La gente hace cualquier cosa. Pero no se puede publicar cualquier cosa. Por eso, las redes sociales en las que se comparten fotos y videos tienen políticas restrictivas, en las que cumplen un rol fundamental los “moderadores”, personas que certifican si las publicaciones cumplen las reglas establecidas.

Es que hay muchas cosas horribles que claramente infringen las pautas de gusto y decencia de los sitios web. Los “moderadores” las ven y no sin costos personales.

Por caso, Shawn Speagle trabajó como moderador de contenido en línea durante seis meses en 2018. Y la experiencia, contó a la BBC, resultó traumática.

“Uno de los primeros videos que recuerdo haber visto fue cuando dos adolescentes agarraron una iguana por la cola y la estrellaron contra el pavimento mientras una tercera persona los filmaba. La iguana gritaba y los niños simplemente no pararon hasta que la iguana quedó aplastada en el piso”, recordó.

Y más: “He visto a gente ponerle fuegos artificiales en la boca de un perro y cerrársela con cinta adhesiva. He visto videos de canibalismo, he visto videos de propaganda de terrorismo”. Y dictamina: “Mi trabajo me hizo aborrecer a la humanidad”.

Shawn había sido empleado por una compañía llamada Cognizant en Florida que tenía un contrato con Facebook.

Hay cientos de miles de moderadores en todo el mundo que ayudan a las empresas a eliminar contenido perturbador, desde videos de suicidio y asesinato hasta teorías de conspiración y discursos de odio.

Shawn decidió hablar, a pesar de haber firmado un acuerdo de confidencialidad, una práctica estándar en la industria.

Esos acuerdos también están destinados a evitar que los contratistas compartan la información personal de los usuarios de Facebook con el mundo exterior, en un momento de intenso escrutinio sobre la privacidad de los datos.

Pero Shawn cree que las políticas de moderación de Facebook deberían discutirse abiertamente, porque el personal termina viendo contenido perturbador que a menudo queda sin modificarse en la plataforma.

En cuanto a los costos personales, recordó: “Sentí que era un zombie en mi asiento. Realmente te afecta porque no tengo ese síndrome de transeúnte, así que no me siento bien solo viendo ese sufrimiento y no contribuyendo de ninguna manera para evitarlo”.

Fuente: Rosario 3.

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