viernes 30 de septiembre de 2022
Ahora

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
  • Ahora >
  • Una mirada desde la alcantarilla >
Una mirada desde la alcantarilla

Nadar lo real

Cuerpos que se traga el río.

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

El 16 de diciembre de 2019 llovió en Paraná. Hay un cuento de Pérez Reverte que toma una escena de un mural de Diego Rivera (el marido de Frida Khalo) y desde un bebé rubio cargado en la espalda de una india el relato toma el tema del mestizaje. Pero de lo que más me acuerdo es de cómo empieza, dice “Llovió cántaros, llovió como si el dios Tláloc hubiese abierto las compuertas del cielo”. Parafraseo porque no encuentro el cuento, pero tengo la sensación presente. Yo vivía en calle Corrientes y me acuerdo que el agua bajaba como un brazo del río y se perdía hasta llegar a la orilla. Mi única hija hasta ese momento estaba conmigo y sentí la tranquilidad de mirarla mientras tomaba el celular acostada en el sillón frente al mío.

*

nota belen zavallo nadar lo reall.jpg

A las horas o al otro día conocí a Fiorella; digo conocí porque la vi mil veces replicada en cuentas de instagram y en todos los noticieros. Una chica hermosa de veintiún años que se había perdido en la noche de la tormenta. Sofi, que tomaba el taller conmigo, me contó que era su amiga y que estaban desesperados esperando que apareciera. Fiorella agarró la calle Gálvez con el auto cuando salía de la casa de su novio para volver a la casa. Ahí el arroyo Antoñico se había desbordado. Ahí, la comuna había dejado sin arreglar ese puentecito como tantos otros tramos de calles periféricas.

*

Pasaron unos días hasta que apareció un cuerpo en Bajada Grande; una pareja avisó a la Policía. Después vimos a los familiares esperando en el Club de Pescadores y la camilla cubierta que subieron a una ambulancia hasta la morgue de Oro Verde.

*

Anoche escuché otra vez algo parecido mientras hervía fideos cabello de ángel. Los fideos abrían el nido y se desparramaban en el agua como la cabeza de medusa.

Juanjo había salido a pescar hacía más de cuatro semanas desde Puerto Sánchez. Tenía dieciocho años y había aprendido el oficio, como todos los que crecen en esa callecita. Los gurises están siempre sentados en el lomo de una canoa y sostienen una caña. Los viejos tienen las manos rajadas de hacer fuerza tironeando tarariras o viejas del agua, desechos que se asientan en el fondo.

Frente a sus casas se tienden las presas como ropa desde alambres con ganchos. Los ojos muertos de los pescados replican la mirada del que sabe que si no pesca, no come. No vende, no tiene dónde más rebuscársela.

Hace poco escribí sobre el puesto al costado del río que habían levantado los amigos y familiares y el cartel pintado que decía “Volvé, Juanjo; te estamos esperando”. La esperanza en el mito es la que queda en el cofre que abre Pandora.

*

El agua tiene el color del barro cuando te acercás, de lejos si hay sol el río se cubre de lentejuelas. Los atardeceres en Paraná son siempre iguales de bellos y de dolorosos. Unos días el resplandor aprieta los párpados y se hunde en los ojos. Otros te brilla la piel como la panza de un dorado. Nos queda en el horizonte un anzuelo que agujerea.

Para seguir a Belén Zavallo en redes sociales:

Instagram: @belenzavallo

Facebook: Belén Zavallo

Twitter: @MBelenzavallo

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar