La inesperada irrupción de la despenalización del aborto voluntario como principal preocupación del Gobierno llamó la atención. También que en un primer momento el jefe de Gabinete, Marcos Peña, instara a debatir y, posteriormente, sea el propio Mauricio Macri el encargado de inquirirle a sus legisladores que discutieran el proyecto, casi con urgencia.

De primera pareció una urgencia premeditada pero, aunque incomprobable esa intencionalidad, la decisión del Gobierno no podía ser desaprovechada por los colectivos feministas y legisladores que hace años luchan porque el proyecto sea tratado. "Ya están dadas las condiciones para que se discuta en el Congreso", había manifestado, incluso, la diputada Victoria Donda.

Mientras se seguían los tendidos debates en el prime time sobre el aborto legal, seguro y gratuito, sus pro y sus contras, argumentos vacíos y reclamos históricos, se coló un inexistente conflicto diplomático con Bolivia por la reciprocidad en la atención sanitaria de argentinos y bolivianos en uno y otro país.

Con un proyecto de ley -que fue como sacado de la galera- el tema se tornó nacional, cuando en realidad el principal punto conflictivo le pertenece a una provincia: Jujuy. Otra vez habló Peña; se sumó el canciller Jorge Faurie y los legisladores empezaron a definir sus posturas, sin que nadie se las solicitara.

En momentos en que advienen aumentos colosales en gas y luz, sumados a los recurrentes reajustes que permite la liberación de precios de las naftas, la inflación pareciera volver a escapársele de las manos al Gobierno. Y sabemos que la escalada de precios es lo que más malestar social y desigualdad genera en la ciudadanía.

Pregunta: ¿hay una estrategia de correr el eje, nuevamente, de los problemas económicos con temas, desde el llano, para nada coincidentes con los objetivos de Cambiemos? El antecedente inmediato de este tipo de jugada política está en los meses previos a las elecciones del año pasado, en que Durán Barba pidió hacer especial énfasis en la corrupción de la gestión anterior. Lo logró, por cierto.

La realidad indica que no existe una voluntad convincente de los legisladores de Cambiemos por votar el aborto legal, seguro y gratuito. Es más una imposición que provino de la manera más vertical posible: lo pidió Macri. En tanto, si bien a las claras existen diferencias ideológicas que alejan al presidente de Evo Morales, Bolivia no es un enemigo externo. El conflicto, quedó demostrado, es un trámite diplomático salvable y no una preocupación de Estado.

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