La Argentina vuelve al Fondo Monetario Internacional (FMI). Este martes, a través de un comunicado desde Casa Rosada cual si fuera una cadena nacional, el presidente Mauricio Macri confirmó que le pidió apoyo financiero al organismo, como no se lo hacía desde 2001. La intención del Gobierno es hacer frente a la situación crítica que se vive en medio de una corrida incontrolable del dólar.

En el momento más delicado en materia económica de la gestión de Cambiemos, el país vuelve a pedirle al FMI un crédito que ascendería a 30.000 millones de dólares y permita apaciguar las aguas turbias. En este contexto, lo peligroso no sólo es el creciente endeudamiento que significa para sostener un modelo que ya mostró sus agujeros en dos años y medio, sino las consecuencias para el pueblo que esto implica.

Las luces rojas de alerta se posan fundamentalmente sobre los condicionamientos que impone el FMI para otorgar el préstamo, con graves consecuencias para la población. Como bien se sabe, para acceder a los millones de dólares del organismo y a sus tasas de interés por debajo del mercado financiero internacional, es necesario arrodillarse, sucumbir a las recetas de ajuste estructural, con baja del déficit y recortes en sectores sensibles que repercuten en los trabajadores y los que menos tienen.

Crisis del modelo

Macri aseguró que ya habló con Christine Lagarde, titular del FMI, y que definieron "arrancar hoy mismo a trabajar en un acuerdo". Según acusó, es una medida preventiva ante la corrida cambiaria, el déficit de las cuentas y con el objetivo de "evitar una crisis". "Implementamos una política económica gradualista, que busca equilibrar el desastre que nos dejaron en nuestras cuentas públicas, cuidando a los sectores vulnerables y al mismo tiempo creciendo, generando así más empleo y desarrollo", aseguró el Presidente.

En esta misma línea, se "sinceró" al admitir la vulnerabilidad de su modelo. "Esta política depende mucho del financiamiento externo. Durante los dos primeros años hemos contado con un contexto mundial muy favorable. Pero eso hoy está cambiando, las condiciones mundiales están cada día más complejas y por varios factores. Están subiendo las tasas de interés, está subiendo el petróleo, se han devaluado las monedas de países emergentes, entre otras variables que nosotros no manejamos", explicó desde su perspectiva.

Aunque el Presidente apunte con el dedo hacia afuera y hacia atrás, claramente estamos frente a la primera gran crisis del modelo macrista. Se trata sobre todo de una crisis de confianza y credibilidad, ya que ni las millonarias intervenciones del Banco Central, ni la suba de tasa al 40%, ni la obligación de venta o el impedimento de compra de dólares de los bancos, ni el recorte anunciado en la obra pública de 30.000 millones de pesos para este año, están pudiendo controlar el mercado cambiario en la Argentina, que atenta contra la meta final de bajar la inflación y volver a crecer.

La bomba explotó con la incontrolable suba del dólar. Sin embargo, apenas es la punta del iceberg de un modelo que resulta insostenible, cuyo endeudamiento hasta ahora alimentó más a la bicicleta financiera y la fuga de capitales de inversores que aprovecharon a hacer su negocio con un tipo de cambio planchado y altas tasas de interés. Ante una política económica visiblemente incierta, con peleas hacia el interior de la gestión de Cambiemos y el fin del enamoramiento, la salida de los especuladores y la consecuente depreciación del peso, era la crónica anunciada.

Sin dudas, los interrogantes que se abren son muchos, pero la historia puede anticiparnos algunas respuestas. Como si fuera poco, la vuelta al FMI se da incluso en un momento particular, con la reaparición pública de personajes nefastos como Domingo Felipe Cavallo, autor del programa neoliberal que aplicó el menemismo en los noventa y condujo al país a una de sus peores crisis de la historia, con terribles consecuencias económicas, financieras, sociales, políticas e institucionales. Pareciera una casualidad, pero a esta película ya la vimos. Esperemos cómo sigue, aunque se avizoran tiempos difíciles.

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