La imagen es clara: Walter Ceferino Nadal (43) está reducido, rodeado de seis policías. Uno de los de civil le apoya la rodilla en la espalda primero y después le pega un pisotón, también en la espalda. Ceferino se queja: “Yo no hice nada; que me revisen que no tengo nada, ¡revisame!”. Mientras tanto, una mujer bicipolicía, con casco, le da una patada.

Ocurrió este miércoles a las diez de la mañana en pleno centro de Tucumán, a tres cuadras de la Casa de Gobierno. A la noche, cuando aún no se habían vuelto virales los videos y las fotos, la Comisaría 1ra. de Tucumán informó que “el ladrón se infartó mientras trataba de escapar y murió” y la causa fue caratulada como “muerte dudosa”. Pero horas después, todo cambiaría.

La autopsia que recibió la fiscal Adriana Giannoni determinó que la causa de muerte de Nadal fue por asfixia.

"Eran dos los bicipolicías que lo redujeron. Uno de ellos tenía su rodilla en la nuca. El hombre que estaba en el piso le decía: ‘Me falta el aire, me falta el aire’. El policía le pedía que se callara diciendo que ‘no fuera cagón’".

Según la información policial, las agentes Jessica Gómez, Diana Suárez, Claudia Vizcarra y el oficial Cristian Fernando Gómez estaban en un operativo para dar con un sospechoso. Sobre calle Las Heras se encontraron con los agentes Josué Molina y Melanie Mariel Caliva, quienes ya tenían reducido a Nadal.

El hecho ocurre en una provincia aún convulsionada por el caso Luis Espinoza (31), el peón rural asesinado de un tiro en la espalda por policías tras un operativo en un evento de carreras cuadreras en Simoca. El cuerpo de la víctima fue arrojado por un barranco y abandonado por los agentes en la provincia vecina de Catamarca.

Por el caso Espinoza se ordenó la prisión preventiva para nueves policías y un civil, todos imputados por "privación ilegítima de libertad seguida de muerte y desaparición forzada de persona" en perjuicio del trabajador.

También, según las imágenes y el reporte de algunos testigos, se emparenta con el caso se conmocionó al mundo en plena cuarentena por el coronavirus. El crimen de George Floyd, el afroamericano asesinado en Minneapolis, Estados Unidos, por un policía blanco que lo asfixió con su rodilla.

La familia de Nadal, que había pasado 18 años preso por una condena unificada por robos agravados, se movió y empezó a buscar testigos del hecho. Hasta el momento se presentaron a declarar tres personas. Todos contradicen la versión policial.

Como es una zona céntrica, los familiares confían en que las cámaras puedan esclarecer lo que pasó. Uno de los testigos habría declarado que Ceferino gritaba que le faltaba el aire, cuando un bici policía apoyó su rodilla en la nuca de Nadaly le decía “que no fuera cagón”.

“Dicen que estaba hurtando en un comercio, pero no hay denuncia de robo, ni víctima, ni se secuestró algún objeto que lo comprometa. Existe un sector policial que lo acosaba constantemente; en especial algunos efectivos de la Comisaría 1”, cuenta Benito Allende, abogado de la familia de Nadal.

El caso más concreto de lo que afirma ocurrió el 16 de febrero pasado. Ese día Ceferino había sido detenido por policías, y fue trasladado a la Comisaría 1ra., que tiene jurisdicción en el centro de la ciudad. Un día después, la mujer de Ceferino presentó una denuncia. “Fui a verlo y cuando me entregaron su ropa sucia vi que estaba todo ensangrentado. No me dejaban verlo. Ahí me puse a gritar ‘no quieren que lo vea porque le pegaron, miren la remera’. Mi marido me escuchó y gritó desde la celda que le habían pegado, y me pidió que llame a su abogado. No tengo idea quién estuvo de guardia ayer (jueves) pero inmediatamente me vine a realizar la denuncia, por lo que solicito que sea revisado por el médico forense”.

Según su abogado, de ese episodio se abrió una causa por “Apremios ilegales y Vejaciones en la Fiscalía Criminal 2”. Y agrega: “La última causa que le armaron fue por un alcohol en gel. Lo llevaron a la Comisaría 1ra. y como no había elementos de prueba, lo largaron a las horas. Fue una semana antes del Día del Padre. Era una persecución constante. Querían sacarle dinero a cambio de no armarle causas”.

“Aquella vez le rompieron toda la parte de arriba de la dentadura. Un policía lo vio, dijo ‘miren quién es’ y le pegó una patada en la boca. Siempre me contaba que cada vez que la Policía lo cruzaba, lo llevaban”, dice Luis Nadal, hermano de Ceferino. Luis reconoce que la víctima hurtaba en comercios del centro de Tucumán. Pero aclara lo obvio, que no era para matarlo.

Según le contó un testigo, en el hecho que le costó la vida, a Ceferino habrían dejado de pegarle cuando un capellán evangélico se acercó a pedirle a los policías que no lo golpearan más. “¿Quién sos para meterte?”, le habría preguntado uno de los policías que lo golpeaba en el piso. Al mostrar su credencial de capellán, dejaron de hacerlo. “No puedo respirar”, le contó que decía Ceferino, que ya se había orinado. “Cuando entramos a despedir al cuerpo de mi hermano vimos que tenía marcas en la frente, los tobillos y la cara. Pero no nos dejaron sacarle fotos”, concluyó.

Fuente: Clarín

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