La historia del soldado ucraniano que fue detenido en el baúl del auto de un empresario santafesino, dueño de la armería La Escondida, tiene un nuevo capítulo.

Víctor Melnykviajaba desde Corrientes a Rosario, escondido en el baúl de un Chevrolet Corsa. Juan Manuel Clucellas, el empresario santafesino, manejaba el auto de regreso a Santa Fe desde la cabaña Don Quico en Itá Ibaté. El vehículo era del dueño del predio turístico ubicado sobre la ribera correntina, que también es oriundo de Santa Fe.

Este martes, efectivos del escuadrón 47 de Gendarmería, por orden del Juzgado Federal Nº2 de San Martín, provincia de Buenos Aires, incautaron más de 900 kilos de marihuana y armas de guerra muy sofisticadas–como un subfusil calibre 22– en la cabaña Don Quico, donde fueron detenidas cinco personas, entre ellas, Raúl Enrique Soperez, quien sería el titular del Chevrolet Corsa donde viajaba oculto a principios de setiembre el exsoldado ucraniano.

La investigación de la Justicia Federal de Buenos Aires, según fuentes judiciales, lleva más de dos años. La sospecha es que en ese complejo turístico operaba una organización narcocriminal que vendía armas a Paraguay y recibía estupefacientes, como cocaína y marihuana como parte de pago.

Este nuevo capítulo deja al descubierto que hay muchas casualidades o que hay relación y vínculos entre todos los protagonistas.

Más allá de todos los condimentos de esta historia, hay otro. El 20 de enero pasado, cuando la ministra de Seguridad Sabina Frederic hizo su primera visita Corrientes, en Itá Ibaté, se acercó un supuesto activista ambiental que le exigió a la funcionaria nacional que instrumente políticas contra el narcotráfico. “La frontera sigue siendo un colador”, decía un cartel que portaba Soperez, que fue detenido ayer por efectivos de Gendarmería.

El dueño de Don Quico fue apresado junto a otras cuatro personas. El operativo que hizo Gendarmería comenzó con el seguimientoa una camioneta Ford F100 que llevaba una carga de bolsas de carbón.

La camioneta fue interceptada en la ruta 118, a la altura de la localidad de Loreto. Un VW Gol iba delante de la camioneta, como “puntero”. También fue detenido el conductor del auto. Se secuestraron 553 kilos de marihuana disimuladas en las bolsas de carbón.

En la cabaña Don Quico se incautaron luego otros 400 kilos de marihuana y se secuestraron siete lanchas, cinco vehículos y armas de guerra, entre ellas, un subfusil calibre 22.

La conexiónde la historia del secuestro de la droga con la del ucraniano escondido en el baúl es a través de otro protagonista: Juan Manuel Clucellas, quien conducía el Chevrolet Corsa el 3 de setiembre pasado, cuando la policía detuvo al vehículo en Paso Telégrafo, el límite entre Corrientes y Entre Ríos.

En su declaración ante el juzgado federal de Paraná, a cargo de Leonardo Ríos, Clucellas dijo que había viajado a Corrientes y se había alojado en la cabaña Don Quico. Dijo que el dueño Raúl Soperez era “pariente” y “amigo”. Le pidió el Chevrolet Corsa al dueño (Raúl Soperez) para regresar a Santa Fe el 3 de setiembre, algo que no tenía mucho sentido en la historia. ¿Por qué no lo hacía en su camioneta?

Soperez también es oriundo de la ciudad Santa Fe, y desde hace tiempo montó en Itá Ibaté, en un terreno familiar, un complejo turístico al que concurren turistas extranjeros.

El dueño de la armería La Escondida declaró que se había ido a pescar a Corrientes. Pero que no pudo lanzar la caña en las cabañas Don Quico, porque su amigo (el dueño) le dijo que podía comprometerlo. Estaba prohibida la pesca por la cuarentena.

