miércoles 25 de enero de 2023
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Cómo cuidar la salud de los niños en verano

Golpes de calor, quemaduras, diarrea, otitis y otros problemas suelen aparecen en los niños durante el verano. Conocé cómo prevenirlos.

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Durante la temporada de verano, los chicos y adolescentes participan de diversas propuestas recreativas al aire libre como también viajes, paseos y colonias de vacaciones en natatorios. Es por ello que al concurrir a distintos espacios, mantener contacto con otras personas, y exponerse al sol y el calor, los niños pueden sufrir algunos problemas asociados a estas actividades. Por tal motivo, desde el Ministerio de Salud de Entre Ríos se reiteraron las medidas de cuidado.

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En primera instancia, las altas temperaturas son usualmente las responsables de los golpes de calor. En ese sentido, para su prevención es necesario tener presente la importancia de permanecer en lugares frescos y bien ventilados; usar ropa de algodón; ofrecer líquidos constantemente sin esperar que los chicos lo pidan (agua segura o jugos naturales; no bebidas azucaradas y con cafeína como bebidas cola) y, en el caso de lactantes, ofrecer el pecho de manera más frecuente.

En tanto que la exposición solar debe ser por fuera de la franja de de 10 a 16 horas, como también se deben evitar los juegos intensos que generen transpiración en exceso. Se recomienda además usar sombreros o gorras con visera, mojar la cabeza y partes del cuerpo de manera frecuente y usar siempre protector solar (factor 15 o mayor) en zonas expuestas, aún en días nublados. En cuanto al cuidado de la piel es fundamental la aplicación del protector solar cada 2 horas, o bien después de ingresar al agua o de haber transpirado. También hay que tener presente que los menores de 1 año no deben exponerse al sol en forma directa y que a partir de los 6 meses se pueden usar protectores solares para situaciones en las que estén expuestos ocasionalmente

Asimismo, en caso de padecer los síntomas del agotamiento por calor (paso previo al golpe de calor) es preciso estar alerta al cansancio o debilidad; sudoración excesiva; sensación de calor sofocante y sed; fiebre; calambres musculares; inapetencia, náuseas o vómitos; dolores de cabeza; irritabilidad (llanto inconsolable en los más pequeños); mareos o desmayos. Si el niño manifiesta estos síntomas se lo debe trasladar a un lugar fresco y ventilado; ofrecerle agua fría (con media cucharita de sal por litro), ducharlo con agua fresca, no administrar antifebriles y consultar a un profesional de la salud. Y en cuanto a las quemaduras solares se sugiere utilizar compresas frías, administrar líquidos y consultar al sistema de salud.

Cuadros diarreicos

Otros problemas muy comunes durante el verano son los cuadros diarreicos que se manifiestan por deposiciones blandas y frecuentes, dolor abdominal, vómitos y fiebre. Por su parte el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es una enfermedad causada por una bacteria, que afecta principalmente a los niños menores de 5 años y se manifiesta con diarrea con sangre, disminución de la cantidad de orina, palidez, irritabilidad y posibles convulsiones; puede ser grave y dañar los riñones.

Las enfermedades diarreicas, se transmiten generalmente por consumo de agua o alimentos contaminados (falta de higiene en las manos al manipular alimentos, verduras crudas, carnes sin cocción completa, productos lácteos sin pasteurizar, consumo de agua no segura o ingesta de agua de la pileta o río). Por esto se sugiere consumir sólo agua segura; lavado de manos para preparar alimentos, asegurarse que los alimentos mantengan la cadena de frío; lavar las frutas y verduras con agua segura y consumir la carne bien cocida. Si no se posee servicio de agua potable se deben colocar dos gotas de lavandina por cada litro de agua y dejar reposar 30 minutos; o bien hervir el agua durante tres minutos y esperar a que se enfríe para consumirla.

Si un chico tiene diarrea se le debe ofrecer líquidos abundantes (de a poco, muchas veces) para prevenir la deshidratación. En caso de los bebés y niños pequeños, no se debe interrumpir la lactancia. Si presentan deposiciones frecuentes, vómitos abundantes, diarrea con sangre, decaimiento marcado o eliminan poco pis se debe consultar a un establecimiento sanitario lo antes posible.

Otitis

Enfermedades como la otitis incrementan en verano ya que los chicos asisten a colonias de vacaciones, así como piletas o visitan ríos o arroyos. Puntualmente, cuando el chico pasa mucho tiempo en el agua el conducto auditivo queda húmedo con restos de cera, lo cual puede ocasionar posteriormente una infección. Por ello, a modo de prevención se sugiere que cuando culmina el día de pileta hay que secar el oído. Asimismo es importante fijarse si el agua donde uno se baña no está contaminada porque esto también puede causar problemas.

Pediculosis

Ante la concurrencia de muchos chicos a las colonias de vacaciones la pediculosis se torna es una afección habitual ya que se contagia fácilmente. Se manifiesta con intenso prurito (picazón), escoriaciones por rascado, y sobreinfección de las lesiones. El contagio se da por contacto directo de cabeza a cabeza con personas infestadas. Por lo que el tratamiento oportuno consiste en la extracción de piojos y liendres a través del uso del peine fino metálico. También existen tratamientos químicos como permetrina al 1 por ciento en crema de enjuague.

Al mismo tiempo, la prevención de la enfermedad se centra en el uso del peine fino y la higiene de objetos de uso personal con agua caliente durante 10 a 15 minutos, planchar las toallas y la ropa de cama ya que el calor mata el parásito.

Prevención de lesiones

Las actividades al aire libre en patios y jardines son las más elegidas durante esta época por lo que se recomienda no dejar baldes, palanganas y/o piletitas con agua; secar el suelo después de baldear o de una lluvia a fin de evitar caídas; tapar correctamente los pozos y desagües y reparar las baldosas levantadas o rotas. Otra medida importante es no dejar herramientas, venenos, plaguicidas o fertilizantes al alcance de los niños.

Para evitar ahogamientos se recomienda enseñar a los niños a nadar y respetar las señales de peligro. Además, siempre debe haber un adulto controlando, con visión directa y permanente; y se debe evitar que jueguen en aguas no autorizadas o desconocidas.

Los más pequeños pueden ahogarse en poca agua y en pocos minutos. Por eso las piletas familiares tienen que tener cercos de al menos 1 metro, con barrotes verticales que no permitan el paso de la cabeza de un chico, y puerta de acceso que no pueda ser abierta por los niños. También se deben proteger las bocas de las bombas de succión en las piscinas.

En caso de visitar balnearios o playas, es fundamental optar por lugares con condiciones mínimas de seguridad: boyado visible, guardavidas profesionales (entrenados en RCP y en número adecuado según bañistas), y con el apoyo logístico de rescate adecuado.

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