lunes 23 de enero de 2023
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Una mirada desde la alcantarilla

Las cosas no mejoran con el tiempo

El primer libro de poemas de Manuela Mántica

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¿Qué se puede decir de un libro de poemas que nos dice todo? ¿Cómo hablar de algo contundente? y además ¿cómo despegar la amistad con quien escribe cuando lo que leemos nos invita a meternos más adentro de su historia íntima?

Las cosas no mejoran con el tiempo de Manuela Mántica es un libro que recorre los lazos sanguíneos y que como un microscopio se mete en las venas para ver dónde muta la sangre, qué río seguirá corriendo en otros brazos, dónde se obtura la lengua. Leo con prisa, no con el apuro del tiempo, con la avidez con la que agarro las cosas que me gustan: la caja de bombones en la madrugada, las papas fritas, las prendas de ropa del perchero, las piedras que brillan en la orilla, las flores de jazmín y los poemas necesarios.

Ayer abracé a mi amiga y la felicité por su primer libro, empujé a Manuela desde que la conocí para que sean más quienes disfrutaran de descubrirla. No me jacto de esto como un logro mío, sino como un mérito de ella, que leía en nuestro taller y queríamos que siguiera con la voz en alto. Pero Manu se reía, porque otra de sus insignias es jamás tomarse en serio. Un día llegó a coordinar el taller con su hermano menor, Joaquín, otro día con su madre, otro invitó amigxs, otras tardes trajo pan amasado por ella y tortas de vainilla. Perfumó la sala, abríó el tupper, dijo ellos son mi familia. Lloró escuchando a nuestros alumnxs. Nombró a Lacan y a Peri Rosi, dijo inconsciente, dijo salirnos de nosotros es necesario para entrar a la poesía.

Hace unas semanas estuvo internada con su otro hermano Fernando. Escribió sobre su operación (la de él ccomo i fuese propia) porque Manuela te presta hasta las tripas, los órganos, el pulso. Esa es mi amiga, la poeta, la chica de San Justo que llegó a Paraná a estudiar Psicología con unos anteojos en el pecho y un llavero con ganas de abrir puertas y de invitar a que pasaran muchxs.

Entro a este primer libro publicado, los otros los guarda y trabaja en minucia, como cuando abro una heladera ajena y encuentro que está lo preciso para paliar el hambre, para recibir invitados, la consternación de no saber qué es este aderezo, ni cómo usarlo, ni porqué está ahí pero qué lindo saber que es de ella. Tigres, barandas de camas cuchetas, un tornado histórico en su ciudad, el correo, las cartas que el padre cargó en el lomo, la máquina de coser, las cumbias santafesinas, el amor, los hombres mutantes, el deseo de la madre, las plantas que cultiva, la placenta pegada al río de otra ciudad.

En su libro Manuela invita a Sofía Piaf a escribir el prólogo y ella le regala un poema. Nos agradece a quienes solo fuimos testigos de la belleza de sus textos. Pudo publicarlo gracias a la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes y eligió pertenecer al catálogo de Ana editorial de Pablo Felizia. Hoy es su cumpleaños, este libro signa una celebración, los poemas retumban en estas campanas de reyes y magia.

*

La familia es la iglesia más difícil de tumbar

una misa eterna en la que todos lloran

y no hacen nada.

Ni mi madre ni mi padre son santos de mi devoción.

Me construí otros altares

y prendí la fe en otros pechos

que no piden sacrificios para amar.

Ser feliz es una exigencia innecesaria

una contractura silenciosa en la espalda

no la sentís hasta que te duele la cabeza

como una catequesis en las cervicales

la iglesia vive en todo el cuerpo.

*

Durante el tornado de San Justo

mi abuelo puso la espalda

para que no caiga la puerta encima de mi padre.

Mi abuelo no se endereza

su caballo le dibuja los pies que no tiene

cree en la bondad con una fe

que no se apaga ni con el atardecer.

A mi hermano le daba vergüenza

andar en la Ford del abuelo

ahora rogamos que nos busque

para amontonarnos en la cabina

nadie mira para adelante

todos nos detenemos en sus ojos brillosos

no son verdes pero pintan lo que miran

con el color de lo simple.

Mi hermano repite sus gestos

tiene canas como él.

Mi familia paterna huele a cal

yo pongo palabras en la mezcladora

armo casas

con la materia que me dan los sueños.

*

En mi casa hay una máquina de coser desarmada

nunca la mandé a arreglar

mi abuela me enseñó costura

lo primero que hice

fue una muñeca de trapo

no me importaba vestirla

ya sabía que a veces

la ropa nos desnuda

y la máquina nos cose a los moldes

perdí la muñeca

escribo para despegar la piel del hilo

la máquina no tiene arreglo

no todo lo que se rompe está muerto.

*

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