Volvieron una tarde. Al club. A los amigos. Al barrio. Y lo merecen los gurises por lo que se bancaron. Volvieron una tarde a sentirse acariciados por el silencio de un estadio que todavía no entiende su larga soledad.

La cancha les preparó su lugar. Volvieron a picar una pelota en el lugar que extrañan, ahí donde son felices por la sencilla magia de jugar. Y cuando la costumbre de ir al club se pierde por un rato largo, quizás la pandemia les haya enseñado a quererlo más.

Este regreso, paulatino, con protocolos de higiene y seguridad y lejos de lo que vivimos tanto tiempo como normalidad, fue distinto. Ellos saben lo de las botellitas personales, la distancia y el respeto con el otro, que cuidarse es cuidar a los demás, las manos bañadas en alcohol y los barbijos son parte de ir a la cancha, como la remera y el pantalón. Es lo que les tocó jugar este año.

Este viernes, en tres grupos de 12 chicos cada uno, el minibásquet masculino de Parque Sur volvió al Gigante. Todavía con los aros de espectadores. Pero volvieron. Eso vale, lo dijeron sus caras y es la noticia. La próxima semana será el turno del minibásquet femenino del club. Las gurisas completarán el regreso del básquet de Parque Sur, siempre con entrenamientos reducidos y por lógicas distancias de la pandemia.

Laprensafederal.com.ar

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