La sensación de sed es la manera que tiene nuestro organismo de avisarnos de la necesidad de hidratarnos ingiriendo la suficiente cantidad de líquidos, especialmente agua. No la sentimos siempre con la misma intensidad. En épocas en las que las temperaturas son más elevadas o cuando hacemos una actividad física intensa, que hace que aumente la sudoración, tenemos más sed y es absolutamente normal, pero hay ocasiones en que, sin que exista una causa objetiva, tenemos más necesidad de beber agua. La sed excesiva puede tener diversas causas, incluso ser síntoma de alguna patología de salud que puede requerir un cambio en la dieta o un tratamiento médico. Si te preguntas por qué tengo mucha sed y la boca seca, en este artículo te indicamos las causas más probables.

Alimentos y dieta

Si en un momento determinado te parece que estás tomando una anómala cantidad de agua porque tu cuerpo lo pide, pregúntate por tus últimas comidas. Por supuesto, las comidas con mucha sal y también las que contienen picante en abundancia provocan sed, pero no son las únicas. Una dieta en la que predominen alimentos con escaso contenido en agua, como pueden ser los frutos secos, el chocolate, los embutidos o los quesos muy curados y en la que escaseen frutas jugosas (melón, sandía, piña...) y verduras, puede estar detrás de esa sed que no se termina de quitar. Además, un exceso de alimentos ricos en grasas y azúcares, así como una ingesta excesiva de bebidas alcohólicas pueden provocar cierto grado de deshidratación en el organismo. Obtener más líquidos cambiando las pautas alimenticias, puede ser la solución para dejar de tener tanta sed.

Fármacos y tratamientos médicos

Algunos tratamientos, especialmente aquellos necesarios para combatir el cáncer, como la quimioterapia o la radioterapia, pueden tener como efecto secundario mucha sed y la boca seca. También determinados fármacos, sobre todos los diuréticos, los anticolinérgicos y los antihistamínicos, pueden estar detrás de la xerostomía o boca seca, que no solo puede implicar sensación de sed, sino, además, disminución en la salivación. En este caso, es necesario la consulta médica por si fuera necesaria alguna modificación en la pauta de medicación.

Fiebre y disfunciones del aparato digestivo

Son dos causas frecuentes de que, en un momento determinado, tengamos mucha sed. El aumento de temperatura corporal, que suele acompañar a un proceso infeccioso que desencadena fiebre, hace que el organismo reclame más líquidos para intentar, así, frenarla. También, un episodio de vómitos y/o diarrea, que implique pérdidas repentinas de líquidos, provoca sed como una manera inmediata rehidratación. En estos casos, la sed es normal y buena porque nuestro cuerpo recuerda que necesitamos la ingesta de líquidos para recuperarnos de este tipo de afecciones pasajeras.

Estrés y ansiedad

Tener la boca seca, sintiendo que nos falta saliva hasta para tragar e incluso para vocalizar correctamente, es algo que puede ocurrir en una situación de estrés continuado o en un momento puntual de especial ansiedad. En este caso, es importante evitar las situaciones que desencadenan ese exagerado nerviosismo. La ingesta de infusiones relajantes como: tila, valeriana o manzanilla es un buen remedio, ya que, además de hidratar, ayudarán a reducir la boca seca por ansiedad.

Posible diabetes o disfunciones renales

La sed excesiva, que se prolonga en el tiempo sin causa que la justifique, puede ser uno de los primeros avisos de algún tipo de diabetes no diagnosticada, sobre todo si, como señala la estadounidense Mayo Clinic[1], esa sed va acompañada de otros síntomas como: aumento de la micción, cansancio, hormigueo en las extremidades o visión borrosa entre otros. Los niveles demasiado elevados de glucosa en sangre incrementan el trabajo de filtrado de los riñones y provocan un aumento en la micción para tratar de expulsar el exceso de azúcares por la orina, algo que, a su vez, provoca más sed en un ‘círculo vicioso’. Además de la diabetes, la sed y las alteraciones en la micción pueden ser indicativo de algún grado de disfunción renal, por lo que la consulta médica es necesaria.

Sangrado

La pérdida considerable de sangre por algún motivo, desde un sangrado menstrual muy abundante hasta la pérdida de sangre por haber sufrido una herida, puede desencadenar la necesidad de beber más agua hasta que el organismo recupere sus niveles hídricos normales. Lo mismo ocurre tras determinadas intervenciones quirúrgicas. Mucha sed y la boca seca son síntomas habituales en un periodo postoperatorio, que, progresivamente, han de ir regulándose.

Hipercalcemia

A veces una deficiencia o, al contrario, una sobre presencia de determinados minerales que cumplen funciones importantes en el organismo puede manifestarse con una anormal sed. Es lo que se conoce como desequilibrio electrolítico. Los electrolitos son los minerales (iones) presentes en la sangre y en otros líquidos corporales. Su desequilibrio o pérdida masiva puede provocar sed. El ejemplo más claro es la sed que sentimos al hacer deporte y sudar, ya que a través de la sudoración se eliminan. Esto es normal, pero hay otros desequilibrios más graves, como el que se produce cuando el nivel de calcio en sangre es superior al normal. Es lo que se conoce como hipercalcemia, un desajuste que puede llegar a ser realmente grave, sobre todo si la sed va acompañada de otros síntomas como el dolor abdominal.

Xerostomía

La xerostomía es una patología que afecta a la salivación y desencadena lo que llamamos boca seca. Afecta más a las personas mayores y puede ir acompañada de sensación de sed o, al contrario, ausencia de la necesidad de beber agua. Si la afección se prolonga en el tiempo, es importante acudir al médico, sobre todo en el caso de los ancianos que pueden llegar a sufrir problemas de atragantamientos o de deshidratación.

Fuente: Mundodeportivo.com

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