martes 24 de enero de 2023
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Defensa sin armas: Tamara Bolzán, la atrapadora de sueños

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Hace unos trece años conocí a Tamara, yo empezaba a trabajar en la Escuela Normal y ella ya hacía un tiempo que se desempeñaba como profesora de arte y además cubría su puesto en la zona de personal administrativo. Como yo no tenía idea del papeleo inicial después del concurso, Tamara se ofreció a ayudarme y a acomodar el horario para que las piezas de horas cátedras encastrasen como en un tetris dentro de la mañana. Siempre llegaba en bicicleta y subía el rodado al hombro por las escaleras sarmientinas de mármol. Tenía una energía luminosa, no era un remolino avasallante, era la que iba llenando los espacios con algo que se extendía desde su cabeza como las serpientes se mueven sobre la frente de Medusa, entonces en los estantes de archivos ponía frascos y empezaban a crecer potus, suculentas en tergopoles de helado que pintaba como si fuesen macetas, atrapasueños tejidos con lanas desovilladas de otras cosas. Una pequeña selva artesanal que iba armándose desde la esquina que le asignaran. Así se movió estos años en el primer piso de la Normal.

A mí siempre me llama la atención la gente con iniciativa, esas personas que vienen con un alfiler en el tobillo que las pincha y se mueven. Tamara empezó a ofrecer comida los fines de semana o pizzas casi listas para entregar los miércoles. Milanesas, empanadas, después tejía algo, recuperaba en ferias zapatos usados. Preparaba letras para el salón de actos. Subía a la escalera y colgaba el telón. Bajaba rápido y buscaba a su hijo del jardín, un gordo hermoso con los ojos claros de cielo como los de ella.

Hace unos días la vi montada a un podio en instagram. Tami ocupaba el escalón más alto: primer puesto de campeona Mundial en Jiu Jitsu. Me había contado en un pasillo este año porque la noté físicamente distinta: ¡Tami estás diosa! le dije, y me contó que entrenaba en ese arte milenario. Sabía antes que agarraba la bici y se metía en las rutas. También que regaba las plantas de su patio con el mismo entusiasmo. Siempre comparte videos familiares, Su hermano Kevin, que también trabaja en nuestra escuela como preceptor, es el capitán del equipo de softbol que salió campeón. El deporte los une más. Una sangre en efervescencia. Una pasión por hacer de la vida algo más que la rutina de trabajo.

Hoy la escuché a Tamara contando la última experiencia que le dio ese título mundial en la radio. Mentalmente la recorrí en el edificio que nos encontró y después el desplazamiento por las redes. Contó que entrena y que tiene un psicólogo deportivo que la ayuda mucho, que es mamá y que se encarga de cocinar, limpiar, criar y de trabajar para vivir; que costearon el viaje para competir vendiendo rifas y comidas, que pudieron también gracias al Club Patronato y a su entrenador. Dijo que el jiu jitsu es una disciplina que nos sirve sobre todo a las mujeres, porque es de defensa sin armas, y porque en un mundo que nos suele arrebatar el cuerpo con violencia, de ella aprendió a ser más fuerte sin usar nunca armas.

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