Solo tiene puesta una bombacha blanca. Boca abajo, sobre un piso de ladrillos, el cabello corto y rubio está revuelto. La pierna izquierda, flexionada, quebrada; el talón toca el glúteo derecho. Es 14 de febrero de 1988 en Mar del Plata y Alicia Muñiz está muerta. Tenía 32 años y un hijo de seis.

Tres meses antes, el 12 de octubre de 1987, en la comisaría 39a de Villa Urquiza, donde vivía Alicia, Alba Calatayud de Muñiz, su madre, denunciaba por agresión a Carlos Monzón , la pareja de su hija, y Alicia lo ratificaba. Así lo recordaba Alba a un mes de la muerte de Alicia, en un diario de la época: "Yo estaba con ella, dormíamos y llegó Carlos. Mi hija, como si fuera una niña de 12 años aterrorizada, me dijo: 'Quiere entrar pero está borracho'. Era golpeada a menudo". Y Monzón entró.

"Pará la mano, Carlos", era el subtítulo de una entrevista que brindó Alicia a la revista El Gráfico en 1984. ¿El título? "A Carlos no se lo puede dejar solo". Decía Alicia: "Los dos primeros años fueron dificilísimos, porque a él le costaba cambiar. Tal vez por el temor a perder el cartel de macho (.)". "Debe haber mediado tu paciencia", decía la entrevistadora. "No creas. varias veces hice mi valija, hice una cartita y me fui", respondía Alicia. A lo ancho de una doble página, un destacado: "Hay dos Monzón: uno el de la noche. El otro es mi marido, al que quiero".

Alicia y Carlos se conocieron en 1978 en un restaurante de la Costanera. Alicia era una modelo, actriz y vedette, uruguaya de 23 años, y Monzón, un boxeador recientemente retirado: en 1977, a los 36 años, había peleado por última vez ante el colombiano Rodrigo Valdez; defendía el título de campeón mundial de los medianos que le había ganado en 1970 a Nino Benvenuti. En 1981 nació Maximiliano, el único hijo que tuvieron.

Aquel verano del 88 comenzó agitado: en enero Aldo Rico encabezaba el segundo alzamiento contra la presidencia de Raúl Alfonsín. El presidente declaraba ante el juez de la causa que uno de los objetivos del copamiento de Aeroparque era asesinarlo. El Consejo Nacional Justicialista fijaba para el 26 de junio las elecciones internas para decidir la fórmula de candidato a presidente y vice en los comicios de 1989. Por los ejercicios militares que hacían los británicos en Malvinas, la Argentina reclamaba al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El dólar alcanzaba un récord: 5,85 australes.

Y Carlos Monzón vacacionaba junto al actor Adrián "Facha" Martel en la casa que este alquilaba en La Florida, Mar del Plata. Con él estaba Maximiliano, el hijo de seis años que había tenido con Alicia. El 13 de febrero Alicia viajó a verlo y también a hablar con Monzón sobre la manutención de Maxi: había iniciado juicio por alimentos. Estaban separados, pero esa noche salieron juntos. Se los vio en el casino de Mar del Plata, en el cumpleaños que Sergio Velasco Ferrero festejó en el Hotel Provincial regado con champagne. Luego pasaron por el club Peñarol -también hubo champagne-, y entrada la madrugada emprendieron regreso al chalet de la calle Pedro Zanni 1567.

"En confuso hecho murió la ex mujer de Monzón, quien está herido y detenido", tituló LA NACIÓN el 15 de febrero. Continúa así: "Al caer de un balcón de un primer piso falleció la vedette Alba Alicia Muñiz Calatayud, e involucrado en el mismo episodio el pugilista Carlos Monzón sufrió fracturas y excoriaciones, por lo que fue internado en un hospital de Mar del Plata, donde está detenido e incomunicado". En ese hospital declaró que habían discutido, que la insultó, que ella lo atacó, y que "no le pegué, porque si le pego la mato".

Familiares y amigos en la despedida de los restos de Alicia, que fue sepultada en el cementerio de la Chacarita el lunes 15 de febrero de 1988:

Dos días después se realizó la reconstrucción policial. Monzón, con el torso y hombro y brazo izquierdo vendados -se fracturó clavícula y unas costillas-, caminaba el balcón junto al juez de la causa, Guillermo Vallejo, fiscales, abogados y policías. Declaró que Alicia corrió hacia el balcón y se arrojó al vacío y que él, en el intento de detenerla, cayó tras ella. Pero el juez le dijo que la autopsia demostraba que había sufrido un apretón en el cuello, entonces Monzón recordó que "le dio un bife con la derecha de revés" y que antes la había agarrado del cuello y la tiró sobre la cama. Y que no recordaba nada más que a ella golpeándolo. Un año y medio después, durante el juicio, la defensa echaría mano a "la amnesia de Maxwell". Según su abogado, Horacio D'Angelo, "es un fenómeno que surge a las pocas horas de un incidente y produce el olvido similar al de alguien que no recuerda un sueño".

