La despedida para la misión Mundial de Rusia 2018 ya había sido conmovedora, en El Campín, de Bogotá, mítico escenario del fútbol colombiano. Plantel, cuerpo técnico encabezado por José Pekerman, hinchas y hasta el cantante Maluma, que compartió algún tema con Juan Fernando Quintero, para muchos, el nuevo James Rodríguez. Pasó el Mundial, la selección cafetera cayó por penales, en los octavos de final frente a Inglaterra, y el reencuentro, en el mismo escenario, resultó igual de cálido.

La recepción en el aeropuerto, el traslado con muestras de afecto y carteles con mensajes como "50 millones de gracias" y "ustedes son ejemplo". Unas 30.000 personas desafiando la lluvia en las horas previas y diciendo presente en el estadio. El grito de "Pekerman, Pekerman, Pekerman" atrona. Con 68 años, visiblemente emocionado, José, con la camiseta N° 9 de Radamel Falcao, agradece eternamente. No le fue mejor que en Brasil 2014, donde se despidieron en los cuartos de final, pero eso poco parece importarle a la gente. Que valora. Que sabe lo que tiene. Y lo respeta.

Es el mismo Pekerman al cual buena parte de la Argentina le sigue enrostando que no puso a Lionel Messi por Hernán Crespo en el segundo tiempo del partido con Alemania, por los cuartos de final del Mundial 2006. Que lo dejó en el banco y cometió la supuesta herejía de elegir a Julio Cruz para el cambio. Una decisión por lo menos debatible: el argumento de Pekerman fue que necesitaba un punta alto para defender las pelotas paradas en los últimos minutos (1,90m contra 1,70m de Messi). La Argentina se imponía 1-0 cuando el entonces DT de la selección que no gana un título desde hace 25 años dispuso la variante de delanteros.

Es el mismo Pekerman que le dio los mejores años a la Argentina en materia de formación de juveniles, ganando 5 títulos mundiales Sub 20 (1995, 1997, 2001, 2005 y 2007). Pero por sobre todas las cosas, forjar personas y deportistas y nutrir a la selección mayor de variantes que llegaron hasta Rusia 2018. Mucho tiempo después de su adiós.

Pekerman vuelve a Colombia y la gente lo ovaciona y le agradece. Vuelve de día. A la luz de todos. Su equipo quedó eliminado en los octavos de final. Igual que la Argentina frente a Francia y sin llegar a los penales. Al equipo de Jorge Sampaoli lo despidió un amistoso con Haití en la Bombonera, con las ilusiones lógicas que genera tener a Lionel Messi en el plantel. El plantel ya no volvió en el fastuoso avión rentado por la AFA: apenas un jugador de los 23. Sampaoli regresó solo y de madrugada. Ni siquiera, imaginariamente hablando, estaba José Sacristán para darle una palmada en la brumosa noche de Ezeiza.

Diferencias que marcan y hablan por sí solas. Como aquel festejo de Tite, DT de Brasil, corriendo 40 metros para ir a abrazarse con los jugadores tras el segundo gol a México, el de Firmino, por los octavos de final, que contrasta con el festejo en solitario de Sampaoli en el agónico gol de Marcos Rojo frente a Nigeria: los jugadores fueron para un lado y el técnico para el otro. Solo. Siempre solo.

El Maestro Oscar Washington Tabárez es reverenciado por sus jugadores y por el mundo del fútbol. A los 71 años, sigue dejando su impronta, con o sin bastón. Su ejemplo va más allá de todo. A Sampaoli los jugadores ni siquiera le agradecen por Instagram, red social por la cual muchos futbolistas de su plantel han expresado por estas horas su gratitud al público, cocineros, fisioterapeutas, masajistas y hasta personal del predio que ocuparon en la lejana Bronnitsy. Ni un "chau" para el oriundo de Casilda, al cual la AFA fue a buscar, echando a Edgardo Bauza, por pedido propio de Messi. Un cambio que costó y seguirá costando millones, con nula productividad en presente y futuro.

Afloran videos en cada Mundial de caravanas de hinchas en Bangladesh con la camiseta argentina. De los tiempos de Diego Maradona hasta los de Messi. Lo mismo pasa en la India y en Nepal. Suena a paradoja, pero a veces pareciera que tenemos más hinchas afuera que adentro. En algunas circunstancias, bien causales.

En las últimos días afloró una tarea de desgaste a Sampaoli para no pagarle la millonaria rescisión de su contrato. Se ventilan detalles de la inversión logística que se hizo. Se busca incomodarlo más que los propios desplantes de Messi y compañía. Que se vaya por la puerta de atrás, en concreto. Es la AFA de Claudio Chiqui Tapia, el mismo que dijo tener "al mejor jugador del mundo" y al "mejor DT del mundo". La creme de la creme. Tapia, en rigor, fue la cabeza del papelón en Rusia. ¿Se va también Tapia de la AFA entonces? Eso no parece estar en discusión hoy por hoy. Llamativo.

Volvemos a El Campín. A Pekerman, uno de los escasos aciertos de la eterna gestión Julio Grondona. Al lento proceso de autodestrucción en el que cayó el fútbol argentino desde que se interrumpió su obra formativa de juveniles. El mundo lo admiró y hasta lo copió en algunos casos. Colombia se pone de pie para agradecerle. Con respeto. Quizá nunca sea campeón del mundo, pero sabe valorar. Y esa es una copa que la Argentina sigue lejos de poder levantar con orgullo.

Fuente: La Nación.

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