Puntos clave

• Un estudio publicado en Hypertension, la revista de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por su sigla en inglés) encontró, tras evaluar a casi 360 mil adultos europeos, un mayor riesgo, entre las personas que duermen la siesta versus las que no lo hacen, de presentar hipertensión arterial y accidente cerebrovascular.

• Usaron la población del UK Biobank, con una gran base de datos de más de 500 mil británicos. Incluyeron de esta, a casi 360 mil adultos, de edad media, sin antecedentes de hipertensión arterial y ACV.

• Los siguieron por alrededor de 11 años, y los evaluaron en 4 puntos de tiempo.

• Para tratar de relacionar las observaciones con alguna predisposición genética, usaron la técnica de aleatorización Mendeliana.

• Encontraron que las personas que dormían la siesta con más frecuencia, comparado con las que no, tenían hasta 12% más riesgo de presentar hipertensión arterial, y 24% más riesgo de presentar un ACV.

• Los individuos que dormían más la siesta, fueron con más frecuencia hombres, más añosos, no europeos, más pobres, menos educados y con más enfermedades, más sobrepeso y/u obesidad, e incluso más trastornos del sueño, que los que no dormían la siesta. Es decir, eran una población con más riesgo de base de tener estos resultados adversos.

• También se encontró, en la población que dormía más la siesta, una mayor predisposición genética a tener hipertensión arterial y ACV.

La siesta es un fenómeno transcultural. Los niños, los adultos y los ancianos la toman. Las siestas pueden ser preventivas o profilácticas: la persona que quiere dormir antes de un evento, como por ejemplo un casamiento; y terapéuticas, la persona que está cansada y duerme. También puede ser solo por placer.

Algunas publicaciones científicas encontraron beneficios del tomar una siesta sobre distintos resultados cardiovasculares (2). Otras publicaciones reportaron una relación entre la siesta, la hipertensión arterial y el ACV.

La hipertensión arterial es un factor de riesgo mayor de muerte prematura y ACV. El ACV es un mayor determinante de discapacidad a largo plazo.

La mayoría de los estudios que relacionaron la siesta y la hipertensión fueron de un diseño de cohorte transversal, y pocos fueron prospectivos. Los resultados fueron controversiales, y muchas veces opuestos. Su relación con el riesgo de ACV, también se desconoce.

Para aclarar estás dudas, un grupo de investigadores chinos llevó adelante una interesante investigación.

El estudio: una combinación de análisis de una cohorte prospectiva y aleatorización Mendeliana

El objetivo fue investigar la asociación entre la frecuencia de la siesta y la incidencia de hipertensión arterial o ACV, así como validar una relación causal entre estos, por medio de aleatorización Mendeliana.

La aleatorización Mendeliana (3) es una técnica de análisis usada en epidemiología que permite despejar sesgos, confundidores, y examinar relaciones causales sin la necesidad de aplicar un diseño de ensayo clínico controlado. Mediante esta se estudian las variantes genéticas, para determinar si una asociación observacional entre un factor de riesgo y un resultado es consistente con una relación causal.

Se basa en la variedad al azar natural de las variantes genéticas durante la meiosis, que produce que una distribución aleatoria de las variantes genéticas de en una población. Al nacer, los individuos son asignados naturalmente a heredar una variante genética, que afecta a un factor de riesgo, como la hipertensión arterial el colesterol LDL, o de ACV. Esto permite despejar factores de confusión.

La aleatorización Mendeliana se basa en 3 suposiciones: la variante genética está asociada con el factor de riesgo, ésta no está asociada con factores de confusión, y la variante genética influye en el resultado solo a través del factor de riesgo.

En esta investigación aplicaron un análisis de regresión de Cox en 358.451 participantes, libre de hipertensión arterial o ACV, del UK Biobank.

El UK Biobank es una gran base de datos del Reino Unido, que forma parte de un estudio prospectivo con más de 500 mil individuos adultos (40-69 años), en seguimiento por 30 años, reclutados entre 2006-2010. Mayormente es una población de adultos de edad media, europeos. Tiene, entre otras variables, datos de imágenes (resonancias magnéticas), e información genética y de hábitos. A los participantes se les toman regularmente muestras de sangre, orina y saliva, además de pruebas de imágenes.

Para validar los resultados del análisis observacional, hicieron una aleatorización Mendeliana en 2 muestras para frecuencia de la siesta (123 polimorfismos simples de nuecleótidos): la hipertensión arterial se evaluó en el FinnGen Biobank, y el ACV isquémico, en el Consorcio MEGASTROKE. Luego se realizó una randomización Mendeliana de una muestra en el UK Biobank.

