"Tronarse los dedos", esa nociva costumbre de sacarse las mentiras

Por María José Armándola - Lic. en Kinesiología y Fisiatría - (Mat. 939)

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, dicen. Pero por mucho que caminemos los recuerdos nos acompañarán como nuestra propia sombra y recorrerán la vida junto a nosotras. Convivir con ellos en forma genuina es un rasgo de equilibrio y permite proyectarnos en paz. En el espacio que nace de la intersección de nuestro pasado y la convivencia genuina con el futuro que queremos, debemos vivir cada día; y si lo llenamos de armonía, quizá estemos en lo más parecido a la felicidad que podamos alcanzar.

Si alguno de ustedes, queridos lectores, dijera que nunca jugó a tronarse o crujirse los dedos para sacarse las mentiras, seguramente es porque no lo recuerda. Todos lo hicimos.

En mi caso, solía practicarlo de niña estimulada por mi amiga Paula, con quien pasaba muchas de las horas de mi inocente infancia. Ella comenzaba a estrujar sus dedos convencida que así “se sacaba las mentiras”. Y entonces yo la imitaba. En los primeros intentos se escuchaban los crujidos de los dedos y ambas nos reíamos; pero luego debía estirarlos y esforzarlos mucho más para lograr el mismo resultado. Era allí donde aparecía mi madre y nos explicaba que ese juego podía guardar consecuencias que aún no estábamos en condiciones de advertir.

Cuando llegaba mi padre a casa yo corría a buscar su cobijo y complicidad. Me acariciaba el cabello con ternura y me decía que mamá tenía razón, que “los deditos eran muy sensibles y si no los cuidaba, de grande me podían hacer doler”.

Él ejercía la medicina e irradiaba sobre mí una influencia inmensa, generaba un respeto oceánico basado en su sabiduría y paz. Su palabra era santa. “Sacarnos las mentiras” era algo que sólo dejábamos para episodios muy aislados.

Aunque nosotras no lo supiéramos, y mis padres no nos lo dijeran, se escondía un fundamento científico detrás del consejo, que yo comprendí muchos años después, cuando abracé esta maravillosa carrera de la kinesiología.

Si pasara con mis hijos, en el futuro, seguramente reproduciría sus conductas, poniendo el énfasis en la prevención. Y eso les recomiendo a todos los padres, porque aunque parezca una miscelánea de un pasado nostálgico y las travesuras de niño, puede tener consecuencias no deseadas.

Pero dejemos estos recuerdos melancólicos e introduzcámonos en la medicina científica, en honor al querido recuerdo de mi padre.

Fundamentos

Digamos inicialmente que, la mayoría de las veces, si hacemos crujir los dedos estirándolos hacia atrás, o empujándolos con la otra mano se producirá un inconfundible sonido. Ahora bien, esta acción no quitará ninguna mentira de nuestra alma, y probablemente nos haga más daño de lo que creemos.

El sonido se produce porque el espacio entre las articulaciones se agranda y hace que los gases disueltos en el líquido sinovial –que cubre a la articulación- formen burbujas microscópicas. De este modo, cuando se crujen los dedos la cápsula de líquido se dilata, disminuyendo la presión y la solubilidad de los gases de su interior. Así, estas bolsas de gas explotan dentro de la cápsula de líquido sinovial, produciendo el sonido del crujido.

Entonces, la explicación técnica - científica es que esas burbujas se unen para formar otras más grandes que son entonces reventadas por el fluido adicional que entra para llenar el espacio aumentado.

Es harto común que muchas personas tienen por costumbre tronarse los dedos, una práctica que, en ocasiones, se realiza de forma inconsciente por una situación de nervios o estrés o, simplemente, por la necesidad de “liberar” las articulaciones de las manos o los pies.

Chasquear los dedos provoca diferentes reacciones en las personas. Algunas hacen gestos de dolor, otras ni se inmutan, e incluso hay quienes lo realizan frecuentemente como un hábito. Pero en el resto de las personas “quitarse las mentiras” puede ser visto con desagrado. Algunos más firmes en sus conceptos lanzan la advertencia que puede provocar osteoartritis. Nosotros, desde el Centro de Kinesiología y Estética Armándola (CKEA) queremos ser objetivos en las apreciaciones y le mostramos todo lo que se conoce en la materia y, como siempre, si siente alguna dolencia en sus manos, recomendamos consultar a su médico personal.

Dudas y certezas

Debemos convenir, entonces, que hacer crujir las articulaciones de forma esporádica no es perjudicial. Sin embargo, repetir el mismo gesto de manera frecuente para hacer crujir los dedos de las manos o los pies puede provocar efectos a medio y largo plazo. Estos efectos pueden provocar lesiones en las estructuras de los ligamentos o los tendones, así como un desgaste articular. Sin embargo, no se ha demostrado ningún indicio de que esta costumbre predisponga a sufrir artritis. Por otro lado, si se tiene la necesidad de crujir los dedos para sentir alivio tras el chasquido, puede ser debido a algún problema anterior.

Tiempo atrás, el prestigioso diario El Comercio, editado en Santiago de Chile, ha abordado este tema y con asesoramiento profesional asegura que hasta el momento no hay evidencia científica que compruebe que sea antesala de la artritis. Este tema de los crujidos no ha sido objeto de exhaustivos análisis por la comunidad científica. Aunque sí se han publicado estudios que dan cuenta de este hábito. Quizás uno de los más conocidos es la investigación que se ganó el Ig Nobel en 2009 (premios alternativos a trabajos científicos poco convencionales).

Durante más de 60 años, el médico estadounidense Donald Unger se tronó los dedos de su mano izquierda al menos dos veces al día. Contrariamente, nunca lo hizo con los de la derecha. ¿Su conclusión? “Examino mis dedos y no hay ni un rastro de artritis en ninguna mano”, aseguró el profesional.

En un estudio más amplio llevado a cabo en Detroit, EE.UU., los investigadores examinaron las manos de 300 personas de más de 45 años de edad. Los que habían tenido el hábito de hacer crujir sus dedos parecían tener un agarre menos fuerte y 84% de ellos mostraban hinchazones en sus manos. Los autores -siempre citando a la fuente chilena- recomendaron disuadir a quienes gustan de tronarse los dedos. Sin embargo, ante la pregunta crucial de si los que se suenan los dedos sufren más de osteoartritis, la respuesta fue no.

El estudio más reciente, publicado el año 2013, es el más abarcador hasta al momento, porque investigó no sólo si las personas hacían sonar sus nudillos, sino también la frecuencia en que lo hacen. De hecho, no había ninguna distinción en la prevalencia de la osteoartritis entre quienes sí chasqueaban sus nudillos y los que no.

En CKEA creemos que si el crujir de los dedos viene dado por una situación de nervios o ansiedad, es recomendable tomar medidas al respecto y aprender a controlar esas situaciones de otra forma. Se puede recurrir, por ejemplo, a la relajación mental a través de la respiración. Existen otros tratamientos holísticos que podrían ser de su ayuda en esos momentos.

Debemos finalizar diciendo que la mentira es un rasgo de la personalidad atávica de los hombres, que lo diferencia del reino animal ya que si bien muchas especies apelan al engaño para sobrevivir, no es posible para ellas realizar el complejo procedimiento de falsear un hecho. De modo que no será tronándose los dedos como nos las quitaremos de nuestras conciencias.

Quiero despedirme evocando ese recuerdo familiar que me viene a la mente como un torbellino, y reivindicando la figura de mi padre y de todas aquellas que impiden que sus hijos practiquen esta cuestionable actitud. Debemos enseñarles desde muy chicos a convivir y crecer con un cuerpo sano y saludable. Siempre será mejor prevenir que lamentar.

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