jueves 30 de mayo de 2024
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Una mirada desde la alcantarilla

Sin luz

Volver al fuego

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Amanecí sin luz, con la cabeza del bebé caliente como una brasa sobre mi pecho. Cuando pude pensar, ni bien me despierto no encuentro la forma para hilvanar la mente, me di cuenta de que se había cortado la luz. Todavía no eran las seis de la mañana. Primero, como en los relatos bíblicos, todo era caos, después el amanecer ya dejaba ver las cosas sin chocarlas. Me acuerdo del olor que largaban las velas. Yo no busco porque no tengo, pero instintivamente el recuerdo aparece como un sapo con la lluvia. El pasillo de casa a oscuras y mamá agachada sobre el aparador buscando el candelabro verde con una vela siempre empezada. El olor de la combustión entrando en la casa y mezclándose con la humedad. Nuestros gritos de alegría para jugar al gallito ciego, para festejar un golpe ajeno en la cabeza con la cama cucheta, para salir al patio a mojarnos en botas, para largar barcos de papel en la esquina de la Yoyi, para mirar a los varones jugando en el barro de la canchita, para encontrar ranas verdes, para ver las calas de atrás del limonero con las gotas quietas como ojos en el centro. Un olor y la chispa de la memoria. La casa a oscuras y el recuerdo encendiendo habitaciones que creíamos cerradas. El fósforo raspando el borde de la caja, el fuego encendido de la infancia.

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