lunes 5 de diciembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

Un cordón que creemos cortar

El nudo materno y Jane Lazarre

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“Durante un tiempo a escondidas intentaba ser ella”, dice Jane Lazarre en El nudo materno, el libro que terminé este fin de semana. Leo literatura y ensayos sobre la maternidad. No dejo de asombrarme ante las distintas formas de vivir y de decir lo que atraviesa el cuerpo de la mujer, la cabeza partida entre los deseos del pasado y las imposiciones futuras. Lazarre intentaba ser como su madre pero su mamá había muerto cuando era chica.

*

A veces queremos morirnos por tanta vida que se nos encima entre las vértebras.

*

Tillie Olson habla también sobre las mujeres que escribimos y que para hacerlo tenemos que trabajar y criar hijxs. Hay un relato que se titula “Aquí estoy planchando”. La culpa acecha siempre la garganta de la madre. En Silencios recorre las figuras del “escritor” y la diferencia de la escritora: a la mujer que escribe se la coloca en el estante dentro del estante. Rareza.

*

El inutensilio dice María Negroni sobre la poesía. Algo que no sirve para nada.

*

Un poema de Laura Wittner dice:

El viento abrió las puertas del balcón

y en un segundo hizo volar por el living

un río de escombros, todo lo que está suelto

todo lo apoyado en superficies:

cartas de Cars, peladuras de lápiz

expensas, papel crepé en bollitos

dibujos con y sin dedicatoria

un estíquer, un clip desenrollado.

Rugía, ese viento, traía lluvia frenética:

salimos a gritar al balcón

mis dos hijos y yo, porque fue un año duro

y pensé que nos lo merecíamos.

*

Leo en Lazarre: “La maternidad destruye la seguridad”.

Me pregunto: ¿para qué hacemos lo que seguimos intentando hacer pese a estar amantando, equilibrando avioncitos con una cuchara llena de puré tibio soplado por nuestra boca, cocinado con el hueso de la cadera movido hacia el costado para que calce mejor nuestrx hijx, con el lavarropas como música de fondo, interrumpiendo el texto porque se queman las milanesas?.

Me respondo que escribir está en mi identidad y en mi deseo. Igual que ser madre desde los dieciocho años. Tengo una aplicación que abro y muestra que mi bebé tiene el tamaño de una naranja ombligo. Desabrocho el jean para sentarme frente a mi computadora a escribir y las palabras salen. De reojo controlo los horarios de jardín de Francisca. La comida tiene que estar servida en su mesa cuando llegue.

*

En un fragmento hacia el final, Jane Lazarre escribe: “Estás atrapada en el nudo materno —me dijo casi siseando—. ¿No te gustaría volver a sentir los movimientos de un bebé en tu vientre? ¿No quieres repetir ese momento único de dolor atroz que te parte en dos, mientras generas una nueva vida?

¿Ese dolor y ese tormento otra vez? ¿Volver a recluirte durante meses y meses, sumergirte bajo el agua sin oxígeno, en un mundo lejos del mundo, descendiendo a las profundidades conforme pasan los meses hasta que finalmente nace y, entonces, alcanzas el nivel más hondo posible, lo más alejado de la vida cotidiana, para vivir aislada bajo el océano durante dos o tres años?”

*

Escribimos porque nunca tenemos respuestas. Y maternamos sin ninguna de certeza de estar haciéndolo bien.

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