En la televisión aparece un enjambre de abejas en un semáforo en pleno centro de una ciudad de Inglaterra. No alcanzo a ver si se trata de Londres. La gente se retira de la esquina con temor. Una sola persona sin guantes va con algo parecido a una pala y de a poco las junta. Pienso en Viqui Veronessi que es una mujer agrícola y poeta. Cría abejas, hace miel, o más bien la junta, trata a cada planta de su campo como si fuese otro de sus hijos.

En Villa Gesell suspenden las clases porque andan dos o cinco pumas en las calles. En un canal dice el graf que son dos y en otro que son cinco. Yo también tengo problemas con los números, con contar cantidades, con la precisión, entonces soy piadosa. Pienso que todo lo que pierde su lugar, busca otro espacio y que por eso se desplazan pumas por las ciudades. Porque ocupamos más de lo necesario, porque queremos desmontar para sembrar más, desplegar nuestra avaricia como si soltáramos tinta de calamar y todo lo negro fuese nuestro reino.

En nuestra provincia, el granizo mató trescientos pollos de un granjero. Hay quienes dicen que las ciudades quedaron sin pájaros.

En Paraná un nenito de cinco años fue sorprendido por un pitbull que le destrozó la cara. Escucho al padre que está en el hospital San Roque y dejo de poder comer. Las noticias no sé por qué acompañan las comidas. Siempre son malas y siempre las miramos mientras nos alimentamos. Como si de a poco y sin pensarlo nos fuésemos acostumbrando a tragar injusticias y maldades. El perro apareció de la nada por la zona en la que el nene siempre andaba jugando con otros chicos. Ahora está internado sin parte de una oreja, del mentón y la boca. Dice el papá que los médicos le dijeron que tenían que sacarle carne de otro lado para rellenarlo, habla con las palabras que entiende, con la cara desencajada él también. El dueño o dueña del perro no aparece. Se esconde, no da la cara. ¿No es acaso esa actitud la de ser una bestia?

Nota Belen Zavallo Puma.jpg

Los animales actúan como lo que son.

Una vez tuve un pinscher, un perrito diminuto que fabricaron mezclando genes de doberman y chihuahua, estaba saliendo a trabajar desde la casa de mis padres, el perro se escapó y en la esquina un auto sin querer lo chocó. Del miedo mi perro herido se metió en una casa que tenía la puerta abierta porque también el chico que vivía ahí, salía hacia la misma escuela a la que iba yo. Teodoro, mi perro, gemía en un rincón de la casa, me acerqué desesperada a agarrarlo y me ensartó sus dientes que pinchaban como alfileres. Me traspasó el dedo y terminé en la guardia. A él lo pudo sacar el veterinario que lo envolvió con una frazada. Quedó un día internado. Recuerdo haber llorado por cómo iba a pasar la noche sin estar con nosotras. Mi hija dormía con él entre sus piernas. El Teo le calentaba los pies como una bolsa de agua caliente. Me había mordido porque era lo único que podía hacer frente al dolor y a su instinto. Mi perro criado como bebé iba a ser perro delante mío y de cualquiera ante una situación que lo amenazaba y descolocaba de sus huesos.

En el libro Animal de invierno del peruano José Watanabe hay un poema que se llama El lenguado. La voz poética asume la del pez o bien a través del lenguaje poético que siempre despliega su magia, podemos escuchar al animal.

Soy

lo gris contra lo gris. mi vida

depende de copiar incansablemente

el color de la arena,

pero ese truco sutil

que me permite comer y burlar enemigos

me ha deformado. He perdido la simetría

de los animales bellos, mis ojos

y mis narices

han virado hacia un mismo lado del rostro. soy

un pequeño monstruo invisible

tendido siempre sobre el lecho del mar.

Las breves anchovetas que pasan a mi lado

creen que las devora

una agitación de arena

y los grandes depredadores me rozan sin percibir

mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo

como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy

una palada de órganos enterrados en la arena

y los bordes imperceptibles de mi carne

no están muy lejos.

A veces sueño que me expando

y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande

que los más grandes. Yo soy entonces

toda la arena, todo el vasto fondo marino.

Todo el libro recorre distintas especies, desde las más insignificantes hasta con(fundir) una leona con el sol. Recuerdo ahora otro poema que se llama Acerca de la libertad y habla de soltar pájaros, de darle el derecho a morir sobre el viento.

En la literatura siempre encuentro las formas de entender el mundo por fuera de ella. Con la poesía me sumerjo en lo inexplicable.

Las comunicaciones estallan en fuego y

transparencia.

Sólo nos queda el puente del olor del

infinito.,

la pasarela para el tigre de los sueños.

Francisco Madariaga

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