Hay un poema de Roberta Inannamico que se llama Las cosas, pienso en los versos mientras miro mi mesa de luz. Me siento enferma desde hace unos días y en el transcurso de estas horas se han ido apilando cajas de remedios, vasos, servilletas. Cosas que no llegan solas y que son necesarias para estar mejor.

Siempre con las cosas

la ropa

los platos

los huevos duros

el agua de la canilla

los juguetes tirados

lo caliente

lo frío

lo suave

lo pesado

las cosas que entran

en una mano

eso es lo que tengo

para armar un mundo.

En la guardia, la médica llega y me pide barbijo. No tengo y estoy doblada del malestar. Vienen arcadas como olas que se levantan y me quiebran. Me revisa y sentencia a quedarme internada. No puedo, le digo. Y me largo a llorar, con lágrimas gordas. Desde que nació Francisca hace dos años nunca dejamos de estar juntas, nunca durmió con otra persona que no fuese yo. Le digo que no tengo quién se quede con mi hija. Me pide que firme un rechazo escrito con mi puño y letra. Tengo el cuerpo débil pero el trazo firme. Una enfermera joven me inclina e inyecta algo que me hace sacudir la pierna, el gusto metálico sube a mi boca.

*

Primero es como si la cabeza quedara chica y adentro le creciera un hongo que se hincha y hace crujir las paredes craneales. Después viene el rayo que bajo con electricidad. El ojo izquierdo es como si lo hubiesen sacado y se sintiera todo el hueso vacío como una rueda de tuétano. Tengo migrañas y no puedo pensar. Tengo cosas que ordenar pero la puntada vuelve al ombligo, me doblo y hago chiquita.

*

Cuando levantábamos las baldosas rotas encontrábamos bichos bolitas, musgo, tierra tierna y bien negra, brotes de cosas que no encontraban luz. Los abríamos con palitos y los bichos desplegaban sus patas y caminaban perdidos. El sol les dolía en el lomo. A nosotros las sombras de las prendas colgadas encima nos aliviaban del calor. Apago las luces, cierro las ventanas, ni ruidos, ni la voz dentro mío. Nada que haga resplandecer el dolor.

*

Las palabras también se extravían cuando el cuerpo está con la baldosa encima. El lenguaje quiere decir agua y encuentra la piedra.

*

Mamá descolgaba las sábanas, me daba las puntas, caminaba hacia alentar y hacia atrás y volvía a cambiar las puntas en mis manos y en las suyas. Bailábamos una coreografía con olor a jabón, a su piel limpia de agua. Cuando estaba enferma revolvía la seven up y me daba cucharas. Acercaba su cara como ahora mismo hija que me mira para encontrar dónde estoy. Son pocas las cosas con las que armamos el mundo: un par de recuerdos, las manos que acomodan las pastillas y los horarios de las tomas, el cuidado necesario para que una casa no se caiga.

Para seguir a Belén Zavallo en redes sociales:

Instagram: @belenzavallo

Facebook: Belén Zavallo

Twitter: @MBelenzavallo

Comentá y expresate

Lo último

Encuesta

¿Estás de acuerdo con que el horario de cursado se extienda una hora?

52.19% Si, estoy de acuerdo
47.81% No estoy de acuerdo
Total 6538 votos

Las Más Leídas