde este lugar sí pude extraer una conclusión inevitable e insoslayable que aporta la práctica cotidiana de nuestro trabajo y que, cada día más, se presenta en nuestro consultorio como una patología propia de esta relación humano/teléfono.

Nos referimos a una secuela indeseada pero más que común; que genera muchos problemas y se presenta como la antesala de dolencias futuras y que desde la medicina se define con un nombre tan célebre como aterrador: tendinitis.

Cómo se produce

Los celulares llegaron para ofrecer infinitas posibilidades y facilitar la vida de las personas. Nos despertamos con él a través de su reloj y nos dormimos gracias a su radio. Hablamos, mensajeamos, chateamos, leemos, escuchamos, fotografiamos, filmamos, grabamos, trabajamos, planificamos, compramos, vendemos, consultamos, buscamos, encontramos y seguramente podremos conjugar muchos más verbos en nuestra cotidianeidad.

Ya no sólo son parte de nuestra vida; sino que se han convertido en una extensión de nuestro cuerpo, una especie de quinta extremidad de la que ya no podemos prescindir. Ya nadie se imagina su vida sin ellos. Está comprobado que la gente no siempre regresa si se olvida un abrigo, un libro, un paraguas, la billetera o cualquier otro objeto al salir de un lugar. No obstante; si lo que se olvida es el teléfono, el 100% de las personas volverá por él, no importa lo que cueste hacerlo.

Ahora bien; lo que conviene preguntarnos aquí desde la ciencia médica es una pregunta clave: ¿Tiene esta conducta adictiva consecuencias para nuestra estructura ósea o muscular?

Sin dudas, y más vale saberlo para prevenirlo antes que lamentarlo.

El uso de dispositivos móviles está generalizado, y las personas tienen una fuerte prevalencia por utilizar los mensajeros, especialmente el WhatsApp, y el uso indiscriminado y extendido favorece la irrupción de una patología que parece ir creciendo y no es otra que la tendinitis producto de este mal uso.

El intercambio permanente de mensajes y chats ha generado la aparición de un nuevo tipo de lesiones que afectan especialmente a los pulgares, que son los dedos más utilizados para teclear mientras se sujeta el teléfono con las dos manos.

Una reconocida publicación especializada (Lancet) daba cuenta recientemente que el primer caso en el que se ha establecido una relación causa-efecto es en una mujer de 34 años que se pasó seis horas tecleando mensajes de navidad con el móvil. En el artículo, citado por sanitas.es, se bautiza a esta tendinitis del dedo pulgar como whatsappitis, como clara referencia a la aplicación e mensajería actualmente más utilizada en los móviles. Se trata de una tendinitis bilateral (en las dos manos) del extensor del dedo pulgar.

Pero también puede causar dolores en la espalda, en el cuello y rigidez muscular como producto de la poca movilidad corporal o de mantener posturas inadecuadas por un periodo extenso. Las problemáticas más usuales son la tendinitis en la mano e incluso en la muñeca y, sobre todo, el dedo pulgar, ya que es el más activo durante el uso de celulares.

Cómo se manifiesta

Esta tendinitis se expresa en la inflamación o degeneración de los tejidos blandos alrededor de los músculos y los huesos. El tratamiento inmediato consiste en: reposo, hielo, compresión y elevación.

Entre las señales de peligro, se encuentra un rápido empeoramiento del dolor, enrojecimiento e hinchazón, o incapacidad repentina para mover una articulación. El dolor que provoca puede ser bastante intenso y, a menudo, aparece en forma repentina. Como también ocurre con la artritis, el dolor empeora con el movimiento. El dolor suele presentarse en partes del cuerpo alejadas de una articulación. Aunque el problema puede reaparecer o ser crónico en algunas personas, es más frecuente que sea a corto plazo.

Como vemos, el uso de estos dispositivos móviles pueden resolver infinidad de problemas de la vida cotidiana; pero el abuso de los mismos genera consecuencias indeseadas.

Desde el Centro de Kinesiología y Estética Armándola (CKEA) queremos ayudar en aconsejar que equilibremos nuestra relación con los teléfonos ya que los tendones son estructuras similares a cordones, ubicadas donde un músculo se estrecha para conectarse a un hueso. El tendón es más fibroso y denso que el músculo carnoso y elástico. Un tendón transmite la fuerza del músculo al hueso para generar movimiento.

Existen maneras de evitar que se produzcan estos problemas, como: a) aprender y mantener la postura y la mecánica del cuerpo apropiadas; b) usar el dedo índice de vez en cuando; c) enviar notas de voz, en vez de sólo texto; d) evitar permanecer en una misma posición demasiado tiempo. Tomar descansos o cambiar de posición cada 30 minutos; e) realizar ejercicio de estiramientos de las articulaciones de manos y dedos; f) dejar de realizar cualquier actividad que cause dolor. Entre otros.

Sin embargo, es dable reiterar y reforzar como concepto que si presentas algunos de los síntomas descriptos o dolor inusual, no dejes de visitarnos y en CKEA podremos establecer juntos una estrategia profesional de abordaje para este problema creciente.

En este caso, no ahondaremos en el problema. Nos envías un mensaje de voz a nuestro WhatsApp, y nosotros te llamaremos…

Para más información podes escribir al WhatsApp 3434462213 o en nuestras redes: instagram: @ckearmandola

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