Hablar de Venezuela es el párrafo principal del nuevo guión de campaña de Cambiemos. Desde Mauricio Macri hasta el último intendente de la ciudad más recondita de Entre Ríos, pasando por legisladores, ministros y secretarios, la crisis del país bolivariano se ha convertido en un "otro" que tapa los verdaderos problemas de una Argentina que no despega.

Claro que es coherente hablar mal de ese país. El nuevo mapa internacional que se configura en Sudamérica luego de la salida de Dilma Rousseff en Brasil, con la previa victoria de Cambiemos en Argentina y la ajustada victoria de Lenín Moreno en Ecuador -por escaso margen y en segunda vuelta- muestran un cambio de perspectiva política en el bloque del sur. Más alineado con los poderes concentrados, más proclives a la intervención internacional.

Lejos está esta columna de defender las atrocidades que se viven día a día en Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro pierde terreno y apoyo de a minutos, frente a protestas masivas donde el Estado reprime. Porque sí, en los países donde hay regímenes de centro izquierda también hay fuerzas de seguridad, que actúan, en la mayoría de los casos, con violencia desmedida.

Lejos está esta columna de querer siquiera poner sobre las más de 100 muertes registradas en el crítico proceso un manto de sospecha, ni intentar justificar el espantoso sentimiento de injusticia que pasan sus familias. Para otra editorial quedará analizar cuál es el verdadero juego de intereses que mueve a sectores de la ultraderecha -a la cual ahora se la ha sumado la Iglesia Católica, es decir, otro sector de la ultraderecha- a querer derribar al régimen chavista, que con marchas y contramarchas ha puesto en el mapa un país donde el saqueo de recursos naturales es moneda corriente para los agentes financieros internacionales.

Pero volvamos al guión de Cambiemos. Macri estuvo de recorrida en Santa Fe, Corrientes y en Jujuy esta semana. En todos los lugares repitió lo mismo: "Ibamos camino a ser Venezuela". Una imagen que asusta. Mientras tanto el Banco Central asumía que la inflación llegaría a los 22 puntos en 2017, cinco puntos más que el pronóstico 17% repetido hasta el hartazgo. El dólar, en tanto, pisaba los 18 y los canales ironizaban con que había llegado a la mayoría de edad.

Pero salgamos del Presidente. Pedro Robledo, subsecretario de Juventud de la Nación, estuvo de rotation por algunos canales. Allí cayó repetidamente en lugares comunes para hablar de Venezuela. Mientras tanto en 18 meses no se ha construido en Argentina una sola escuela nueva, y el programa Conectar Igualdad, que no resolvía la pobreza pero dignificaba y hacía más corta la brecha entre los que más y menos tienen, fue cortado. Como el Progresar, dado de baja discrecionalmente en miles de casos.

Y vengamos a Entre Ríos. Gacetillas de legisladores de Cambiemos hablan de Venezuela, mientras en Gualeguay cierra un frigorífico y se lleva puesto a 130 empleados por la recesión económica, que en plena estanflación -caída con inflación, todo lo contrario a lo prometido- ya sumó un millón de pobres nuevos y más de 100 mil despidos pero ni una sola inversión. Por el contrario, creció la especulación financiera y se afianzó la deuda en el exterior, con apuestas literalmente centenarias y un déficit fiscal que creció, cuando era la principal crítica al kirchnerismo.

Claro que Cambiemos no llegó a ese escenario solo. Del otro lado un justicialismo partido busca por un lado una nueva identidad y por el otro reza que Cristina Kirchner gane en Buenos Aires. La tercera opción es Sergio Massa, que aún no puede explicar cómo formó parte 10 años de lo que ahora critica. Y luego una izquierda atomizada, que muchas veces se preocupa más por las internas que por la verdadera construcción alternativa.

Argentina no despega. Ni acá ni en el plano internacional, donde hasta vender limones se convirtió en un problema. Pero hablemos de Venezuela. Sin argumentos. Sin profundizar. Porque es más cómodo. Porque queda lejos. Porque tiene más problemas. Porque evitamos así hablar de los verdaderos problemas de Argentina.

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