martes 29 de noviembre de 2022
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Una mirada desde la alcantarilla

Día de todos los muertos

La infancia que perdura

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Cosas que me pasaron durante la infancia me están sucediendo recién ahora, decía Calveyra, el poeta entrerriano.

Cuando éramos chicas, el Día de todos los Santos significaba para nosotras la antesala al cumpleaños de Sandra que coincidía con el feriado por el Día de todos los muertos. Muchxs de nuestrxs amigxs, iban antes de llegar a la fiesta al cementerio de Viale. Yo no tenía ningún pariente en la ciudad en la que crecí, porque los padres de mi madre y mis tíos vivieron siempre en Paraná. Mi mamá y mi padre salieron de Paraná apenas casados a Seguí primero, porque abría una sucursal del Banco de Entre Ríos, siempre me contaron lo horrible que fue para ellos llegar a un pueblo sin nada, recién salidos de la capital de provincia, el encuentro con las calles de tierra, los patios con alambrados, los escasos colectivos que había para poder visitar a sus familiares y una fauna montaraz fueron un paisaje hostil en su historia. Algo de eso volvió a repetirse cuando llegaron a Viale, pero el relato traumático estuvo más cerca de la boca que me habló siempre: la de mi madre. Hijos nuevos que le nacían y que ella criaba sola, papá trabajaba todo el día, ella también pero en la casa, y eso que antes significaba un disfraz de comodidad para la mujer. Nada más lejano a las concepciones que por suerte hoy vamos, a fuerza de insistir con la lengua, haciendo visible. Pero el Día de los muertos mis compañerxs contaban que se habían cruzado en el cementerio o que los padres estaban ahí por sus bisabuelos. Después teníamos la fiesta de Sandra.

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El primer día que entré a jardín nos sentamos juntas ella, Gisela, Lucía y yo. Durante los siete años siguientes de primaria alternamos sentándonos la mayor parte del año: Gisela con Lucía y Sandra conmigo. Somos hasta hoy amigas y mantenemos una conversación perpetua por whatsapp, desparramadas en Buenos Aires, Santa Fe y Paraná. Somos más que las cuatro de jardín pero Sandra es la que siempre activa los días con un canto. Tiene la alegría en la voz, y aunque no sea Shakira, todas la escuchamos y nos dejamos contagiar.

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Hace poco vi una mujer que temblaba permanentemente, estaba por almorzar y me acordé de su abuela. Le escribí la pregunta: “San, tu abuela que vivía frente a la loca C.M. ¿tenía Parkinson?” Ella me respondíó enseguida con la misma confianza que nos contestábamos compartiendo banco en la escuela sobre temas random que surgían de la nada. “Sí, Bele”. Y me habló con mucha dulzura de esa mujer siempre vieja en mi recuerdo con un patio lleno de sol en el que algunas tardes corrimos como cazando mariposas.

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Cuando cursábamos cuarto año de la secundaria, después de unos giros en su vida por otras ciudades, porque además de alegre Sandra es hermosa y fue modelo pero no podía crecer en una ciudad demasiado chica y aplastante para una chica y más en esa época, Sandra quedó embarazada de Alejito. En una de las horas de clase, la tía del bebé se lo acercaba a la sala de profesores y ella salía a amamantarlo. En quinto tuvimos nuestra recepción y hubo como un estallido de mercurio en el que todas salimos disparadas a distintos lugares. También es cierto que siempre que nos encontramos volvemos a formar parte de mismo. Repetimos las frases de nuestra lengua común, las parejas que no nos conocieron de antes, se asombran de quiénes empezamos a ser cuando nos juntamos. Ocasionamos sin querer el extrañamiento frente a mujeres que vuelven a ser niñas de una misma escuela, que se conocen las cicatrices de las rodillas por caídas en la plaza, que recuerdan con nostalgia tardes con frío escapadas de clase preparando tortas fritas y largos atardeceres con la piel ardida de sol.

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Saer creo que decía La infancia es el solo país, como una lluvia primera, de la que nunca, enteramente, nos secamos.

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Siempre pienso más en los vivos que en los muertos, en el sentido más vital que en lo fúnebre, hay como un agarre necesario en las caras que nos hacen recuperar el pálpito. Como cada fecha importante, hoy Sandra mandó audio con su voz festiva, un tono entrerriano que no se pierde, como un sapucay tecnologizado.

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