sábado 4 de febrero de 2023
Ahora

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
  • Ahora >
  • Una mirada desde la alcantarilla >
Una mirada desde la alcantarilla

Hacer que lo indecible salga a la luz es un asunto político

Vengar la raza y el sexo

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

*

Hasta que Lydia Vasquez no tradujo el discurso que Annie Ernaux leyó ante la Academia Sueca no pude saber qué decía, manejar un solo idioma es una de las limitaciones que me cuestiono. De chica mi mamá me llevaba a estudiar inglés a la tarde en la casa de mi compañera Lucía, su mamá era teacher y además tenía una academia que funcionaba en las primeras salas de su casa, en la esquina del quiosco de los Pirola adonde íbamos a cada rato a compararnos golosinas y revistas. En una mesa ovalada nos sentábamos alrededor de una pizarra de fibrones y no de un pizarrón con tiza como en la escuela. Iban conmigo Miguelito, su hermana Elizabeth, Fabio y Lucía, seguro que también otros chicos que no recuerdo pero que conocía de la escuela, la iglesia o la plaza. Cuando mi hija mayor aprendió a leer y a escribir la mandé al mismo lugar con mis mismas profesoras aunque yo hubiese abandonado en los primeros niveles. Insistí en la importancia de conocer otra lengua, en las posibilidades que se abrían en su futuro y la arrastré durante cuatro años a la puerta. Lloraba la media cuadra de distancia que caminábamos desde nuestra casa o cuando la llevábamos con mamá en su auto bajaba enojada. Me decía no quiero tomar estas clases y yo hacía de cuenta que no la escuchaba. Salió como quiso: sin aprender ni una sola palabra. Igual que yo hoy también se arrepiente de no haber continuado estudiando inglés, francés, portugués, las lenguas que en la escuela también le ofrecían un mínimo acercamiento.

Para las mujeres que crecemos en ciudades chicas de provincia pensar en tener otro modo de nombrar el mundo significaba una esperanza puesta en la salida.

*

En Una mujer Annie Ernaux narra la vida de su madre y dice que siempre la vio superior a su padre porque la sentía más cercana a sus profesoras, que fue quien la impulsó a hacer de su educación una salida posible de su clase social. Hay en otra obra una escena en la que cuenta que una vez la buscaron en una combi para hacer un paseo escolar y que como era de madrugada su madre salió con el camisón. Al verla con la primera luz de la mañana reconoció la extrañeza frente a los otros de la tela con círculos oscuros de orina. Su madre que en la noche se limpiaba después de ir al retrete con su propio camisón le dio vergüenza. Esas revelaciones que van alumbrando una conciencia de clase pueden leerse en todos los libros y justifican el discurso que la autora dio ayer ante la Academia sueca que la distinguió este año con el Nóbel.

*

No se trataba de entregarme a aquel ilusorio “escribir sobre nada” de mis veinte años, sino de sumergirme en lo indecible de una memoria reprimida y de sacar a la luz la manera de existir de los míos. Escribir para entender las razones, dentro y fuera de mí, que me habían alejado de mis orígenes.

*

Necesitaba romper con el “escribir bien”, con la bella frase, esa misma que enseñaba a mis alumnos, para extirpar, exhibir y comprender el desgarro que me penetraba. Espontáneamente, emergió en mí el estruendo de una lengua que arrastraba consigo la ira y la irrisión, incluso la vulgaridad, una lengua del exceso, insurgente, a menudo utilizada por los humillados y los ofendidos, como la única forma de responder a la memoria de los desprecios, de la vergüenza y de la vergüenza de la vergüenza.

*

Así, en ese primer libro, publicado en 1974, sin que fuera entonces consciente, se encontraba definida el área en la que ubicaría mi trabajo de escritura, un área a la vez social y feminista. Vengar a mi raza y vengar a mi sexo serían una sola y misma cosa a partir de entonces.

*

La escritura se apoya en la creencia, convertida en certeza, de que un libro puede contribuir a cambiar la vida personal, a romper la soledad de las cosas soportadas y soterradas, a pensarse de manera distinta.

*

En el acto de sacar a la luz lo «indecible social», esa interiorización de las relaciones de dominación de clase y/o raza, de sexo también, que solo sienten quienes son objeto de ella, reside la posibilidad de la emancipación individual pero también colectiva. Descifrar el mundo real despojándolo de las visiones y valores que el lenguaje, cualquier lenguaje porta es perturbar el orden instituido, socavar sus jerarquías.

*

Al concederme la más alta distinción literaria existente, una gran luz ilumina mi trabajo de escritura y de investigación personal, realizado en la soledad y la duda. No me deslumbra. No considero la concesión del Premio Nobel como una victoria individual. No es orgullo ni modestia pensar que se trata, en cierto modo, de una victoria colectiva. Comparto el orgullo con quienes, de un modo u otro, desean más libertad, igualdad y dignidad para todos los seres humanos, independientemente de su sexo y su género, de su piel y su cultura. Con quienes piensan en las generaciones venideras, en la salvaguarda de una Tierra que la codicia de unos pocos sigue haciendo cada vez menos habitable para el conjunto de los pueblos.

En cuanto a la promesa que hice a los veinte años de vengar a mi raza, no sabría decir si la he cumplido. De ella, de mis antepasados, hombres y mujeres esforzados en tareas que les hicieron morir pronto, recibí la fuerza y la rabia suficientes para tener el deseo y la ambición de hacerle un sitio en la literatura, en ese conjunto de voces múltiples que, muy pronto, me acompañaron permitiéndome el acceso a otros mundos y a otros pensamientos, incluido el de rebelarme contra ella y querer modificarla. Para inscribir mi voz de mujer y de tránsfuga social en lo que se presenta siempre como un lugar de emancipación, la literatura.

Traducción de Lydia Vázquez Jiménez, traductora de Annie Ernaux en Cabaret Voltaire.

Para seguir a Belén Zavallo en redes sociales:

Instagram: @belenzavallo

Facebook: Belén Zavallo

Twitter: @MBelenzavallo

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar