El Banco Nación dio el puntapié y definió para mayo una suba de las tasas de interés para los créditos hipotecarios UVA. Mientras los clientes que pagaban al comienzo de la política en 2016 un 3,5% pasarán a 6,5%, a los no clientes se les incrementará de 5,5% a 8%. Esta medida significará un aumento directo de las cuotas, que podría rondar en un 40%.

Claramente, con el aval del Gobierno, la decisión del banco público más importante del país -que otorgó casi la mitad de los préstamos-, será letal para muchas familias que tenían la ilusión este año de comenzar a concretar el gran sueño de la casa propia. Pues la brecha entre los que pueden acceder y los que no, se agranda aún más.

El encarecimiento de los créditos hipotecarios deja al descubierto una problemática de la macroeconomía argentina que no encuentra solución: la inflación. El anhelo de ser propietario del techo donde uno vive pende de un hilo delgado e incontrolable, que hasta el momento se sostiene en porcentajes similares al kirchnerismo, pero con buenos modales.

Si bien es cierto que los créditos UVA son propios de los países que conviven con un proceso inflacionario, el sistema entra en riesgo de terminar en una burbuja cuando la tasa real que pagan las familias sigue aumentando y cuando la evolución de los salarios promedio no acompaña el ajuste de las cuotas y el valor total del crédito. Más aún si la variable de los recortes en las empresas y el Estado son los trabajadores.

En este contexto, el Banco Hipotecario lanza la primera securitización de las hipotecas a través de la venta de sus carteras de préstamos agrupadas en fideicomisos. Con el respaldo de los activos y los fondos que ingresan por los pagos todos los meses, emitirán papeles de deuda que se colocarán entre los inversores. Se estima que sean las aseguradoras y los fondos de inversión quienes los capten y asuman el riesgo.

Este tipo de estructuras financieras tienen como objetivo otorgar sustentabilidad a un mercado con notable crecimiento, pero que, desde el comienzo de esta política, provocó un descalce entre los millones de pesos por créditos otorgados y los depósitos captados. Ante este escenario, la securitización -que terminarán imitando los otros bancos- busca darle mayor liquidez al mercado. Evitar una crisis, también es un fantasma que reaparece y tiene a otros países como antecedente.

Es cierto que esta discusión era prácticamente nula hasta hace dos años dado que no existía una medida clara que reimpulsara el mercado financiero, inmobiliario y de la construcción. Sin embargo, resulta contradictorio que el mismo Estado, que por un lado articula estas líneas de acción, no controla por otro lado el factor elemental de la inflación e incluso ancla las subas salariales en un ilusorio 15%.

El reaseguro de la política no puede ser sólo mirando a los bancos, sino principalmente a las familias. Los planteos de sustentabilidad financiera deben ser contemplados en la medida que también se establezcan mecanismos confiables y de largo plazo para que quienes accedan tengan garantías reales para el pago de las cuotas, sin interrupciones. Si un crédito hipotecario definirá la cuarta parte de su estructura de gastos por al menos dos décadas, la ilusión no puede desvanecerse en apenas dos años.

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