miércoles 28 de septiembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

Súperperfil. Jimena Arnolfi: poeta y comunicadora

La lengua entre cortezas

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En el patio de mi casa había unos ciruelos que mi abuelo había plantado, a uno lo había hecho nacer de otro con esa técnica que para mí sigue siendo un misterio. Una rama, escogida entre las otras en un punto particular, tenía una bolsa con tierra y así iba haciendo que enraizara. Mi abuelo controlaba la humedad y el desarrollo como si fuese un médico neonatólogo. Después, pasaba esa extensión del árbol a una lata hasta plantarlo en la tierra.

Esos ciruelos, hermosos y siempre volcando una nieve de pétalos diminutos, largaban de sus cortezas una especie de miel, algo pegajoso que caía en forma de lágrimas inmensas. Mi hermana lavaba la vereda siempre, hasta el día de hoy tiene el hábito de tirar baldazos en los patios, lo hace como descargando una porción de energía que le sobra. En la época de las gotas duras de miel del ciruelo se pasaba horas limpiando, moviéndose como una mariposa más entre las flores.

*

Hablo de la naturaleza y del estado que adoptamos en los cuerpos. Dice un poema de Hay leña de la poeta Jimena Arnolfi:

Me di cuenta que a veces intento

calcular la edad de los árboles

porque ellos dan la bienvenida a todo,

se levantan y extienden sus brazos

hacia lo inexplicable.

*

Jimena me atrae siempre y al leerla recupero escenas propias. La lectura siempre es un modo de encontrarse y un descubrimiento, un encuentro posible en la distancia. Además la escucho porque tiene un programa que se lama Radio Cuaderno en la FM Nacional Gualeguaychú. Ella no es entrerriana pero eligió vivir en el monte. Jimena es un brazo como del ciruelo. Se abrió paso con la lengua y habita una casa en las afueras de la ciudad muy cerca tiene la naturaleza en crudo: las espinas y los bichos, los caminos que pierden, la muerte olfateando la vida, los ladridos lejanos y el sol siempre traspasándolo todo.

Escribe desde que se recuerda. Le hago unas preguntas aunque revuelva en sus anteriores respuestas, Jimena es una mujer inteligente y sensible. Revela algo nuevo desde su mirada calma, hay una sabiduría que parece antecederle. Es joven siempre, porque es fresca, no sólo la edad le marca el tiempo pero es profunda como los ojos de un perro.

*

Escribir un poco cada día

es la estrategia que tengo.

Completar cuadernos era mi juego

cuando era chica.

Ahora insisto.

Quizás solo intento seguir

mirando con los ojos de la infancia.

Tanto tiempo después,

mirar como mira mi hija.

(Publicado en Campamento de supervivencia por Caleta Oliva)

*

—Hay un tío muy mencionado en tu relato como poeta que es quien tuvo una influencia sobre tu lectura del mundo y tu futura escritura, querés contar algo de ese inicio. Qué autores te proponía leer y cómo empezaste a percibirte atraída por la literatura y a asumirte con un rol más activo que el de solo lectora.

—Mi papá me contaba cuentos humorísticos y de terror a la hora de dormir. Mi mamá solía llevarme a las librerías y muy tempranamente aprendí que ese era un gran plan. De chica jugaba a escribir, coleccionaba cuadernos, tenía diarios. Y a la pregunta qué querés ser de grande, yo respondía “periodista y escritora”. En cuanto a la poesía, de niña me carteaba con Israel, un tío abuelo que vivía en Diamante, una localidad de la provincia de Entre Ríos. Él era poeta, el primer poeta que conocí en persona, y al descubrir mi gusto por la lectura y la escritura, me preguntó ¿por qué no escribís poesía? Y esa pregunta me habilitó. Alguna vez le mandé mis primeros intentos y él me contestó amorosamente. Me habló de poetas como Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou. Recuerdo esos nombres, seguro hubo más. Como parte de nuestra conversación por carta –y refiero cartas manuscritas, esas que se llevaban al correo y te dejaban a la espera de una respuesta que siempre demoraba en llegar-, una vez mi tío me mandó todos sus poemas, en un gran sobre de papel madera. Yo tenía unos 12 ó 13 años. Fue la primera vez que tomé conciencia de la poesía como una herramienta importante en la vida de una persona. A través de esos poemas, reconstruí la vida de mi tío abuelo. Su familia, sus amores, los paisajes de la infancia, tenía ante mí una autobiografía en verso. Eso me alucinó. En cuanto a primeras poetas que me impactaron en esas primeras búsquedas, están María Elena Walsh, Alejandra Pizarnik, Susana Thénon, Alfonsina Storni.

