Yanina Almada tiene problemas en la amígdala desde chica. Cuenta que se le inflamaban con frecuencia y que esto le provocaba problemas para tragar y respirar. El año pasado decidió operarse y se contactó con una otorrinolaringóloga de su obra social, que le ofreció realizar ella misma la cirugía para mejorar su condición. El jueves 14 de noviembre Yanina se internó en el Hospital San Martín de Paraná con el fin de ponerle fin a esa dolencia que tanto la aquejaba. Ese día, la vida de Yanina daría un vuelco dramático cuyas consecuencias sufre aún hoy.

"Desde el principio tuve miedo", cuenta a Clarín Yanina, que tiene 23 años, estudia Recursos Humanos y vive con su pequeña hija de tres años en Paraná. Para tranquilizarla, la médica que la operaría minutos más tarde, le decía que la intervención era una de las más sencillas y que no había por qué preocuparse. Más confiada, pero aún con nervios, después de oír a la médica, Almada entró en el quirófano, la prepararon la cirugía y se durmió luego de que le administraran anestesia total.

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Se despertó cuatro días después, un domingo. Estaba entubada y tenía una gasa que cubría una cicatriz en el cuello. Se sentía desorientada y cuenta que ninguno de los médicos le decía nada. "No se animaban a decirme qué me había pasado", comenta. Hasta que uno de los enfermeros que la atendía le reveló que la "cirugía se había complicado" y que tuvieron que hacerle una traqueotomía.

"Ahí me enteré que perdí mucha sangre y que tuvieron que reanimarme porque me moría", contó Yanina.

Tres días después le dieron el alta y ella se encontró con la médica que le había operado para preguntarle qué había pasado en la operación. "No me decía nada, no contaba nada y lo único que hacía era reírse", recuerda la joven.

El hecho es que después, en otro estudio médico que le hicieron, descubrió que le habían cortado la carótida por error. "Los médicos que me estudiaron después de la operación me dijeron que al suturarme, la carótida quedó más chica y que afectó la irrigación de sangre a la cara", aseguró Yanina.

Su abogado, Cristhian Panceri, que también habló con Clarín, describió que ahora la vida de Yanina está limitada por la mala praxis que sufrió. "No puede dormir boca arriba porque se le paraliza la mitad izquierda de la cara, se cansa con frecuencia, no puede realizar actividades física, ni levantar a su hija y le quedó un hematoma el cabeza. Además pierde pelo", enumeró el letrado.

Debido a estos secuelas que le habría provocado la operación, el abogado y la familia denunciaron a la médica que la operó por lesiones gravísimas en el cuerpo y en la salud. Y también piden su inhabilitación para ejercer la medicina. Según la denuncia que se realizó ante el Ministerio Público Fiscal (MPF), por "imprudencia o falta de diligencia" la médica le cortó la arteria carótida, poniendo en riesgo la vida de la paciente.

Panceri también contó que la denuncia se encuentra en estos momento en etapa de instrucción y ya pidieron la historia clínica al hospital San Martín, que aún no la entregó, para agregarla en la causa. También solicitaron realizar una pericia médica para confirmar los daños que causó la mala praxis a Yanina.

"Tengo la vida de una persona mayor. Me cuesta caminar, respirar y tomo un montón de pastillas. Además quedé con ataques de pánicos y tengo hacer tratamiento psicológico una vez por semana", confesó Almada con un nudo en la garganta.

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