viernes 27 de enero de 2023
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Una mirada desde la alcantarilla

Una terminal propia

Fuera del tiempo

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Después de varios años, volví a pisar la terminal de Paraná. Acompañé a mi hija mayor a sacar el boleto para que visite a mi mamá en Viale. La terminal tiene un desgaste permanente que hace que las caras y las cosas se vean como en un cuadro de Berni. De lejos había ya logrado reconocer al mudito Sione, Adrián vivió siempre en la misma manzana que mis padres y su tapial del patio lindaba con el nuestro. A la siesta me asomaba y le levantaba la mano, él se acercaba desde su lado y de algún modo “charlábamos”. Después de casó con una chica flaca que conoció estudiando, ella igual que él es hipoacúsica y tuvieron dos nenas que hablaban mucho. Me acuerdo de verlos cruzando la vereda de lo de mamá y de adjudicarle disputas a los modos de ir diciéndose entre ellos, sostenían las manos efusivamente en un aire que parecía espeso, como si una nube los siguiera igual que en los dibujitos animados. En la fila que le corresponde hacer a Pipi preguntamos a las últimas dos mujeres rubias por donde se saca el boleto y confirmamos que ese es el cole que va a Viale, ellas nos indican que hay comprar el pasaje directo al chofer, en ese horario nadie atiende la ventanilla, agregan, un poco como quejándose y otro para mostrar su actividad cotidiana en ese espacio. Cuando empecé a viajar tenía dieciocho años y mi madre me sacaba el pasaje y esperaba a que me fuera, miraba incluso en qué asiento me ubicaba y saludaba como en las películas donde se toman trenes que no vuelven. Pipi me dice andá, ma tranqui, nos abrazamos y pido que avise cuando esté con mi madre.

*

Pienso que las terminales son parecidas a la maternidad. Un espacio fuera del tiempo en el que siempre hay encuentros y desesperación, apuros y pérdidas. Un lugar en donde siempre nos sentimos más solos y ansiosos ante lo inminente. En la panza el bebé tiene hipo y me marca el tiempo como lo hace un reloj.

*

En el taller una chica escribe un verso con el mbiguá, le pregunto qué es y me dice un pájaro que solo anda cerca del agua. También escribe silleta y me río porque así le dice Daniel a los sillones de patio, igual que masita y otras entonaciones de las que me burlo seguido. El pájaro es parecido a una garza pero oscura, me parece que he visto varias veces algunos en el campo al atardecer sobre el arroyo, dice en el buscador que hay una leyenda guaraní pero no la leo porque siempre me aburren las moralejas.

*

Dormí retazos de horas, si no estaba descolocándome los huesos el de la panza, la de dos se me montaba del miedo. Se hizo sopa sudando de terror desde las 5 hasta las 6 que pudo salir de la pesadilla. Me dijo que la casa estaba llena de monstruos, me habló de un gato y de hielo en un vaso. Le expliqué que soñaba pero que estábamos bien juntas y abrazadas. Volvió a dormir después de tomar agua, dos horas en quietud que me ayudaron a recuperarme.

*

Hoy reviso Una habitación propia mientras me sumerjo en el agua para preparar mi control médico de esta mañana. Leo lo subrayado:

“Yo creo que esta poetisa que jamás escribió una palabra y se halla enterrada en esta encrucijada, vive todavía. Vive en ustedes y en mí, y en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama.

Pero vive, porque los grandes poetas no mueren; son presencias continuas. Solo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne. Esta oportunidad, creo yo, pronto tendrán el poder de ofrecérsela a esta poetisa. Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo -me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos- y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton, porque ningún humano debería limitar su visión; si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no solo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado. Extrayendo su vida de las vidas de las desconocidas que fueron sus antepasadas, como su hermano hizo antes que ella, nacerá. En cuanto a que venga si nosotras no nos preparamos, no nos esforzamos, si no estamos decididas a que, cuando haya vuelto a nacer, pueda vivir y escribir su poesía, esto no lo podemos esperar, porque es imposible.

Pero yo sostengo que vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aún en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.”

*

El último control de Pipi, cuando yo tenía dieciocho años, había viajado desde Viale al médico que me atendía. Como era invierno y él se iba de vacaciones me dijo que ya estaba lista y me mandó a la clínica a parir. Tenía el bolso armado porque soy ansiosa desde que me recuerdo. Entré al sanatorio y a las dos horas estaba con ella encima mío tomando teta. Volvimos al otro día a la ruta con la piel puesta en el cuerpo ajeno. Un viaje que no termina en nuestros nombres.

*

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