viernes 27 de enero de 2023
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Una mirada desde la alcantarilla

Casita de madera

El viento entre las tablas

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Por Belén Zavallo

Cuando era chica mi hermana solía contarme Los tres chanchitos y el lobo, como siempre los relataba tenía distintas versiones, siempre la escuché atenta, hasta hoy me encanta la forma que tiene para contarme cosas, me atrapa y divierte, Cari es dispersa, entre medio de la trama incorpora cosas cotidianas, nombres de vecinos, cosas que entendemos solo nosotras. Me gustaba pensar en casas de distintas formas, fabricadas con distintos elementos. En Hansel y Gretel la bruja vivía entre paredes de chocolate, ese era mi sueño, creo que aún lo conservo si no fuera una obsesiva por la limpieza y el orden, disfrutaría de acostarme en una cama hecha de caramelos, morder un bocado de almohada rellena de avellana, no levantarme más sigilosa hasta los rincones donde me escondo a mí misma las golosinas. Algunos días de verano, duermo en una casa hecha de madera y el viento se filtra entre las tablas, todo anuncia un movimiento, dentro y fuera nada queda sin magnificarse. La cabaña tiene un piso intermedio, cuando alguien sube la escalera desde abajo se escucha como si una tropilla de búfalos pasara por nuestras cabezas. Me sirve para entretener a Francisca, advertirle “hacé caso que ahí anda el monstruo” y cosas así que nos divierten a ambas. Anoche el viento parecía revolcar la casa de madera, en la oscuridad imaginé que había relámpagos, sonidos afónicos que no podía asignar a un elemento concreto pero cuando abrí las ventanas sólo unas nubes tropezaban en el cielo, después de a poco la luz se tornó gris como un agua estancada. Miré las copas de los álamos dando latigazos a los pájaros, las palmeras desflecadas que se desparraman con algas, los sauces cayendo más al fondo. Pensé en las peleas imaginarias, en cuando me disgusto con alguien que quiero y cómo me dejo azotar por los inventos de mi enojo que también me sacude, después de unas palabras se rompe la tormenta interna como una burbuja de jabón. Nunca puedo contener mis fantasías, he visto, me he visto, en situaciones extremas, delirantes que se deshacen en dos parpadeos como se sopla un diente de león. Panadero tres deseos y el sol en la ventana.

*

Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.

Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

*

Siempre me gustaron esos poemas de Pizarnik que nombran al viento porque no es un vacío, sino un aire espeso lleno de textura. Un cuerpo enjaulado hecho de aire que empuja sin salidas posibles.

*

Ayer caminé con agobio, las piernas empezaron a separarse y fui mi propia burla de la caminata de embarazadas. Siempre me causó gracia la exageración del cuerpo gestando, hay muchos videos ahora en las redes con esas parodias, pero ayer después de una docena de contracciones me vi desde afuera con el paso del péndulo.

*

¿Qué es el cuerpo sino una casa, un cimiento siempre en fuga, los andamios con hijos colgados como albañiles?

*

Cada vez que giro el cuello, cruje una vértebra. Mi hermana me reta, ahora su hija hace lo mismo. Antes sonábamos las mentiras de los dedos. Jugábamos a ver quién escondía más secretos entre las articulaciones.

*

Estoy sola en la cabaña y la madera descalza el calor de los días pasados.

*

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