A unos metros, sobre la entrada de la casa, una multitud se dividía en dos gritos: "¡Asesino!" y "¡Dale, campeón!". Junto a ellos, elevadores hidráulicos: algunos canales de televisión los habían alquilado para tener mejores imágenes, cuenta Marilé Staiolo, periodista que cubrió el caso, en su libro Monzón, secreto de sumario. Allí también recuerda la cobertura de la revista Gente, que reseñaba la trayectoria del boxeador hasta llegar al momento en que "no comprendió que la muerte no es juego, que no se resuelve la vida en 15 asaltos y que una mano bien puesta no deja a la soledad fuera de combate".

Al tiempo que aparecían títulos como "A trompadas con el amor" ( Clarín) y "El primer knockout de Monzón" ( Le Monde), con su padre en la cárcel y su mamá muerta, Maximiliano quedó al cuidado de sus abuelos maternos. Estaba por empezar primer grado. En la morgue de Mar del Plata, el cuerpo de Alicia se preparaba para viajar a Buenos Aires, donde le realizarían la segunda autopsia: como en la primera no se constataron las lesiones del cuello, el abogado de la familia Muñiz, Rodolfo Vega Lecich, pidió otra. En la segunda, además de comprobarse que Monzón le había quebrado el hueso hioides (la nuez de Adán) y que le dio una "trompada mortal" en el arco superciliar derecho (sobre la ceja), se descubrió que faltaba un músculo.

En el camino entre Mar del Plata y Buenos Aires, alguien robó el músculo esternocleidomastoideo izquierdo. Es el que resalta a simple vista al girar la cabeza. Los peritos, entre los que se encontraba el médico Osvaldo Raffo, lo notaron al encontrar una segunda costura: alguien había sacado los puntos de la primera autopsia, extrajo el músculo y volvió a coser, sin el reparo de hacer coincidir las puntadas.

En un caso de estrangulamiento, la víctima se desvanece y muere por la falta de irrigación de sangre al cerebro: ese músculo protege la red de vasos sanguíneos que la hacen llegar. Y también prueba la compresión manual, el estrangulamiento.

Todo lo que había era el relato amnésico de Monzón y encontronazos entre peritos. Hasta que apareció un testigo: Rafael Crisanto Báez, el cartonero. El hombre caminaba la zona cuando escuchó los gritos y declaró que Monzón tomó a Alicia Muñiz del cuello "y después se la puso al hombro como una bolsa de papas y la tiró por el balcón". A los pocos días, Báez ya estaba en Buenos Aires sentado en el centro del estudio del programa El pueblo quiere saber, conducido por Lucho Avilés. Cuentan los periodistas que accedieron a la casilla en la que vivía que pegaba los recortes de sus apariciones públicas. También había una inscripción: "Yo le gané a Monzón".

Treinta años después, jubilado hace diez, desde Mar del Plata, atiende el teléfono uno de los fiscales de la causa, Carlos Pelliza.

-Sin el músculo, ¿se podía constatar la asfixia?

-Sí. Se verificó que los pulmones eran asfícticos. El pulmón conserva huella de la lucha respiratoria. Cosa que avaló lo que decía Báez: que la ahorcó en el balcón.

-¿Por qué su testimonio fue desestimado?

-Hombre grande y alcohólico, que sufrió presión mediática: lo tentaban y él, para satisfacer a sus interlocutores, decía cosas que no habían pasado. Pero en la comisaría y ante el juez, al comienzo, tuvo un testimonio impecable.

-En ese momento no se llamaba femicidio. ¿Cómo se lo caratuló?

-Homicidio simple. La calificante de femicidio no existía y el agravante por el vínculo exigía matrimonio legítimo: ellos no estaban casados.

Alicia, estrangulada, inconsciente. Los peritajes determinaron que las lesiones del cuello eran suficientes para producirle la muerte, independientemente del golpe en la cabeza sufrido en la caída.

Un gran amigo de Monzón, el actor francés Alain Delon, comentó a un diario parisino: "¿Quién no le ha pegado a su mujer?". Monzón no fue menos: ante uno de los jueces declaró que "les pegué a todas mis mujeres y nunca les pasó nada". Marcelo Brusa, corresponsal de entonces para la agencia de noticias internacional AFP, escribía: "El juicio trajo a primer plano una de las más viejas tareas de la sociedad argentina: el machismo recalcitrante".

Para Patricia Perelló, que formó parte del equipo que defendió a Monzón, fue un accidente: "Es mi absoluta convicción aún hoy. Estaban los dos peleando en el borde de la baranda del balcón y se cayeron. Él tenía fractura de costillas y clavícula", dice desde su estudio marplatense.

-El caso fue el puntapié para hablar de violencia de género. ¿Siente alguna contradicción?

-Estoy absolutamente de acuerdo con el movimiento feminista tal y como nació en Estados Unidos en la década del 60, que no cree en el Estado, que no cree en las leyes. El Estado, con el movimiento feminista actual que pide leyes cada vez más severas, se libera de tomar las medidas que debe tomar. Las revoluciones se hacen con políticas preventivas, con casas de acogida. Eso al Estado le cuesta, las políticas de prevención cuestan; en cambio, dictar una ley no cuesta nada.

Mar del Plata vuelve a ser tapa de diarios el 6 de marzo: tan solo veinte días después de la muerte de Alicia, Alberto Olmedo muere al caer del piso 11 del edificio Maral 39. Fue uno de los pocos amigos que visitaron a Monzón en el penal de Batán. Camilo Sánchez, periodista que cubrió el caso para Página 12, dice: "Monzón, como Olmedo, era un desclasado. Tal vez un poco víctimas los dos de un sistema que le da cuerda a lo que es buen negocio. Un tipo excesivamente premiado porque era impecable en su oficio -ahí, entre las cuerdas, donde las papas queman-, pero que no alcanzaba a comprender del todo, por falta de capital simbólico, por falta de lenguaje, esas galanterías siniestras de la fama y sus desbordes".

Las revistas y la televisión sometieron al cuerpo de Alicia sin piedad; a las primeras fotos de su cuerpo desnudo y su rostro desfigurado por los golpes le siguieron sus rasgos putrefactos: publicaban las fotos de las autopsias. Y se titulaba "el caso Monzón", aunque la muerta fuera Muñiz. Pero la muerte de Alicia produjo otra cosa en ese momento, fue la alerta: a muchas argentinas las estaban matando a palos. Entonces, en el país se triplicaron las denuncias de mujeres víctimas de violencia. También comenzó a ganar espacio en los medios la problemática de "violencia doméstica" (así la llamaban entonces).

En el artículo "La violencia al calor del hogar" (LA NACION, 7 de marzo de 1988), desde la institución Lugar de Mujer explicaban que lo que sucedía era que se había tomado conciencia del riesgo de muerte que existe en ese tipo de relaciones. En el mismo texto, habla la doctora Jordan Gross, de la Asociación Psicoanalítica Internacional: "El destino de la femineidad es darse y eso significa una entrega con amor. Pero la persistente ausencia de cariño coloca en esta entrega -ya sea por parte del hombre o de la mujer- elementos de sometimiento y rebelión ante la identidad sexual que nos ha tocado".

En Clarín, consultada para la nota "Testimonios de estupor por la muerte de la mujer de Carlos Monzón", Graciela Borges decía: "Estimaba mucho a la infortunada Alicia. Hace pocos días, en Punta del Este, almorzamos con ella y Carlos, y parecían felicísimos. Alicia fue una madre admirable, ejemplar. Yo he trabajado mucho con Carlos. ¿Qué puedo decir ahora? Hemos sido amigos. No encuentro una explicación para lo sucedido. Alicia era un ser humano incapaz de despertar iras".

El 8 de marzo de ese año, en uno de los actos por la celebración del Día de la Mujer, se realizó una marcha frente al Congreso. Las crónicas del día siguiente cuentan que el Grupo Feminista de Denuncia "simbolizó su protesta en la figura de Carlos Monzón". También entregaron un petitorio a los legisladores "donde se pide el principio de igual salario por igual trabajo y el cese de toda discriminación e igualdad de posibilidades". En otras páginas, le niegan la excarcelación a Alejandro Puccio, piden sobreseimiento de Camps y Etchecolatz en una "causa referida a una célula de ultraderecha" y la Policía Federal establece que deben numerarse los pasacasetes en venta.

El primer reflejo político fue el de Antonio Cafiero, que bajo su gobierno en la provincia de Buenos Aires creó en 1990 las Comisarías de la Mujer. Otro fue, en la misma década, el de Carlos Menem, cuando se habló de un posible indulto a Monzón. También existió una versión de que Alain Delon lo sacaría de la cárcel en helicóptero.

Cuando se creó en 2008, en la OVD (Oficina de Violencia Doméstica, de la Corte Suprema de la Nación), fueron denunciadas 5896 personas: 5055 eran varones (86%). El 84% eran parejas, exparejas, concubinos, cónyuges y novios. Según el último informe anual, de 2016, se atendieron 15.619 casos. Igual que en 2008, el vínculo que se repite entre denunciante y denunciado es el de parejas, exparejas, convivientes, cónyuges y novios (79%). El 80% de los denunciados son varones. La OVD estimó que el 33% de las personas afectadas estaban en un riesgo alto y altísimo.

En la ciudad de Buenos Aires es difícil dar con una estadística de denuncias por violencia de género: la Policía Federal y la Metropolitana trabajaban con distintos sistemas de registro. Recién el mes pasado comenzó a funcionar un sistema unificado: GAP (gestión de actuaciones policiales). Ahora, al momento de hacer un sumario, aparece un ítem: violencia de género. El plan contempla también que cada comuna tenga su comisaría comunal y que adentro funcione una división de protección familiar. En la ciudad de Buenos Aires son 15 comunas; actualmente hay tres comisarías.

La primera esposa de Carlos Monzón, Pelusa (Mercedes Beatriz García), había presentado demandas judiciales por violencia. Susana Giménez, que fue su novia desde 1974 hasta 1978, declaró en una entrevista de 2013 que "fue un amor importantísimo, pero me tuve que abrir porque iba a terminar como Alicia Muñiz". Cinco años antes, en el número 1 de su revista Susana publicaba una anécdota que tituló "Carlos, mirá qué divino el pingüino". Decía así: "Siempre me gustó ir a Mar del Plata en el invierno. (.) Nos sacamos los zapatos para caminar por la arena y cuando levanté la mirada vi varios pingüinos a poca distancia. Uno de ellos, separado del resto, estaba a cinco o seis metros de nosotros. 'Carlos, mirá qué divino el pingüino. ¡Me muero! ¡Cómo me gustaría acariciarlo!'. En un segundo, Carlos agarró una piedra enorme y la lanzó contra el pobre animal. Le pegó en la nuca y lo desmayó en el instante. No me salían las palabras. No sabía si gritar, llorar o desmayarme yo también. Carlos seguía ajeno a que, lo que acababa de hacer, era una bestialidad. Se cargó el pingüino al hombro y me lo trajo todo ensangrentado. Venía con una cara de felicidad, como si trajera un anillo de brillantes de Tiffany. Cuando logré sobreponerme le grité furiosa: '¡Vos estás loco! ¿Cómo le vas a pegar al pingüino?'. '¿No me dijiste que lo querías tocar?', fue su respuesta, y me resultó imposible contestarle nada".

El 3 de julio de 1989 Carlos Monzón fue condenado a once años de prisión en fallo unánime por homicidio simple. El juicio fue uno de los primeros orales y públicos -hasta 1986, cuando se reformó el Código de Procedimiento Penal provincial, era oral solo si el imputado estaba de acuerdo; desde la reforma se hizo obligatorio para casos de homicidio-. La sentencia fue un banquete para la tele; ese día Susana Giménez comenzaba su tercer año de Hola, Susana y Diario Popular titulaba "Dramática paradoja del destino: Carlos le quitará rating al debut de Susana".

A un año de la muerte de Alicia, el chalet todavía era punto de atracción turística. Los autos aminoraban la marcha al pasar por el frente. Hasta hubo mateadas en el terreno baldío aledaño, con vista al balcón.

Carlos Monzón murió el 8 de enero de 1995, cuando volcó con el auto en la ruta 1, en Los Cerrillos, de regreso al penal de Las Flores, en Santa Fe -le habían dado el beneficio de salidas transitorias-. La última vez que vio a su hijo fue el 13 de febrero de 1988; Maxi nunca lo visitó.

Fue en ese penal donde la periodista Mercedes Martí lo entrevistó un año antes. Y le preguntaba:

-¿Qué cosas te ponen violento de una mujer?

-Yo soy antiguo. A mí me gusta que la mujer que está conmigo salga vestida como yo quiero. No me gusta que salga mostrando las piernas; las piernas tenés que mostrármelas a mí, que soy el marido.

Fuente: La Nación

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