Rodrigo (20) se abre paso empujando su carro de libros por Playa Gande. Unos van haciendo equilibrio y otros son sostenidos por cuerdas y elásticos. Después de 50 metros de esquivar partidos de fútbol-tenis, de alguna frenada intempestiva porque se cruzó un nene, la librería rodante para. Siempre en la orilla, porque la arena está dura y es más fácil andar, siempre con el agua del mar mojándole los pies como premio al esfuerzo de cargar co esa estantería bajo el sol.

Los que se acercan cumplen casi todos con el mismo ritual. Se paran primero a un metro del carro, leen algunos títulos de lejos, dan un paso, estiran el cuello y fruncen el seño como intentando dilucidar alguna portada. Es Rodrigo, con la cara transpirada, el que con un “por favor agarre y mire, no hay ningún problema”, les termina de dar a todos el último empujón hacia adentro de su librería ambulante.

“Mi papá que lo hace hace 15 años y yo arranqué el año pasado por mi cuenta", le dice Rodrigo a Infobae, que acaba de inaugurar su segunda temporada en el rubro. Cada algunos segundos, un acto reflejo lo hace mirar al horizonte. Una lluvia inesperada que para el resto podrá ser un día de playa perdido, a él podría costarle mucho más. Mientras hablaba, se acercaron al carro dos amigas de Tucumán de vacaciones, María (19) y Lucía (19).

“No soy de tener autores favoritos, la verdad es que leo lo que venga, por lo general le pido recomendaciones a mi papá porque me gusta mucho el estilo que tiene, pero también pido que me recomienden”, cuenta Lucía que sostiene en la mano un ejemplar de Paulo Coelho. Sin embargo no sabe si lo va a comprar. “No vine principalmente a leer”, revela con una risa.

Su amiga María en cambio se acercó al carro a buscar a un autor en particular, según los vendedores “lo que más lleva la gente”: Gabriel Rolón. “Estudio psicología y me lo habían recomendado mucho”, comparte.

“Desde que era chiquita mi papá nos llevaba a la librería y nos decía que nos elijamos un libro. Siempre teníamos un libro en las vacaciones”, agrega, sobre los orígenes de ese impulso que la hizo redoblar el paso y acercarse al carro.

“Todos no los podés leer, algunos sí y otros es la gente la que te comenta y vos un poco eso lo usás para decírselo a los demás”, confía Rodrigo, en el momento en que un joven de lentes se acerca con confianza, sin ritual, y empieza a revisar ediciones. “Él viene siempre desde hace tres días y a veces le cuenta a la gente de qué tratan los títulos”, dice el vendedor.

Gaspar Rodríguez(27) es de Mendoza pero desde hace tres años que estudia psicología en Buenos Aires. Está en Mar del Plata con tres amigos mendocinos. Con una mano pasa libros y con la otra sostiene un vaso de plástico en el que hay gaseosa y vodka.

“Estaba mirando Los Padecientes de Rolón, que es el único de los últimos que me falta. Empecé a leer hace mucho tiempo El lado B del amor y desde ahí conseguí todos sus libros”, asegura. Y suma en ese momento un dato trascendental para el éxito de la librería móvil, pero que nadie mencionó hasta el momento: “en una librería común está más caro".

Los más vendidos tienen un precio de entre $400 y $500.

El carro no es la única forma de vender libros durante la temporada. Arriba, sobre la rambla, hay casi por cada playa un puesto. Una mesa de madera sostenida con caballetes o la estructura de un puesto de diarios devenido en estante, en la que se venden libros. A la altura del Torreón del Monje está el de Mariel (20).

“Hace más o menos un mes y algo que estoy, soy de Mar del Plata y en verano trabajo acá”, repasa ella, antes de poner en común una de las cosas que más le llamaron la atención en la que es su primera experiencia en el rubro: “Me sorprende la cantidad de gente que lee y compra libros”.

Además del carro a la orilla del mar, sobre la rambla marplatense hay puestos de libros trabajando de 9:00 a 20:00 siempre que hay sol

“Algunos me piden recomendaciones y yo lo que les recomiendo es Rolón, que es lo que más se vende”, admite. Inclusive a ella la contagió la demanda y en el mes que lleva atendiendo ya leyó dos libros del psicoanalista, Los Padecientesy Palabras Cruzadas.

Como los churros o el helado, el choclo o la gaseosa, los libros pusieron los pies en la arena y parecieran haber llegado para quedarse. Ya sea para ojos expertos o para los que la playa los incentiva a la aventura de un libro, hay un título para cada uno. Y a mitad de precio.

Fuente: Infobae

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