—Generalmente se toma un centro, hablo desde la geografía, y un interior que es el que habitamos los provincianos. Vos te desplazaste hacia Gualeguaychú y además ahí también en otro interior más fuerte. Yo siento al leerte la resonancia de unos versos de Sylvia Plath que dicen “cruzo mis manos sobre el monte”. ¿Percibís en el lenguaje este correrte, este asentarte, ese monte también en el vientre con La Chavelina?

Siempre quise vivir en Entre Ríos hasta que lo logré. En mi primer libro “Todo hace ruido” (Pánico el pánico, 2013) hablo de ese deseo. En “Hay leña” (Caleta Olivia, 2017) conté a modo de diario de viaje cómo fue mudarme y vivir en el monte. Después llegó “Campamento de supervivencia” (Caleta Olivia, 2021) donde conté mi embarazo y puerperio viviendo en el monte. Mi vida cambió mucho cuando me mudé a esta casa antigua rodeada de naturaleza. Vivo en las afueras de la ciudad de Gualeguaychú, en una zona rural. Tengo el monte muy cerca. Empecé a escribir “Hay leña” cuando me mudé y me di cuenta que todo iba a cambiar. Escribir esos poemas fue la manera de abrazar mi nueva forma de vida. Vivir en medio de la naturaleza es muy hermoso y muy difícil a la vez. Es trabajosa la vida en lugares como el campo o el monte porque implica mucho sacrificio y mucha soledad. Karen Blixen dice que “en la naturaleza no existe el mal, existe el horror”. Hay algo de eso en “Hay leña”. La naturaleza puede ser peligrosa. Después de un tiempo resulta normal estar en estado de alerta. Un bicho desconocido que aparece repentinamente o un yuyo que florece pueden ser un peligro. O tu perro que desaparece unas horas puede volver golpeado o envenenado. Del monte llegan huesos de animales muertos. La muerte se vive diferente cerca del monte. Recuerdo que al principio, solían recomendarme que sea más fría, que intente vivir de una manera más desapegada. Todavía no lo logré pero lo entendí.

---Las poetas mujeres y madres tenemos algunos temas en común pero eso no nos reduce. Hay una potencia muy fuerte en tu escritura que hace que el cuerpo (cualquiera de quien te lea) pueda experimentar desde el lenguaje lo que sucede con por ejemplo la maternidad. Hay en tu experiencia lectora (sé que Gianuzzi te gusta mucho) algo de la escritura (más allá del sexo género posición hombre mujer) que a vos te parezca más interesante que esas categorías que cierran, digo si podés hablar de esto porque hay mucho debate en el “boom de las mujeres” como si fuese aparte de la literatura. La literatura como tema/espacio y más chiquito adentro un poquito el espacio femenino o feminista.

La literatura es un territorio de disputa. Y la literatura es política porque es política la posición que una tiene en la literatura y en todo lo que hacemos en general. La literatura habla de nuestra identidad y construye sentido. Eso nos obliga a considerar la dimensión política de lo que hacemos y desde dónde decimos lo que decimos.

Como vos referenciás, se suele decir que hay un interés editorial por las mujeres. Tal vez se deba a cierto interés global relacionado con los feminismos. Históricamente el hombre blanco heterosexual ocupó casi con exclusividad estos espacios. Celebro que hayamos multiplicado esos espacios para nosotras. Y en este sentido, la batalla no está ganada. A veces, o muchas veces, todavía sucede que la literatura escrita por mujeres se considera algo menor. Distinto es si un varón, blanco, heterosexual escribe sobre su experiencia como padre, como cuidador, como hombre enamorado como por ejemplo Karl Ove Knausgård y su saga autobiográfica. Cuando lo hace un varón es literatura universal, es literatura en mayúsculas. Sigue vigente la idea que dice que toda tarea que emprende una mujer, en este caso la escritura, es vista como prolongación de lo doméstico. Y prontamente se encasilla como “literatura de género”.

---Además de ser poeta sos comunicadora, este perfil desde la radio tu nombre emerge como una conversadora del arte, ampliamente tomás con mismo entusiasmo música, pintura, teatro, poesía. ¿Cómo surgió este proyecto?