FinnGen es una base de datos que reúne información de 500.000 finlandeses. El consorcio MEGASTROKE es una base de datos genéticos de 520.000 individuos, para identificar causas de stroke.

Los participantes reportaron si dormían la siesta o no, con respuestas como:

• Nunca/raramente

• A veces

• Usualmente

No se aclaró la duración de la siesta. En todo el seguimiento, estos datos fueron reportados en 4 puntos de tiempo.

Se evaluó la ocurrencia de hipertensión arterial, stroke (no especificado), y ACV cómo resultados (recordemos que ninguno de los participantes tenía antecedentes). El tiempo medio de seguimiento fue de 11.6 años. Se estimaron cocientes de probabilidad (Hazard Ratio, HR), comparando con los individuos que nunca tomaron una siesta.

Las comparaciones se ajustaron por edad, sexo, raza, índice de masa corporal, y otros factores de riesgo, como fumar, diabetes mellitus y consumo de alcohol, entre otros.

Los resultados: ¿Qué encontraron?

La edad media fue 55.3 años, y el 42.9% fueron hombres. Los pacientes que dormían la siesta con más frecuencia, era más probable que fueran hombres, más añosos, no europeos, menos educados, con mayor índice de Masa Corporal, más índice cintura-cadera, y más deprivación social.

Reportaron además un peor estado físico, con más historia de ser fumador, trastornos psiquiátricos, colesterol elevado y diabetes tipo 2. También, con más frecuencia, la duración de su siesta era mayor, y tenían trastornos del sueño como insomnio, ronquidos y eran de acostarse más tarde.

Es decir, los que dormían más la siesta, eran menos saludables que los que no.

Comparados con los que nunca dormían la siesta, dormir usualmente la siesta se relacionó con un aumento del riesgo de presentar:

• 12% hipertensión arterial (HR 1.12)

• 24% stroke (HR 1.24)

• 20% ACV isquémico (HR 1.20)

Según la frecuencia de la siesta, el riesgo fue en aumento:

• Dormir la siesta a veces se relacionó con un aumento del riesgo de presentar hipertensión arterial del 7%, stroke del 12% y ACV isquémico del 9%, comparado con los que nunca dormían la siesta.

• Dormir usualmente la siesta se relacionó con un aumento del riesgo de presentar hipertensión arterial del 12%, stroke del 24% y ACV isquémico del 20%.

Tanto en la muestra 1, como la muestra 2 de la randomización Mendeliana, indicaron que un aumento de la frecuencia en la siesta podría ser un factor de riesgo potencial para tener hipertensión arterial esencial en FinnGEN (+43%), y en UK Biobank (+40%).

La muestra 2 de la randomización Mendeliana reportó un aumento en el riesgo de ACV isquémico del 29%.

Es decir, la mayor frecuencia de las siestas se relacionó con una propensión genética para tener hipertensión arterial, y ACV.

Las conclusiones: ¿Qué nos deja este estudio?

El aumento de la frecuencia de la siesta puede representar un factor de riesgo potencial para hipertensión arterial.

También existe una asociación potencial entre la frecuencia de la siesta y el ACV isquémico.

Se observó que un pico en los valores de la presión arterial y en la incidencia de ACV se da en la noche.

Al parecer, el aumentar la frecuencia de la siesta se relaciona con un mayor riesgo de hipertensión arterial y ACV.

¿Qué limitaciones tiene este estudio?

En primer lugar, no se registró la duración de las siestas, solo la frecuencia, en 3 categorías genéricas. Además, los datos fueron a partir del auto-reporte de los pacientes, lo que puede hacer que se pierda objetividad. Este estudio se basó solo en adultos de edad media, europeos, lo que puede hacer que esto no sea extrapolable.

Los peores resultados en los individuos que dormían la siesta en parte pueden ser atribuibles a que esta población está formada por las personas menos saludables: eran básicamente más enfermos, con más trastornos del sueño, peor calidad de vida y peores medios socio-económico y educativo.

Es decir, tenían más predisposición a tener hipertensión arterial, stroke y ACV isquémico (esto no quiere decir que dormir la siesta haga daño).

Referencias

(1). https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/HYPERTENSIONAHA.122.19120

(2). https://www.google.com/amp/s/www.infobae.com/mix5411/2022/02/22/dormir-la-siesta-se-asocio-con-importantes-beneficios-sobre-la-salud-cardiovascular/%3foutputType=amp-type

(3). https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2664027

Para seguir en Instagram al autor: @ramiroherediaok

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