domingo 22 de enero de 2023
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Una mirada desde la alcantarilla

Música nocturna

La amistad y el sonido de los recuerdos

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Todo hijo es un capataz dice un verso de Luis Cháves, el poeta costarricense que releo desde hace unos años en un largo y hermoso poema que se llama Música nocturna recordada en la mañana. En un taller Santiago nos contó que Luis, su amigo, lo había escrito después de un sueño y que cuando él lo recibió no pudo dejar de leerlo. En la contratapa de Fuera de gravedad Santiago insiste con contar esta historia que los une porque la poesía muchas veces funciona como un eslabón más en la cadena afectiva que nos sostiene junto a otros. Escribo esta mañana mientras Francisca me tumba libros de la biblioteca y se sienta encima de un ejemplar que en la tapa tiene un Batman, la capataz que redefine el lugar de las cosas en mi escritorio.

Ayer fue el cumpleaños de mi amigo Washi que escribió “personas y raíces nos parecemos en estas tierras”. Así es mi recuerdo del verso pero compruebo que es más lindo después de buscarlo, el poema de Una hoguera de jazmines dice:

Mi madre atraviesa invisible el alambrado

y se pierde en el maizal.

No lleva un vestido vaporoso

tampoco sombrero.

El sol no la daña.

Personas y raíces

se parecen

en estos lados.

Inclina su cara

huele el maíz

lo elige para nosotros.

Comemos de su mano

los granos

como pájaros.

Quizás hoy en esta columna diaria se me vienen estos autores porque también de fondo sé de otro rasgo que tiene que ver con la construcción de la amistad pero además porque ambos escriben con nitidez escenarios domésticos y el sonido en los dos de la máquina de coser como un fondo de piano que crece en el techo familiar me recuerda a mi casa, a mi madre, a mi abuela. La poesía tiende a hacernos creer que siempre nos está hablando de nosotros y a mí ese engaño me parece un pequeño milagro necesario.

Decía que ayer había sido el cumpleaños de Washi pero no lo saludé porque desde que lo conozco lo saludo erróneamente convencida de no equivocarme el día anterior. Una amiga en común me dijo es que ustedes dos tienen solos una fecha especial y eso me gustó más que aceptarme ansiosa y pava.

Anoche leí que había muerto David Crosby y le mandé la noticia a Pablo que además de ser mi cuñado, es mi amigo. Pablo me enseñó a manejar de chica y a escuchar música que no fuera Luis Miguel. A la tarde estaba viendo Dopesick y en una escena en que una adicta viaja para conseguir más opioides sube el volumen del pasacasette y se escucha The Offspring. En los cd que Pablo me grababa estaba ese tema y otros de Smashing Pumpkins. Para mis quince me regaló un walkman y ahí podía escuchar los cd solas, me aprendía las letras de REM y de Pearl Jam. Después le preguntaba por alguno que no sabía cómo se llamaba y él me contaba algo más. Anoche después de recibir mi enlace me escribió algo del mismo modo que las cosas que me decía hace veinte años. Música nocturna recordada en la mañana es el título de un poema pero también puede ser un link más que clickeo mentalmente para hacerme nuditos poéticos en el macramé de estos días de cuerpo creciente. Pablo me enseñó a manejar en su Fiat Uno, a escuchar música que no hubiese conocido de otra forma y a hacerme preguntas. Después me dio una ahijada que es brillante como una piedra siempre mojada y que le gusta la poesía de Emily Dickinson y reirse mientras caminamos del drama de las Brönté.

En el estante de la biblioteca en donde está La historia de una hiedra, otro libro de Luis Cháves, está también la nota de Washi cuando me lo regaló y ese libro tiene el otro poema que casi me sé de memoria, se llama Traducción inédita de un tema de Chan Marshall.

“una canción que se repite

hasta entrar en el sueño

mientras lo demás sigue creciendo,

dentro y fuera,

en silencio,

lejos de la simetría,

con determinación.”

Fuera del poema los versos pueden decir más cosas, por eso los saco y los pongo acá, imitando a mi hija de dos años que desparrama los otros estantes.

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