Estudié Ciencias de la Comunicación e hice una Licenciatura en Periodismo. Hace unos 15 años trabajo en medios y tareas afines. Actualmente conduzco Radio Cuaderno, un programa que va de lunes a viernes de 19 a 20, por Radio Nacional Gualeguaychú. Es un programa en el que hay un destacado lugar para la poesía. Leo poemas todos los días y pongo al aire radiopoemas que conversan con canciones. Todos los días realizo una curaduría musical especial, paso mucho tiempo escuchando y conociendo música, siempre me gustó. Además me doy el gusto de entrevistar a personas que me resultan interesantes. Leo sus libros y lxs entrevisto. Escucho sus discos y lxs entrevisto. Literatura, historia, política, ambientalismo, activismos son los temas de Radio Cuaderno. El género periodístico que más disfruto es la entrevista. Disfruto de prepararlas, de hacer archivo, hurgar, pensar posibles caminos para optimizar el tiempo del vivo.

Lo que más me gusta del periodismo es hacer preguntas en un mundo en el que se espera que sólo tengamos respuestas para todo.

—¿Hay un antecedente con un blog, no?

Hace mucho tiempo que tengo blog. Recién fui a buscar qué dice blogger y figura que tengo ese blog ¡desde 2005! Siempre lo usé para publicar poemas y canciones que me gustan. Es un archivo de lecturas, sobre todo. No posteo tan seguido como antes pero nunca lo abandoné. Hace un tiempo se llama El poema del momento.

—Entre estos trabajos: escribir, leer, guionar un programa, entrevistar también está maternar. A los hombres padres no se les pregunta dice Siri Hustvedt cómo pueden hacerlo aún con la “casa”. Qué pensás sobre estos cambios en las miradas gracias a ir desgajando lo socialmente impuesto desde el machismo.

—Los demás siempre van a hablar y siempre van a mirar mal. Si la escritora es madre, van a preguntar quién cuida a la cría mientras ella escribe. Por qué hacemos algo que aún se ve como disruptivo: ocuparnos de algo por fuera de lo doméstico. Seguramente muchas de nosotras nos sentimos tironeadas también. La maternidad y la escritura son tareas que exigen mucha dedicación y determinación. ¿Cómo hacemos para ser buenas madres y además tener una vida? No sé, yo también me lo pregunto. La maternidad puede ser una opresión. O al menos los discursos sobre las maternidades suelen ser opresivos. Y la literatura es la libertad. Hasta los que no escriben saben que la literatura es un territorio para la libertad. Pero esa mirada opresiva a la que hacés referencia, la viven todas las madres que insisten en desplegar alguna actividad en simultáneo con la maternidad.

Las mujeres aún encontramos dificultades para conciliar la maternidad con cualquier otra ocupación que decidamos encarar. Esa dificultad no la experimentan los varones. Es propio de las mujeres.

—Quiero dos poemas que guardes en tu mesa de luz. Dos voces familiares/amigas/íntimas que te susurren al escribir y al pensarte. Dos frases de tu hija que te parezcan versos.

—Guardo muchos poemas en mi mesa de luz, todos los días leo poesía, todos los días leo poemas en Radio Cuaderno. Últimamente tengo presente siempre, y de manera persistente, un poema que leí por primera vez en mi adolescencia. Se llama Fundación, es de Susana Thénon y es el poema que abre “Edad sin tregua”, su primer libro, publicado en 1958, a sus 23 años. Pasa el tiempo y ese poema sigue diciéndome cosas. Habla de inventar palabras nuevas, habla de hacer dioses menos grandes, habla de hacer otros sexos y al final dice: Como quien dice: nazco,/ duermo, río,/ inventemos/ la vida/ nuevamente.

Los poemas de Irene Gruss también son importantes para mí, los tengo muy presentes. Me resulta difícil elegir un poema de Irene porque son miles los que me gustan. Me acuerdo de uno bonsái que dice: Escucha, escucha los grillos de la noche. Avisan algo de belleza, algún esplendor sin simulacro.

¿Frases de mi hija? Chavela tiene 4 años. Hace un año problematiza el tema del tiempo. Suele preguntar a menudo cosas como: "¿Este día es ayer o mañana? ¿Ahora ya pasó? ¿Cómo sabés qué tiempo es?”. Le importa mucho el tema del tiempo. Y también el tema de la muerte. Acá donde vivimos, si nuestros perros se escapan –porque el monte los llama, por ejemplo- corren el peligro de volver golpeados o envenenados. Algunos de nuestros perros murieron y los extrañamos todos los días. Dijimos a Chavela que la Simona, Robertito y Romántico, los perros que ya no están, están en el cielo. Ella dice que seguro eligieron vivir en las estrellas más brillantes. Y una pregunta que suele hacer es si alguna vez van a bajar del cielo. Cuando murió Simona, Chavela tenía 2 años. Durante mucho tiempo, cuando íbamos a darle de comer a los otros perros -tenemos 6-, Chavela, con sus dos años y algo, separaba un plato más y nos explicaba todas las veces: "por si Simona baja de la estrella".

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