miércoles 28 de septiembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

Migas sobre el camino

Gloria, loor y descuentos

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Es difícil repartir la atención sobre los nombres que de alguna forma tiraron las miguitas sobre el camino que elegimos seguir. Creo de todas maneras que es posible reconstruir una especie de fe en la enseñanza, incluso leer entre líneas de quiénes quisimos inconscientemente hacer que sean nuestrxs maestrxs. Yo puedo nombrar a maestras de la primaria y a algunas de la facultad. Graciela Gianetti, Graciela Ianuzzo, Gloria Cabrol que me descubrió Los ríos profundos, una obra inolvidable de José María Arguedas que me trae mi amiga Pamela César que es profesora de literatura y actriz, que sabe contar anécdotas de sus viajes como nadie. De mi secundaria recuerdo a todos, pero siempre elegí a Griselda Giampietri y a mi mamá porque me dio clases de taquigrafía ( también de mecanografía aunque nunca me gustó y hasta ahora escribo sobre el teclado como NO se hace). Cada une sabe qué nombres y en qué momentos fulguran esas caras, las poses en el aula son cuadros de una galería por donde podemos atravesar nuestros años. Una vez Emmy Engo dio una clase solo de Borges en el Colegio Nacional, los chicos estaban tiesos porque siento que le temían, pero yo la miraba como a un prócer porque lo había conocido al “Maestro Borges”. Otra vez, Alfonsina Kohan se apasionó con Alfonsina Storni y recitó sus poemas, contó porqué su madre la había bautizado así, eso fue adentro de un colectivo volviendo de Rosario. En otra oportunidad, invité a Ferny Kosiak al aula de mis alumnos y se sentó chinito a leerles. Las caras a la misma altura. Los personajes de La bondad de los extraños.

La belleza suspendida como las moscas que entran en verano a una cocina.

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La seño Miriam de primer grado siempre fue dulce como el almíbar que brillaba en las facturas de su panadería, a mí me gustaba ella y también uno de sus hijos que después fue mi novio muchas veces. Miriam fue la madre de mis dos primeros amores: aprender el uso del lenguaje y el de ver a alguien por encima del resto durante mucho tiempo. Me voy a desviar de esa historia porque lo importante en estos días es la seño de primero.

Miriam era una mujer bajita que yo veía inmensa y que sigo viendo desde la fila contra la ventana que daba a la canchita y por donde espiaba mi casa. La seño se acercaba a nosotrxs como una abeja a las flores, con Flavito nos sentábamos juntos, a veces nos peleábamos pero todas las siestas volvíamos a vernos. Vecinos y compañeros unidos con un hilo como de yo-yó.

Un día la seño nos dio un dictado y a todas las preposiciones “a” yo las escribí como verbos “ha”. Le mandó una nota a mamá contándole que le llamaba la atención que estuviera interesada en aprender las conjugaciones compuestas. Abrió un tiempo más en sus tareas para fijarse en una particularidad mía, una ansiedad por saber más del funcionamiento de la lengua escrita. Ya leía de corrido y lo disfrutaba como a una ventaja por sobre Flavito que siempre fue atravesado pero graciosísimo, y también escuchaba con pasión las historias que ella nos contaba. La recuerdo más que con portadas de libros encimados a sus pechos, con sus manos libres creando relatos que hilvanaban su vida doméstica. Miriam era maestra y madre, no se despegaba de Laurita, Juancito, Fabito (Román llegó después de mi cursada en su aula) y supongo que lo hizo también personaje de sus cuentos. Siempre la quise y la abrazo cada vez que la recuerdo.

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La docencia como el mundo repartido en porcentajes de agua y tierra en donde las mujeres copan la profesión. Un legado de tijeras sobre cartulinas y pétalos desparramados. Mujeres que crean su propio jardín. Mujeres que hacen de las paredes bosques con caminos sinuosos, hoja por hoja pueblan las ramas de árboles que se topan con los techos que se vienen abajo en la mayoría de las escuelas públicas. Hay otra vez un sesgo patriarcal en la construcción de la labor doméstica de la enseñanza.

La seño Titina de jardín de infantes. Una leyenda que se arraiga al suelo vialense. Tiene los ojos de agua, las uñas siempre pintadas de rosa nacarado y los marcos dorados de los anteojos. La dibujo con tacos a ella y a mi madre cercanas al sol.

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En un meme que se replica en las redes está la fecha 11 de septiembre y en la parte superior la escena de alegría y las frases celebratorias: ¡Feliz día queridos docentes!, Escuela pública, Padre del aula Sarmiento inmortal. Casi que te hace bailar el gloria y loor, honra sin par. En la parte inferior, dividida por la advertencia “Ah pero cuando hacen paro”, se abre el grito como un cuchillo: Manga de vagos, vayan a laburar; no tienen vocación, toman de rehenes a los chicos.

Es gracioso porque es un meme pero es triste porque alude a un discurso existente.

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Todos los años tenemos problemas para empezar el año académico. Las paritarias se discuten sobre las fechas y entonces “otra vez paro”. Los afiliados a los gremios se desafilian cuando ven que no se toman las medidas que piden las bases, se disgrega la fe en los representantes del pueblo y del sector, el desamparo siempre acompaña. Una vez cazamos Pokemones en una marcha sobre calle Laprida. Lo cuento porque el hartazgo siempre nos lleva a ser creativos y a aprender a reirnos de nosotrxs mismxs. Una escapatoria a la solemnidad y al lamento porque el sueldo docente es una miga que siempre perseguimos pero que nos la come antes otro pájaro más vivo.

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Pese a que históricamente el dinero nunca le hizo justicia a su labor, la figura del y de la maestra permanece intacta. Cada uno rellenará el esqueleto de su memoria como en una clase de arte. También aparecerá el maestro que levantaba la vara para dar un chicotazo y herir, el que equilibra nuestra romantización.

Sarmiento puede ser el de la figura en blanco y negro que muchos repudian y que otros erigen, pero también un sarmiento es un tallo que en las vides sirve de vástago. Un brazo nuevo que brota como todas las cosas que suceden en las aulas. Es lindo conocer que hay opciones y acepciones. En el lenguaje y en la vida.

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