lunes 20 de marzo de 2023
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Una mirada desde la alcantarilla

8M

La poesía no es un lujo.

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Por Belén Zavallo

Hay un ensayo de Audre Lorde que se llama La hermana extranjera en el que la poeta y militante feminista, antiracista, afroamericana y lesbiana dice: “El ámbito de poder que cada mujer posee en su interior no es blanco ni superficial; es oscuro, vetusto y profundo.” Escribimos para arrojar un poco de entendimiento sobre aquello que nos arrincona en sombras.

Lorde que soportó la violencia homofóbica, racista, misógina desde su propia familia, cortó los lazos desde muy joven y buscó en distintas comunidades feministas el espacio necesario para no mutilar partes de su propia identidad. Lo que me interesa es cómo entendió el discurso poético, porque siempre (hasta hoy) quieren decirnos que las mujeres que escribimos poesía lo hacemos como para pasar el tiempo y adornar el lenguaje, a esto ella afirma que:

“Para las mujeres, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital. Ella define la calidad de la luz bajo la cual formulamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia y cambio, que se plasman primero en palabras, después en ideas y, por fin, en una acción más tangible. La poesía es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre para convertirlo en objeto del pensamiento.

Los más amplios horizontes de nuestras esperanzas y miedos están empedrados con nuestros poemas, labrados en la roca de las experiencias cotidianas.”

Y esta postura, la de cargar el poema de potencia, de hacerlo no sólo un artefacto estético sino también que pueda ocupar con el lenguaje un espacio político, se puede leer en uno de sus poemas más conocidos que se titula Letanía de la supervivencia:

Para las que vivimos en la orilla

paradas sobre el borde constante de la

decisión

cruciales y solas

para las que no nos podemos permitir

los sueños pasajeros de la elección

las que amamos en los umbrales yendo y

viniendo

en las horas entre los amaneceres

mirando hacia dentro y hacia fuera

al mismo tiempo antes y después

buscando un ahora que pueda engendrar

futuros

como el pan en la boca de nuestros hijos

para que sus sueños no reflejen

la muerte de los nuestros;

para las que

fuimos marcadas por el miedo

como una suave linea en el medio de

nuestras frentes

aprendiendo a tener miedo con la leche

de nuestra madre

porque con esta arma,

la ilusión de poder encontrar más

seguridad,

los torpes esperaban silenciarnos.

Para todas nosotras

este instante y este triunfo

no se suponía que íbamos a sobrevivir.

Y cuando el sol sale tenemos miedo

de que no permanezca ahí

cuando el sol se pone tenemos miedo

de que tal vez no salga en la mañana

cuando nuestros estómagos están llenos

tenemos miedo

de la indigestión

cuando nuestros estómagos están vacíos

tenemos miedo

de nunca volver a comer

cuando nos aman tenemos miedo

de que el amor desaparezca

cuando estamos solas tenemos miedo

de que nunca vuelva el amor

y cuando hablamos tenemos miedo

de que nuestras palabras no se escuchen

ni sean bienvenidas

pero cuando estamos calladas

todavía tenemos miedo.

Así que es mejor hablar

recordando

no se suponía que íbamos a sobrevivir.

En nuestra tradición literaria, tenemos el eco siempre presente de Alfonsina Storni, que también por ser madre soltera y estar entonces señalada como una loba entre las mismas mujeres de la época escribe:

Yo soy como la loba.

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,

Que no pude ser como las otras, casta de buey

Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza!

Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

Mirad cómo se ríen y cómo me señalan

Porque lo digo así: (Las ovejitas balan

Porque ven que una loba ha entrado en el corral

Y saben que las lobas vienen del matorral).

¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!

No temáis a la loba, ella no os hará daño.

Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos

¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!

No os robará la loba al pastor, no os inquietéis;

Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis

Pero sin fundamento, que no sabe robar

Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!

Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta

De ver cómo al llegar el rebaño se asusta,

Y cómo disimula con risas su temor

Bosquejando en el gesto un extraño escozor...

Id si acaso podéis frente a frente a la loba

Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba

Conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor...

¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!

Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!

No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños

Por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha

No sabréis defenderos, moriréis en la brecha.

Yo soy como la loba. Ando sola y me río

Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío

Donde quiera que sea, que yo tengo una mano

Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.

La que pueda seguirme que se venga conmigo.

Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,

La vida, y no temo su arrebato fatal

Porque tengo en la mano siempre pronto un puñal.

El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!

Aquello que me llame más pronto a la pelea.

A veces la ilusión de un capullo de amor

Que yo sé malograr antes que se haga flor.

Yo soy como la loba,

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.

La palabra es un arma, por eso conviene siempre mantener el silencio, por eso “el amo”, como lo menciona Lorde, impone su discurso. Hace pocos días Leila Guerriero cerró una columna con una cita: “Las mujeres que maltratan a las mujeres merecen un lugar especial en el infierno”. Siempre pienso que si entre nosotras hacemos fuerza desde los dientes para romper con lo que se espera, las mujeres nos hacemos más poderosas.

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