jueves 29 de septiembre de 2022
Ahora

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
  • Ahora >
  • Una mirada desde la alcantarilla >
Una mirada desde la alcantarilla

Lentitud

El ritmo del agua

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Por Belén Zavallo 8 de agosto de 2022 - 11:10

Una vez llegó una mujer que no conocía a una cabaña en la que estaba con mi hija y mi madre. En sus manos traía una caña de pescar, mi hija que ya tenía quince años la tomó con la alegría de niña nueva, se fue a una orilla con pedazos de pan y lombrices, esperó mientras miró fijo los círculos que el agua abría.

Adentro de esa casita de madera, todo como en un cuento tradicional, yo hablé con esa mujer y la quise desde ese día. Oliva abrió un mediomundo de aire cuando me sentía sofocada.

El tiempo del agua, el tiempo de la pesca, el tiempo de la escritura tienen una dinámica diferente del resto del tiempo.

La escritura me ha devuelto el beso de los peces de la infancia, dice Santiago Loza en Nadadores lentos.

Nadar como escribir es suspenderse en una atmósfera que pone el peso del cuerpo en otra medida. El lenguaje empuja como dando brazadas para descubrir qué es lo que hay que decir.

Leo y releo a Viel Témperley, un poeta que fue de culto en los noventa y que hoy es icónico en la literatura argentina. En su libro Crowl los versos están dispuestos siguiendo el movimiento de las brazadas.

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis

junto al hombro del kavanagh y de cara

a la escuela de náutica

y al plátano

hacedores de fuego que me impiden

flotar con éste entre esos pocos hombres

que allá —solos y lejos con la punta

del espigón desierto—,

mecido como sábanas

y cobijando, ingrávidos,

la vida en ese extremo

de monedero roto,

de chubasco enfrentado,

desasidos de todo

piensan en el regreso:

descansan; se dan vuelta -en silencio-, y se tienden

otra vez boca abajo

con un brazo apagando los graznidos

de las gaviotas

y las alas.

Hablo poco de mi papá porque siempre hablé poco con él. Pero me enseñó a nadar y recuerdo su espalda hundiéndose delante mío en la pileta del polideportivo de Viale, su cabeza desapareciendo en el río en la playa de Hernandarias como una tortuga en fuga, su panza en una pelopincho en unos veranos que armaron en el patio de casa. Abajo del agua tampoco se escuchan las palabras, son sonidos como de ballena.

Con mis amigas nos sentábamos chinito en el fondo y jugábamos a adivinar qué palabra decíamos, aguantábamos la respiración y salíamos, la que adivinaba bajaba y nos decía otra palabra.

Un día mi hija volvió del régimen de visita que tenía con su padre, me dijo que le había empujado su cabeza debajo del agua. Era verano, en su casa había una pileta de cemento desparejo, pintada azul con lamparones de celestes de otros tiempos, hecha de forma despareja, una pileta que raspaba la piel de los pies y que pocas veces estaba limpia. Cuando volvió a buscarla le grité muchas cosas, él se rió. Mi hija nunca más quiso verlo. A las semanas unos policías me dieron un papel, decía que estaba denunciada por impedimento de contacto, yo estaba saliendo a dar un final de literatura española. En la mesa de Emmy Engo lloré y conté lo que me había pasado, después hablamos de las Coplas de Manrique a su padre: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar”.

Una pared espesa

de cetáceo y de fábrica

Me gusta el poema de Viel Témperley porque además de estar en el agua está en comunión con él mismo y con Cristo, está en las costas del yo, con la garganta de naranjas y esperando caballos.

El poema es como un sueño en el que me sumerjo igual que en la escritura. Nunca sé cuánto puedo aguantar en mis textos, ni en las lecturas, ni en la memoria que se tergiversa y dispara hacia distintas puntas como riles de un mismo muelle que se enciman y traen enganchados pedazos de algas o camalotes.

Instagram: @belenzavallo

Facebook: Belén Zavallo

Twitter: @MBelenzavallo

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar