viernes 25 de noviembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

Invitadxs a tomar el té 

Pequeñas ceremonias y fragmentos de El viento entre los pinos de Malena Higashi

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Cuando nació Mia, la hija menor de mi hermano Tavi, volví a sentir la devoción por un bebé que no tenía desde Lola. Mis sobrinas mujeres son algo similar a mis hijas en el sentimiento aunque no incluyan los cuidados y exigencias, ser tía es un vínculo liviano que fluye con visitas que alegran y compromisos a los que asisto sin conflicto. En mi vida las nenas tienen además un encanto especial, un lenguaje que en los nenes siempre advertí más desarrollado en lo físico, en realidad son diferencias que solo puedo nombrar desde este lazo preciso con lxs hijxs de mis hermanxs, las generalidades y los modos adquiridos desde afuera nunca me interesaron, mi hija mayor creció en cuero los veranos de su infancia, igual que sus primos.

Creo que fue a partir de los dos años de Mía cuando empezamos a tener una ceremonia inalterable después que terminaba de dar clases, ella llegaba a casa con una muda de ropa y preparábamos el té en tacitas diminutas compradas en lo de Cigüeña. El juego de cerámica pintada “parecía de verdad”, ese juego que establecemos de niños con las cosas ciertas que son igual de ficticias. Nos sentábamos y adornábamos la mesita, cortábamos flores para el florero, llenábamos la tetera del tamaño de un dedal y sorbíamos el único trago que entraba en cada taza. Ella venía preparada para el “Teté”, yo para volver a la pureza del ambiente que solo los niños saben instalar sin apuro, mientras juegan.

*

Entre los fragmentos de El viento entre los pinos de Malena Higashi dice:

La ceremonia japonesa del té está hecha de códigos compartidos entre anfitrión e invitados, de todo aquello que no se dice con palabras. Mi abuela siempre dijo que es algo que lleva toda la vida aprender. Pero ¿por qué el recorrido es tan largo? ¿Qué es lo que estudiamos quienes hacemos esta práctica?

*

Wa kei sei jaku: armonía, respeto, pureza y tranquilidad. Estas fueron las primeras palabras que aprendí en relación con el camino del té. (...) La armonía es entre las personas y la naturaleza, también entre los utensilios que se eligen para preparar el té.

El respeto está entre todos los participantes de un encuentro. La pureza es del ambiente, de nuestra mente. Pero también de algunos objetos, porque al preparar el té siempre hay que purificar el recipiente que lo contiene y la cucharilla de bambú con que se sirve.

Cuando alguien explicaba los cuatro principios terminaba diciendo que "la tranquilidad es el estado natural al que se llega cuando se aplican los primeros tres".

*

Un encuentro de té tiene para mí mucho de eso: una sutileza, un gesto aparentemente sencillo que sin embargo nos acerca a percepciones profundas. Es difícil ponerlo en palabras. Por eso escribir lo que se siente y lo que se vive en una ceremonia del té es una tarea que encuentro contradictoria. (...)

Dicen que la ceremonia del té es una meditación en movimiento.

*

El cuenco raku es de apariencia rústica, irregular, y está moldeado con las manos, sin torno. Su superficie es porosa pero aun así suave. Cuando sostengo un cuenco raku siento que transmite esa sensación de haber sido moldeado, como si la mano del artesano estuviera ahí también presente. Hay algo vinculado a la naturaleza: la arcilla, el agua, el fuego. El proceso detrás de cada pieza. Su aspecto opaco, su presencia silenciosa, dan una sensación de tranquilidad. Al percibirlos, la mente se aquieta.

*

Una secuencia de té enseña a ser ordenada: se hace una cosa a la vez, un movimiento lleva al otro (...) Ichi go ichi e: un encuentro, una oportunidad. Cada momento es único e irrepetible.

*

Me gustan las ceremonias que nos disponen a adornar una mesa, a preparar algo que se compartirá, desde la pandemia el mate perdió el universo de las manos trenzándose, eso en cierto punto me pareció magnífico, pienso siempre en cosas que pueden parecerme desagradables, sorber de la misma bombilla era una de esas cosas, pero el té con las hebras de colores, los pistilos de flor, el agua tiñéndose de a poco me parecen que guardan una belleza especial. Hay un poema de Westonia Murray que compara eso con la escritura dice:

El saquito de té

Suelta su secreto

A altas temperaturas

Me podía quedar quieta

Viendo la pava hervir

Silbar unos minutos su llamado

Como en su momento oí

Mi escritura bullendo Guardada

Lo que puede permanecer

Tanto tiempo al fuego

Tiene que ser poderoso

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