jueves 1 de diciembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

NO

La docilidad no es un don

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Hay un texto de Leila Guerriero en defensa del “no” que siempre me pareció muy atractivo porque es hermoso en el sentido de que está bien escrito y es llevadero por cómo va enlazando distintas situaciones donde la negativa es determinante, es hermoso, repito y me quedo corta en la calificación, porque lo interesante, pienso, es también la contundencia de reafirmarse frente a esos no que han signado nuestra personalidad.

“Decir que no, allí donde todos dicen sí, conlleva un riesgo. Usada sin especulaciones, la palabra "no" es irreversible y definitiva. Una declaración de principios. Una toma de posición que puede parecer la cúspide del egoísmo. Quizás por eso asusta.”

*

Se me viene un poema de Idea Vilariño que se llama Ya no y es súper famoso, en el que va cortando las ramas del futuro de un vínculo. Esa poda poética del amor y las posibilidades que se truncan por la separación es un desgarro profundo pero necesario:

Ya no será

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad

lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido

vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

Ya no soy más que yo

para siempre y tú

ya

no serás para mí

más que tú. Ya no estás

en un día futuro

no sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.

*

Nunca me arrepiento de las decisiones que me tienen hoy sentada en este presente, pero reviso momentos significativos y les hago preguntas. De chica, mamá solía traerme de la biblioteca unos libros que tenían posibles finales según eligieras un mapa de lectura u otro. Algo menos complejo que Rayuela que circulaba en mi infancia y que no recuerdo el nombre. Eran varios volúmenes con aventuras distintas dentro de un mismo libro, yo le pedía más y ella me los iba consiguiendo mientras le devolvía el anterior. Ese ejercicio de buscar nuevamente el comienzo y darle chance a otro desenlace también se repetía cuando hacía los test de personalidad de las revistas en la adolescencia. Eres una chica romántica, parca o solitaria. Marcaba, borraba y buscaba el nuevo resultado. En la vida no usé casi nunca ese método. Sólo hay un episodio con un viaje a Gualeguaychú que me devolvió la operación y me pregunté si en vez de dejarme convencer, decía con mayor contundencia “no me gustan los carnavales, no quiero ir” Es una necesidad que supongo anclada en la culpa de se momento traumático que cambió mi vida y la de mi hija fundamentalmente y la innecesaria pregunta ¿hubiese o no sucedido?

Lo que sí reafirmó fue una certeza: sé que no me gustan los carnavales, como tampoco me gusta el fútbol y que por ende no cedería nunca más a asistir a esa comprobación ajena.

*

Dice Leila Guerriero más hacia el final:

“Me gusta decir que no porque me gustan las cosas limpias, definitivas. Me gusta decir que no porque eso implica una puerta que se cierra, una certeza, un camino que sé que no voy a tomar. Me gusta elegir, dejar atrás, no llevar lastre. Estar ahí, parada y sola, y decidir que no. Se parece a saltar sin red. Se parece a tener coraje.”

*

Muchas veces el no es institucional: no fumar, no usar celular, no cruzar tal calle. El no típicamente cristiano de no robarás y demás mandamientos. El no de la infancia que impone límites para que se crucen, perdón mapadres del no pero yo creo que esos son los que causan las violaciones de las fronteras conflictivas con nuestrxs hijxs. A mí me gusta más, en las conversaciones con mi entorno, reconocer el no íntimo que tiene que ver con la preservación de la integridad, ese no dicho a tiempo cuando la propuesta te quita la carne de tu hueso y te vuelve deshonestx con tus deseos. El no que es un principio de la libertad.

*

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