No somos infalibles. No somos eternas. No somos invulnerables, ni mágicas y no vivimos de grandes momentos épicos. Nuestro umbral de realidad se encuentra mucho más alto, es cierto y sobre todo en los últimos años. Y esto es así porque somos un rosario de decisiones. Una consecución de arrojos que nos llevan a jugarnos todo el tiempo y a cada momento por nuestras circunstancias, nuestro futuro, nuestros sueños y no conocemos el verbo defeccionar. Esto no nos hace diferente ni mejores; sólo vamos a allí a buscar la fortaleza de nuestra valentía.

Sin duda que profesionales de la salud, educadores, padres, muchos dirigentes de distinto tenor, organizaciones especializadas y tantos luchadores solitarios y anónimos estamos dando una batalla sin cuartel -que nos demanda tiempo y esfuerzo- contra el principal síntoma de la cultura del nuevo siglo: el sedentarismo.

Y aunque parezca una trivial metáfora, la realidad es que debemos intervenir en una batalla cuerpo a cuerpo donde no siempre llevamos las de ganar. La evolución de algunos indicadores y la sola imagen que nos devuelve la realidad que rodea a todos los que estamos en este ejército de voluntarios nos invita a la desesperanza y la frustración. Sin embargo, los que sólo aspiramos a una sociedad más sana, con sujetos en movimiento, vitales y con una calidad de vida más genuina y proyectiva, cada mañana nos calzamos el uniforme y volvemos, con nuestras humildes y nobles herramientas, a enfrentarnos a miles de estímulos, motivaciones y condiciones que hacen de nuestra cultura del conformismo y la venalidad de lo superficial el principal caldo de cultivo para el sedentarismo.

Debemos reconocer también que, por el contrario y afortunadamente, cada vez es mayor el número de personas que incursionan en el running, el ciclismo y los deportes tradicionales.

Pero no es casual que Homero Simpsom sea el ícono más representativo de estos 20 años de actual siglo signado por la liquidez de pantallas y displays, el fetichismo de lo material y, por qué no, un culto a lo efímero e insustancial.

En este marco nuestro cuerpo se vuelve fútil. El otrora templo de nuestra salud, del bienestar general y de aquello que protegía nuestro espíritu progresista y evolutivo se reconvierte ahora degenerando en el reservorio de la comida chatarra, la vida sin tiempo y afectos, y donde reina el estrés. La soledad es el tótem al que nos abrazamos con una fruición nunca vista en la historia de la civilización humana.

En el Centro de Kinesiología y Estética Armándola (CKEA) nos ubicamos en las antípodas de este mapa de costumbres cada vez más generalizados. Y lo hacemos con un concepto que siempre vertimos en estas líneas ya que para nosotras la salud es mucho más la ausencia de enfermedad. Salud y belleza comparten el anverso y reverso de una misma moneda. Vivimos y trabajamos por ambas, y es entonces que la forma en que vivimos adquiere una dimensión total, y es desde este lugar donde miramos a la vida con una mirada holística. Con esto queremos decir que no nos puede resultar indiferente el sedentarismo si nos preocupa la vida plena de nuestra sociedad. Claramente, ese es nuestro mensaje.

Vida cotidiana

Asistimos a un estilo de vida sedentario e inactivo. No hay tiempo o ganas para hacer ejercicio o cumplir una rutina en el gimnasio o el club. Las personas pasan cada vez más tiempo sentadas en los escritorios frente a las pantallas, jugando o divirtiéndose con las nuevas tecnologías -en algo que difícilmente pueda considerarse ocio productivo- y huye despavorido de los compromisos con un pensamiento constructivo y una actividad física que la transporte a lo lúdico, al cuidado de su cuerpo y a una vida más armónica.

Incluso, el arte de caminar, en un mundo que vive más apurado y caótico, ha sido sustituido por una forma de trasladarnos más vinculada a los medios de trasportes mecanizados. .

Con todo esto quemamos menos calorías, lo que hace que haya más probabilidades de subir de peso-, se pierde masa muscular y resistencia, porque usamos menos los músculos; los huesos se debilitan y pierden algo de su contenido mineral; el metabolismo puede verse afectado y el cuerpo puede tener más problemas para sintetizar grasas y azúcares; el sistema inmunitario quizás no funcione tan bien; la circulación de la sangre puede no ser tan fluida como necesita, y así aparecen las inflamaciones y los desequilibrios hormonales, entre muchos otros.

Riesgos

Claramente que este estilo de vida no es gratis y, más temprano que tarde, nos pasará la factura con algunas enfermedades crónicas. Al no hacer ejercicio en forma regular se aumenta el riesgo de:

• Obesidad

• Cardiopatías (enfermedades del corazón)

• Hipertensión (aumento de la presión arterial)

• Hipercolesterolemia (aumento del colesterol)

• ACV (accidente cerebrovascular)

• Síndrome metabólico

• Diabetes

• Ciertos tipos de cáncer

• Osteoporosis

• Depresión y/o ansiedad

La Organización Mundial de la Salud define la actividad física como «todos los movimientos que forman parte de la vida diaria, incluyendo el trabajo, la recreación, el ejercicio y las actividades deportivas».

En este sentido, cuando se habla de actividad física se debe entender este término de manera amplia ya que se refiere no sólo a la práctica de deportes sino también a otras actividades de intensidad variable, como subir escaleras, bailar, cargar las bolsas de las compras y caminar. Para un adulto que lleva una vida sedentaria, realizar 30 minutos de actividad física de intensidad moderada la mayoría de los días de la semana, es suficiente para prevenir enfermedades. Dado que no es necesario realizar esta actividad durante 30 minutos seguidos sino que puede repartirse en momentos breves a lo largo del día, es muy sencillo incorporarla a la rutina cotidiana y es una de las maneras más eficaces para mejorar la calidad de vida.

La delegación argentina de la Fundación Interamericana del Corazón asegura que 1,9 millones de personas mueren anualmente en todo el mundo a causa de enfermedades producto de la falta de actividad física. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada en Argentina en el año 2018, el 64,9% de la población presenta un nivel de actividad física bajo.

En CKEA conformamos un equipo de licenciadas en kinesiología y fisiatría y si el problema es el movimiento, contamos con un gimnasio de rehabilitación donde realizamos rutinas personalizadas para que los pacientes puedan mantenerse activos.

Y, si bien es cierto que ya no se trata de un problema individual sino de una tendencia que ha crecido en los últimos años y que requiere de un abordaje con perspectiva social, multidisciplinario y adaptado a las características locales; si estamos convencidas que la decisión de revertir esta tendencia es personal y depende de la voluntad de cada una para advertir que en este cambio se juega la salud y una mejor calidad de vida.

Además, en CKEA sucursal mitre contamos con un centro de pilates especializado para prevenir y tratar enfermedades. Por eso, no dudes en llamar y consultarnos que podemos ayudarte en este nuevo proceso y nos gustaría ser parte de un cambio en vos, definitivo y profundo.

Para más información podes escribir al WhatsApp 3434462213 o en nuestras redes: instagram: @ckearmandola

Facebook: CKEA de María José Armándola

Dirección: Casa central: Vélez Sarsfield 721. Sucursal: Mitre 171. Los dos en el Parque Urquiza de la ciudad de Paraná.

Comentá y expresate