Nuestra basura en sus hogares: aves que construyen sus nidos con despojos plásticos.

La contaminación por residuos plásticos es hoy considerada un problema ambiental crítico. Ésta se identifica ─junto al cambio climático─ como un problema emergente que impacta fuertemente sobre el medioambiente (reduciendo su biodiversidad y valor estético), sobre la economía (menguando, por ejemplo, al turismo y causando inundaciones al tapar desagües, represas, etc.), y sobre la salud humana (contribuyendo a la propagación de enfermedades, contaminación del suelo, agua y aire). A pesar de esto, el conocimiento científico sobre cuán extendida está este tipo de contaminación en la región, así como sobre cómo impacta sobre la fauna y flora nativa, es aún escaso.

En ese sentido, un grupo de investigadores del Conicet (INALI, Santa Fe) nos propusimos rectificar esta tendencia, abordando el impacto ambiental que los plásticos producen sobre el medioambiente y biota, particularmente sobre el río y los humedales del Paraná. Las aves no son una excepción, por el contrario, son uno de los grupos más fuertemente afectados por la contaminación que nuestra propia basura e indiferencia genera.

Por ejemplo, el Espinero Grande (Phacellodomus ruber) es un ave nativa que habita zonas ribereñas muchas veces aledañas a ciudades. Lamentablemente, esta especie no escapa al impacto e influencia de la tremenda cantidad de basura generada por las urbes (llamada residuos sólidos urbanos). La cual, debido a su mala gestión municipal, acaba esparcida por el medioambiente natural, particularmente sobre el río, arroyos y lagunas del Paraná.

Al estudiar los nidos del Espinero Grande y analizar en detalle su composición y estructura, nos encontramos con que más del 90 % de la cámara de incubación (lugar donde se incuban los huevos y desarrollan los pichones en sus primeros estadios) está compuesta por basuras plásticas de todo tipo: fragmentos de bolsas (polietileno de baja y alta densidad), de gomaespuma (poliuretano), de guata sintética (poliéster), tanzas de pesca (Nylon), colillas de cigarrillo (acetato de celulosa), etc. Tristemente, los resultados del estudio en cuestión, recientemente publicado en la revista científica Environmental Science and Pollution Research, justifican sobradamente el título de la presente columna. Otro de los notorios hallazgos del estudio científico, fue comprobar una preferencia por parte de esta especie por recolectar y utilizar basura por sobre materiales de origen natural (vegetales secos), sugiriendo un cambio de hábito y comportamiento como consecuencia de nuestro desdén y negligencia en el manejo de la basura.

Y el problema se agrava. Esta especie se caracteriza por utilizar muchos años un mismo nido, incluso su propia prole puede utilizar el mismo nido al crecer, “heredando” basura de generación en generación.

Algunos de los efectos negativos del uso de basura para la construcción de los nidos son un aumento en la temperatura del nido cuando las aves usan piezas de bolsas de plástico (debido a su baja capacidad como aislante térmico), lo que afecta seriamente el desarrollo del embrión, disminuyendo la tasa reproductiva. Otro efecto negativo es un aumento en la depredación por parte de predadores naturales, dados que los nidos quedan visualmente expuestos a causa de lo llamativo y extravagante del material plástico (generalmente colorido y brillante). También es esperable una disminución en la supervivencia de los pichones al ingerir accidentalmente fragmentos plásticos del interior del nido o, incluso, al quedar enredados y atrapados en éstos hasta su deceso.

En síntesis, el Espinero ve al plástico como un recurso útil para construir su nido, lo que lamentablemente no percibe es el peligro al que se expone al hacerlo. A este nivel de apatía ambiental hemos llegado: nuestra basura en sus hogares.

Por Dr. Martín Blettler (Biólogo, Investigador del CONICET)

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