* Por Dr. Martín Blettler (Biólogo, Investigador del CONICET)

Recientemente, los plásticos “biodegradables” y “compostables” se han presentado como la solución definitiva a la expansión descontrolada de los residuos plásticos. Esta pretendida solución se basa en el concepto de no reducir su consumo desmedido, si no de aminorar el impacto de éste. ¿Pero es esto realmente así?, ¿son ciertamente la solución decisiva o representan un paliativo en la búsqueda de ésta?

Conceptos básicos

Los términos biodegradable y compostable hacen referencia al tiempo y condiciones de degradación. Ambos polímeros (plásticos) biodegradables y compostables se descomponen por la acción de microorganismos (bacterias, hongos y algas). Sin embargo, los compostables lo hacen a una velocidad igual a materiales naturales tales como hojas y trozos de madera. Los plásticos compostables siempre son biodegradable, pero los biodegradables no necesariamente son compostables. Parece sutil, pero lo importante es que ambos deberán gestionarse de manera diferente por parte de las empresas de tratamiento de residuos o municipios. Es decir, ambos requieren un manejo y tratamiento diferencial. Definitivamente, no pueden ser abandonados directamente en los ambientes naturales en ningún caso.

Un ejemplo de plástico compostable es el ácido poliláctico o poliácido láctico (PLA), que generalmente se utiliza para fabricar cubiertos, platos y vasos descartables. Sin embargo, para que el PLA se degrade completamente (esto es, transformarse en humus), requiere de una planta de compostaje y tratamiento operando bajo condiciones particulares. Una planta de compostaje industrial proporciona el equilibrio necesario de calor (alrededor de 60°C), humedad, aire y microorganismos para compostar eficientemente desechos como el PLA. Sin embargo, éstas no son condiciones que puedan garantizarse en ambientes naturales, donde finalmente los plásticos van a parar: ríos y arroyos urbanos.

Estudios científicos desmitifican la panacea del plástico biodegradable

Estudios recientes han revelado que bolsas de plástico supuestamente biodegradables siguen intactas después de varios años en el mar o, incluso, enterradas bajo tierra. Los autores del estudio, Imogen Napper y Richard Thompson, reconocidos científicos de la Universidad de Plymouth (Reino Unido), testearon bolsas compostables, biodegradables y convencionales en tres ambientes naturales diferentes: enterradas en el suelo, al aire libre (expuestas al aire y a la luz solar) y sumergidas en el mar. Luego de tres años, ninguna de las bolsas se degradó por completo en todos los ambientes probados. En particular, la bolsa biodegradable sobrevivió en el suelo y el mar casi intacta.

Esto puede resultar una sorpresa, pero la realidad es que el plástico biodegradable aún no cumple con todas nuestras expectativas.

Según el mismo estudio, cuando los plásticos biodegradables o compostables se filtran al medio ambiente como basura pueden ser tan nocivos como los plásticos originales derivados de combustibles fósiles.

Es también cierto que existen evidencias que sugieren que la producción de plásticos a partir de vegetales tiene un impacto ambiental reducido, en comparación con la producción a partir de petróleo crudo. Pero, como se ha visto con los biocombustibles, esto plantea nuevos problemas y disyuntivas debido al uso de la tierra (que de otro modo podrían estar produciendo alimentarios para consumo humano).

Es probable que la tecnología de los plásticos biodegradables y compostables mejore a medida que se desarrollen nuevos procesos industriales y tecnológicos. Pero, por el momento, la solución conclusiva de la contaminación plástica gira en torno a un hecho bien conocido: la reducción de la producción y contracción del absurdo consumo de plásticos, particularmente de aquellos descartables. Solución que requiere, fundamentalmente, cambiar ciertos (malos)hábitos de consumo.

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