“El lunes fui a Itá Ibaté, a las cabañas Don Quico que son de un amigo y pariente. Mi amigo me dijo que lo iba a comprometer porque estaban cruzando un montón de paraguayos a cobrar el IFE. Así que me quedé esperando y el martes y el miércoles me vine (para Santa Fe)”, contó a los investigadores, según pudo averiguar Aire de Santa Fe.

El empresario de 46 años aseguró que cuando regresaba a Santa Fe, luego de recorrer unos 25 kilómetros, vio a un hombre haciendo dedo en la ruta. “Para no venir solo, yo venía en el Corsita, le dije que suba”, relató. En ese momento Clucellas dijo que le sintió una "tonada extraña". El gigante ucraniano se sentó en el asiento del acompañante. Le contó al dueño de La Escondida, según su relato, que “la mujer tenía un gran problema, que estaba por tener familia en Rosario". "Le pedí si tenía papeles y me mostró que tenía placa oficial, que podía circular", explicó. Clucellas describió que fueron pasando todos los controles policiales sin mayores problemas.

Melnyk no tenía ninguna placa oficial. Sólo llevaba un permiso de residencia otorgado en Málaga, España, que había vencido el 31 de julio pasado. Un carnet de conducir de España que vence el 17 de enero de 2022 y una extraña identificación como “teniente” de los "Reales Tercios de España", cuya fecha es del 15 de marzo de 2019.

Los Reales Tercios de Españason –según publicó el diario El País– “una organización paramilitar a cuyo frente se encuentran personas que tratan de constituirse en salvaguarda de la monarquía”. Es como una especie de logia, integrada en su mayoría por militares.

“Íbamos llegando a Entre Ríos. Llamé al puesto porque conozco a gente de allá. Llamé a un amigo policía y le dije que avise que iba a pasar con un auto que no tengo permisoy le di los datos de la chapa patente. Así que cuando vamos llegando le digo a mi acompañante la situación, le digo que nos iban a parar, y me insistía que quería llegar, me mostraba que la mujer había roto bolsa, y le decía que no nos iba a pasar nada porque yo ando cazando siempre por la zona”, declaró Clucellas de manera bastante contradictoria.

Aún más extraño es lo que ocurrió después. “Entonces él me dijo que se metía en el baúl. Me decía que estaba dispuesto a hacer 1700 kilómetros en el baúl con tal de llegar a ver a la hija. Le dije que se meta total no iba a pasar nada”, aclaró el empresario. Cuando llegaron en el Corsa gris al control de Paso Telégrafo, cerca de La Paz, los paró el control caminero. “Le dije que llevaba un ciervo, pero se ve que se notó que el baúl estaba cargado”. Nada menos que dentro del baúl había un ucraniano de unos 150 kilos y más de 1.90 de altura.

Otro capítulo raro de esta historia es que el ucraniano admitió haber entrado a la Argentina de manera ilegal desde Paraguay. Y probablemente a ese país también ingresó de forma clandestina proveniente de Brasil. Pero Melnyk aseguró, a su vez, que tiene domicilio en avenida Francia en Rosario, donde está su pareja. El argumento que dio a la justicia es que cruzó de manera ilegal para poder estar en el nacimiento de su hija en Rosario.

Declaró que “actualmente es empresario y tiene apoyo porque trabaja para el Reino de España. Es funcionario de seguridad y representante en Latinoamérica. Empresario y accionista en la empresa, con intenciones de presentarla ante el Ministerio de Economía de Argentina, ya que va por todo el continente, su fábrica produce maquinarias para destilar el agua de mar”.

En la historia ocurrió otro misterio. Dos semanas después de estar detenido, el exsoldado ucraciano recordó que había guardado su pasaporteen la guantera. En una requisa pedida por su abogado encontraron finalmente esa documentación en el auto que estaba retenido en Paso Telégrafo. Melnik fue liberado y regresó a Rosario, con su pareja y su bebé. Contó a los medios de Rosario que todo lo “había hecho por amor”.

Ahora se secuestraron armas y un cargamento de marihuana. La historia parece que recién comienza.

Fuente: Aire de Santa Fe

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