Mauricio Macri y su equipo elaboraron otro plan económico. En la recta final de su primer mandato en la Presidencia, y tras la corrida cambiaria que nos movió la estantería, el Gobierno nacional recalculó y se juega todo con su nueva política económica y financiera, que tiene como principal eslabón la vuelta al Fondo Monetario Internacional -FMI- a través de un histórico préstamo.

El plan final ya se pone en marcha. Para Cambiemos, luego del shock cambiario -con devaluación del 21%, tasa al 40%, pérdida de reservas y recrudecimiento de la inflación-, es momento de replantear los objetivos y pisar el acelerador. "El gradualismo necesitaba de financiamiento", explicaron. No obstante, hay algo que no cambia: la receta sigue siendo el ajuste.

"Las turbulencias financieras internacionales, sumadas a la sequía, dejaron a la Argentina en una situación de fragilidad", argumentaron en relación a la vulnerabilidad del país y la necesidad creciente de dólares para sostener las cuentas nacionales. Lo cierto es que la administración de Macri deja atrás una serie de promesas y avanza con otras medidas, al ritmo del FMI.

Más deuda

La deuda que la Argentina toma con el FMI asciende a 50.000 millones de dólares, por un período de 36 meses. Se trata de un crédito Stand By, el más grande de la historia para el organismo, por el cual se realizarán desembolsos periódicos conforme la necesidad de financiamiento, que implica unos 30.000 millones de dólares anuales para hacer frente, sobre todo, al pago de intereses de deuda externa.

A esto se suma el endeudamiento con otros organismos multilaterales de crédito, que totaliza unos 5.650 millones de dólares. Son nuevas líneas de crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo -BID-, el Banco Mundial -BM- y CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, a desembolsarse durante los próximos 12 meses.

El flamante blindaje exige una flotación del tipo de cambio, por lo cual la devaluación queda subsumida al "libre" juego de la oferta y demanda. Justamente, es otro de los signos de credibilidad que lanzó el Gobierno al mercado, ante la pérdida de confianza de los inversores y la caída de las expectativas por la sustentabilidad de la Nación.

Más ajuste

Lo concreto por otro lado es que, ante este endeudamiento, la Nación elaboró un programa económico de ajuste más rígido, que apunta a reducir el déficit a 2,7% del PBI para este año, al 1,3% para 2019 y así llegar al equilibrio fiscal primario en 2020, incluso con la intención de que para 2021 se alcance el superávit del 0,5%. Esto representaría un recorte del gasto del 3,1% durante tres años, que podría oscilar dependiendo del nivel de ingresos.

Volver a pedirle dinero prestado al FMI representa sólo para 2019 un recorte de 200.000 millones de pesos. Claramente, habrá puntos sensibles aún no revelados que la gestión tocará. De igual modo, para decir que el organismo es otro al de su propia historia, destacaron que el plan incluye explícitamente el monitoreo de indicadores sociales y, por primera vez, "una salvaguarda para proteger a los más vulnerables".

A pesar de ciertas incertidumbres, el ajuste tiene algunos ítems confirmados, como la baja de la obra pública -que sentirán las provincias al tener que asumir con fondos propios el nivel de actividad-, el achique del Estado a través de gastos superfluos, la reducción de la planta de trabajadores públicos y la eliminación de subsidios a los servicios, que significará otro duro golpe al pueblo y a las pequeñas y medianas empresas.

Lebac y Banco Central

La autonomía del Banco Central ha sido vapuleada y con ello su credibilidad. Por ello, la Nación preparó un proyecto de ley para modificar la Carta Orgánica. El punto más relevante si uno analiza el contexto histórico de la economía argentina es el que refiere a la intención de frenar el proceso inflacionario vía emisión. Así, se busca terminar con el financiamiento directo e indirecto al Tesoro, que desfinanció al BCRA y desvirtuó su naturaleza.

El fin de la bicicleta de las Lebac es otro punto clave, que significó el talón de Aquiles de la corrida cambiaria a raíz de la acumulación insostenible de títulos e intereses a pagar que se incrementaron con el objetivo de esterilizar los pesos que debían emitir por el fenomenal endeudamiento externo y la llegada de fondos golondrina que aprovechaban el carry trade.

Para frenar esta oleada de Lebac, a partir de este mes el Tesoro comenzará a cancelar anticipadamente las Letras intransferibles en poder del BCRA. La entidad utilizará dichos recursos para reducir el stock de Lebac y evitar que colapse el sistema. La estimación es que para mayo de 2021 se habrá recudido la deuda neta del Gobierno por un monto de 25.000 millones de dólares.

Asimismo, el Banco Central tendrá la autoridad ahora, según pregonan, para establecer las metas de inflación, con una anticipación de tres años, aunque reconocen que será en consulta con el Ministerio de Hacienda. Aquí se pueden tejer algunas dudas, ya que hasta el momento el discurso fue sólo un relato y en los hechos el poder adquisitivo se sigue derrumbando.

