jueves 13 de junio de 2024
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Secuestro del vuelo 601: la exitosa miniserie que es tendencia en Netflix

La miniserie está basada en hechos reales y la está rompiendo en Netflix. Esta recomendación tiene algo muy particular, es interpretada por un entrerriano

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El secuestro del vuelo 601 es una miniserie basada en hechos reales que la está rompiendo en Netflix. La serie trata sobre uno de los crímenes aeronáuticos más grandes del mundo ocurridos en Colombia. Esta recomendación tiene algo muy particular, es interpretada por un entrerriano. Alián Devetac es oriundo de Paraná e interpreta al Toro Solano.

Netflix: El secuestro del vuelo 601

En 1975, además de los pantalones acampanados, la frente despejada y las plataformas, estaban de moda los secuestros de aviones. Muchos de ellos en América Latina, con destino por lo general a Cuba. Épocas turbulentas donde, de paso, subir un arma a una aeronave era bastante más sencillo que pocos años después. El 30 de mayo de 1975, un par de supuestos terroristas secuestró el vuelo 601 de SAM Colombia; lo que iba a ser un viaje corto de Cali a Medellín terminó batiendo un récord: el secuestro duró sesenta horas. La aeronave no fue a Cuba, sino a Aruba, luego a Lima y después a varios otros aeropuertos, entre ellos el de Buenos Aires. Ese es el caso real.

La miniserie de Netflix El secuestro del vuelo 601 es otra cosa aunque con elementos reales. En realidad no es “otra cosa” sino muchas: una telenovela, un cuento sobre la condición femenina, la historia de los delincuentes más inútiles del planeta, una reflexión sobre la valentía, una aventura con tintes satíricos, una declaración sobre discriminaciones varias -de clase, de etnia, de género- y una mirada sardónica sobre las crueldades de la política. No todas funcionan perfecto, pero la mezcla de elementos proporciona al espectador, una vez entrado en el juego, la posibilidad de que el salto de tono que muchas veces aparece entre esta cantidad de elementos se note poco. Por una vez, la extensión de miniserie (seis episodios de alrededor de una hora) permite que el paisaje temático y humano no se sienta artificialmente alargado para llenar las exigencias del maratonista de plataformas.

Hay nombres cambiados, y las diferencias con la historia real son muchas como para hacer un catálogo. Que, en última instancia, importa poco: es seguro que esta miniserie colombiana tendrá un peso para los espectadores de ese país muy diferente de quienes, geográfica y temporalmente, estamos lejos del hecho real. El primer acierto es, justamente, jugar con los elementos de la ficción. Que no sea acorde a la realidad, o a aquello que los documentos dicen que pasó, es lo de menos en estos casos. Los creadores de la serie Pablo González y Camilo Salazar Prince (que ya habían realizado para Netflix otra miniserie, El robo del siglo -no confundir con el film argentino de Ariel Winograd) optan por cierta cinefilia (el título de cada episodio recuerda a un clásico del cine) y por el uso de la cultura popular como una caja de herramientas. De hecho, el uso de la banda de sonido recuerda al de Quentin Tarantino, quizás la mayor influencia cuando las secuencias tienen que saltarse un lugar común.

La trama en realidad gira alrededor de una azafata (Mónica Lopera) que acaba de ser despedida por llegar tarde a un vuelo. Su posibilidad de recuperar el trabajo y darle de comer a sus hijos: subir al avión que dos terroristas han secuestrado. El secuestro sale mal: los dos criminales son exfutbolistas paraguayos sin suerte, su motivación es monetaria y no política, y no tienen la menor idea de lo que hacen. En tierra, el nuevo gerente de la aerolínea, un exsindicalista que ha llegado al puesto de manera sinuosa, ve en la negociación con los criminales una oportunidad de oro. Mientras que un oscuro viceministro del gobierno de Pastrana también encuentra en el asunto la chance de lograr mayor poder. Todas estas fuerzas –y otras– giran constantemente y se intercalan de manera muy hábil. Cuando un elemento parece perder fuerza, aparece otro. Incluso si el tono muchas veces bordea el grotesco -en alguna ocasión incluso lo traspasa-, todo se convierte en algo más interesante hacia el final: crear una ficción para salvar la vida. Pocos temas son más contemporáneos.

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