*Por Lic. María José Armándola - Licenciada en kinesiologia y fisiatria (Mat:939)

La guerra que llevamos adelante durante toda nuestra vida por la belleza y la salud -recordemos que son anverso y reverso de la misma moneda- suele enfrentarnos a todos tipo de batallas, algunas por tiempo indeterminado.

Y hay una de ella que tiene distintas etapas, porque se presenta de diversas maneras en diferentes momentos. Hablamos de los puntos negros, que son las dilataciones que aparecen porque se acumula sebo y queratina.

Todos sabemos por experiencia propia que suele ser difícil librarse de esos puntos negros. Muchas veces lo intentamos con la mano, en la mayoría de las veces sin tener mucho éxito.

En concreto, nos enfrentamos a dilataciones del folículo piloso que se localizan sobre todo en la conocida como 'zona T' de la cara, así como en la espalda, y en el tórax. Estos, a su vez, se clasifican en 'microcomedones', los de menor tamaño; y en 'macrocomedones', definiéndose así a los de mayor tamaño. Su desagradable color negruzco obedece a que, al estar en contacto con el aire, estas sustancias se "oxidan".

Bien. Salgamos un poco de tanta teoría y vayamos a lo que nos pasa cuando nos aparecen estos temibles enemigos visibles que parecen enviados por el demonio para perjudicar nuestra belleza y disminuir el autoestima. Nada de eso. La única batalla que se pierde es la que se abandona.

Etapas.

Durante la adolescencia suelen prevalecer los de mayor tamaño. Esta etapa está marcada por la irrupción de granos, mientras que los más pequeños o 'microcomedones' suelen ser más tenaces y se obstinan en arruinarnos la vida en varias etapas.

Para formular una guía para prevenirlos y eliminarlos, debemos saber que estas dilataciones aparecen porque se acumula sebo y queratina, un hecho que está influenciado por las hormonas, y la mayoría de las veces depende poco si comemos huevo, chocolate o un churrasco.

Aunque siempre conviene no abusar porque en la dosis está el veneno. De manera que no debemos preocuparnos y más bien tenemos que ocuparnos de estos puntos negros. Los estímulos hormonales, mayores durante la adolescencia, son los responsables de aumentar tanto la cantidad, como el tamaño de los mismos. Persisten después de un brote de acné porque determinadas zonas del cuerpo, como la cara, la espalda y el pecho, hay gran influencia hormonal, además de ser las que tienen más grasas. A esto se suma que ciertas hormonas alteran la producción de glándulas sebáceas. Y así contado parece que la naturaleza y la biología se han confabulado para estar en entre nosotros. Ni tanto ni tan poco. Hay que actuar. Veamos.

Cómo evitar su aparición

En cierta medida, se puede reducir el tamaño y el número de los puntos negros con una higiene facial profunda, que consiste en: Limpieza de cutis, puntas de diamante, exfoliación, extracciones ( si es necesario) pool de activos, radiofrecuencia y mascarilla descongestiva utilizando productos que regulen la secreción sebácea, con cierta acción queratolítica. No es aconsejable “toquetear con las manos”, aunque sabemos lo difícil que es no tocarnos la cara. Sólo se debe intentar su extracción a través de manos expertas, por un profesional estético y siempre bajo condiciones higiénicas determinadas.

Consejos para su desaparición

No sólo aparecen en pieles grasas como se suele pensar, también pueden aparecer en pieles deshidratadas, ya que es una cuestión de oxidación del sebo, y no tanto del tipo de piel. Y en estos casos, suelen ser pieles que al exfoliarlas se irritan con facilidad y además de no conseguir eliminar los puntos negros, pueden enrojecerse y presentar otras alteraciones.

La rutina para tratar y eliminar los puntos negros no puede consistir únicamente en una exfoliación (porque muchos dicen: “Me aplico esta técnica y no se me van”).

Hay otros puntos clave: Higiene, extracción, hidratación y tratamientos específicos cosmetológicos complementarios dependiendo el tipo de piel. Lo importantes es mantener la piel limpia, utilizando productos que no sean muy abrasivos.

Cuando aparezcan estos minúsculos enemigos visibles, no hay romper el espejo; alcanza con romper los prejuicios y asistir a un profesional acreditado y confiable.

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