lunes 21 de noviembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

Los velos

Esto que pasa por el cuerpo

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Nelson tenía ataques de violencia, quizás en ese entonces, cuando íbamos al mismo jardín de infantes les decían de otro modo. Pero yo me acuerdo de haberlo visto arrancándole la cofia a la hermana Aurora que era la monja directora a la que todos le temían. Nelson no. Era alto y morocho con el pelo tirando a castaño claro, algo que les suele pasar a los surfistas con el sol y la sal del mar. Nosotrxs crecimos en Viale donde los arroyos nunca dejaron margen para ser balnearios. Tenía cinco años cuando volvió de la dirección con la boca brillante, en las comisuras seguían pegados cristales de azúcar, así lo habían calmado. Después, ya en la secundaria seguía con la misma propensión agresiva. Una vez estábamos jugando al pool en el polideportivo y Gisela erró una jugada. La bocha que estaba servida para entrar, tomó otra dirección o algo así, lo que recuerdo con nitidez fue verlo a Nelson con su palo pegándole en la cabeza. Ella que no lloraba con facilidad le gritó de todo y se agarró fuerte.

*

Hace unos días Francisquita llegó con rasguños en la cara, tuvo un breve enfrentamiento con un compañero de jardín. Gracias (?) a eso supe que sabe defenderse y que también es brusca en sus modos. Ambas familias expresamos nuestra preocupación con las maestras y nos mantuvimos en línea para que nuestrxs hijxs aprendan a compartir y a cuidarse.

*

Cuando nos conocimos con mi pareja, él estaba investigando un asunto periodístico. Hicimos un viaje a Nogoyá o a una ciudad similar, no recuerdo. Sé que la noticia tuvo repercusiones y descorrió un telón que venía guardándose por hábito y por miedo. Luisa Toledo se llamaba la hermana superiora, se llama, aún vive. Esta mujer les propiciaba castigos físicos a las hermanas que estaban en su convento, les pegaba o quitaba la comida pero además les imponía castigos como en El nombre de la rosa con artefactos estilo sado masoquistas. Les hacía infligirse a sí mismas lesiones horribles. Me acuerdo del relato de una de las hermanas de clausura que contó que un día, mientras rezaban, la superiora vio un pájaro que quería entrar por la ventana y se chocaba contra el vidrio. La madre superiora gritó: “es el demonio”. Después arrancó árboles, plantas y redujo las visitas. Intensificó los rezos y las devociones. Se dedicó a regar con agua bendita los rincones, a desparramar medallas y escapularios y a encerrar aún más las puertas del convento. Todo eso derivó en denuncias por privación de la libertad y otros delitos. En nombre de la fe históricamente se han cometido atrocidades.

*

Una de las obras que leíamos en literatura española era La familia de pascual Duarte de Camilo José Cela. Me acuerdo de la impresión durante la lectura y de la identificación de la violencia en lo que en ese momento era mi primer matrimonio. En Pascual Duarte un cerdo le comía las orejas a un personaje que después moría ahogado, Pascual contaba los maltratos que le propiciaba el padre a él y a su madre. La narración era brutal. Una obra del tremendismo, decía la profesora y explicaba la época y la situación social de España. A mí la literatura siempre me abrió la percepción para entender el mundo. La realidad me sometía con su desgaste natural de los días, una especie de alienación del espíritu. Pero leer historias, mitos y poemas ha sido siempre sentir la profundidad de las cosas.

*

Un poema de Precious Arinzeque que recibí en el newsletter de Ezequiel Zaidenwerg hace unos días dice:

ahora digo casa & quiero decir que la verdulería

donde me pasé la mayor parte de mi infancia tratando de aprender

el valor de la falta ahora es una imponente

discoteca. los muros de cemento

que resguardaban a mi mejor amiga

ahora son polvo y escombros. digo casa & quiero decir

que no me acuerdo cuándo o cómo pasó.

tantas cosas se destruyen sin que nadie se dé cuenta.

digo casa & quiero decir las mezquitas, las iglesias

que gritan sus plegarias a un dios que debe

ser medio sordo, el tráfico que se impacienta

del otro lado de mi ventana. una orquesta de motores

que masacra el aire de la noche como una mariposa enloquecida.

las calles inundadas. las montañas de basura que invaden

la autopista. el espectáculo interminable del afán

& la codicia.

digo casa & quiero decir la señora

que asa los dones de la temporada al costado de la ruta. su sonrisa

del tamaño de una marquesina. una promesa constante. digo casa

& quiero decir la fiesta en una casa donde me rindo a la necesidad

que sea más urgente. perdida en el ritmo sincopado de los brazos

de una persona desconocida. mientras mis amigues rememoran el pasado

& nos reímos de los recuerdos más tontos. digo casa & quiero decir

que podría quedarme a vivir en ese ruido para siempre.

digo casa & quiero decir a veces que reclamar un pedazo de tierra

como si fuera tuyo no es tan importante como saber

que tenés un lugar adónde ir. una ciudad que siempre

te permite volver. digo casa & quiero decir el nudo alrededor de mi cuello.

digo casa & quiero decir talismán. la ciudad donde pierdo la voz.

la ciudad que me devuelve el eco de mis palabras. digo casa

& creo que me merezco ser feliz acá aunque en realidad

nadie se merezca nada de lo que le toca.

digo casa & quiero decir esta ciudad desbordante de techos

que sostienen las plegarias. donde es delito nacer

con el lujo de un nombre y nada más. digo casa & quiero decir

lo único a lo que tenemos derecho es el pulso de nuestras

gargantas. digo casa & ni siquiera a eso me refiero. digo casa

& quiero decir algún día todo esto se lo van a devolver al mar.

ahora digo casa & quiero decir el ancho exacto de mi soledad.

quiero decir: mañana me podría ir de mi casa & escuchar

cómo se cierra detrás de mí la puerta para siempre.

*

Esto que pasa por el cuerpo es el poema.

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