Más inflación

El Gobierno de Cambiemos cambió dos veces en seis meses las metas de inflación. Desde ayer, volvió a foja cero. Esto da cuenta de que su principal lucha en materia económica fue una política errada y otra falsa promesa para los argentinos, sobre todo para aquellos que confiaron y depositaron su voto pensando en que el famoso cambio iba a ser realidad y que la suba de precios iba por fin a terminar.

Nada de eso sucedió. El 28 de diciembre de 2017, en una polémica conferencia de prensa, cambiaron por primera vez las metas y prometieron un optimista 15% -con el que ataron las paritarias- que a mitad de año ya está a punto de cumplirse. Ahora, tras la vuelta al FMI, echaron por tierra esa promesa y borraron con el codo lo que escribieron con la mano.

Este año ya no hay meta de inflación. Incluso, reconocieron oficialmente que el índice será más alto al proyectado. Así, ante el pedido de poner objetivos más "realistas" -en sintonía con lo que dicen las consultoras y gritan los bolsillos de los trabajadores-, el Gobierno admite de manera tácita que este año la inflación se recrudeció y en diciembre próximo será más alta al 24,8% que cerró en 2017, según las cifras oficiales del Indec.

Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger confirmaron que recién para junio de 2019 se vuelve a fijar una meta estimada, de entre 20 y 22%, mientras que para diciembre del año próximo la intención es llegar al 17%, para 2020 al 13% y para 2021 al 9%. Ahora bien, si dos veces cambiaron la mira, ¿qué nos asegura que esta vez cumplan con las nuevas metas?

Menos crecimiento

"Después de este período de turbulencia, la economía volverá a crecer con fuerza", aseguró la Nación en el comunicado que difundió para sintetizar el nuevo plan económico y financiero. Lo cierto es que la crisis cambiaria y la aceleración del ajuste fiscal repercutirá de lleno en la actividad económica, por lo cual se espera un amesetamiento productivo.

En este contexto inflacionario y posiblemente recesivo, propios y extraños saben que el peligro es la "estanflación". De igual modo, el Gobierno se guarda esa cuota de optimismo y cree que para este año espera un 1,4% de crecimiento del PBI, aunque al FMI le garantizó al menos un 0,4% positivo, lo que prácticamente es nulo.

En este sentido, el desafío de aquí en adelante, y de seguro el más importante y menos debatido, es cómo revertir esta situación con mayor producción nacional. Hasta ahora, el eje transversal de la política es el ajuste, pero nada se dice de qué modelo productivo se pretende construir y qué sectores económicos hay que apuntalar, con financiamiento flexible, para que el crecimiento sea sostenido y genere mano de obra genuina, no precarizada ni flexibilizada. No puede seguir siendo más atractiva la renta financiera.

Incertidumbres

Queda menos de un año y medio para que Macri finalice su mandato y recién comienza la etapa con su nuevo programa económico atado al FMI, cuyo núcleo duro de ajuste fiscal está pautado hasta 2021. Evidentemente, el plazo excede a su Gobierno y esto abre las puertas a las dudas respecto del sostén del plan en caso de cambio de gobierno, aunque lo que sí continuará será el pago de la deuda.

Durante todos estos meses, quienes pagarán parte del ajuste serán las provincias, que deberán asumir menos recursos para brindar los servicios necesarios y hacer frente a los proyectos de obra planificados. El diálogo de Nación con los gobernadores será clave y en más de un caso habrá que renegociar el pacto fiscal que casi todos firmaron el año pasado. Barajar y dar de nuevo.

En este clima de incertidumbre, también quedan dudas respecto del destino de los dólares ante la política de endeudamiento externo del país y la vulnerabilidad del sistema en un contexto internacional movido. El miedo sigue siendo que los billetes terminen alimentando a la bicicleta y se fuguen, como recuerda la historia y viene sucediendo hasta ahora.

Si uno mira hacia el pueblo, el poder adquisitivo de las familias sigue en caída, expuesto por el recrudecimiento del proceso inflacionario. La quita de subsidios y el aumento de las tarifas seguirá impactando en los bolsillos y en las cadenas productivas. Así, los trabajadores deberán salir a la calle para defender el salario. Oficializado el fin del 15%, las paritarias vuelven a la escena política.

Pero eso no es todo. Dentro de las grandes discusiones pendientes, y que forman parte de esta oleada de ajuste, son las reformas laborales y previsionales que el Gobierno tiene en agenda. Son los dos puntos más sensibles y que permanecen latentes. Incluso, la reforma laboral es la más avanzada, con el objetivo claro de flexibilizar las condiciones para "generar puestos de trabajo".

Como anticipé en otras oportunidades, los tiempos que se viven son difíciles y el ajuste proyectado será más cruel. A esto lo sabe hasta el propio Presidente, que incluyó en el acuerdo con el FMI "una cláusula" de seguridad social ante cualquier shock en la Argentina. Nada tiene solidez. El "vamos viendo" desconcierta. El cambio prometido es más de lo mismo y en el mientras tanto hay que seguir bailando.

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