El dólar volvió a trepar, alcanzó un nuevo récord por arriba de los 34 pesos y sorprendió para mal a propios y extraños. Sin embargo, es apenas la punta del iceberg, que pone en evidencia un problema mucho más grave de la Argentina: el desacierto de las políticas económicas y financieras del Gobierno de Cambiemos. Con los papeles quemados, otra vez surge la pregunta que con desazón todos nos hacemos: ¿a dónde termina esto?

El panorama ya se venía presentando sombrío en el país, con indicadores oficiales y privados de actividad e inflación letales. La estanflación estaba entre nosotros y ahora se sigue profundizando. El escenario internacional también ya se presentaba adverso, con una reestructuración del plano geopolítico que hace caer a las monedas del mundo. Pero en este concierto, los errores propios se pagan y caros.

El discurso de este miércoles de Mauricio Macri, donde confirmó la necesidad de más dólares -en medio de una fenomenal fuga de divisas- y la dependencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), fue para todos un "sincericidio". Lejos de contrarrestar la falta de credibilidad que lo golpea y fuerte, aumentó la intranquilidad de los mercados. Así, la desconfianza de los grandes inversores, muchos de ellos amigos, se multiplicó de tal manera que generó una nueva corrida cambiaria.

El escepticismo por el equipo económico de la administración nacional ya no se esconde y soplan vientos de un nuevo cambio. Hasta sus propios analistas, economistas y funcionarios miran con asombro que ninguna receta funciona. Lo peor aún es que incluso comienzan las dudas entre ellos mismos si detrás de toda esta crisis hay alguna mente macabra que, en definitiva, era lo que buscaba para sacar una gran tajada.

No es menor que la desconfianza crezca, al ritmo del riesgo país, y haga perder la brújula del verdadero rumbo que alguna vez propuso el Gobierno. No es menor porque la renegociación de la deuda con el FMI pone blanco sobre negro respecto de que ni las políticas de ajuste ejecutadas por el Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne son suficientes. ¿No era, acaso, la solución? Si se siguió hasta ahora al pie de la letra los condicionamientos del organismo internacional, ¿qué pasa que sigue fallando?

La respuesta inmediata que trascendió luego de este nuevo cimbronazo es la estrategia comunicacional que pondrán en marcha para llevar tranquilidad, reconstruir la confianza y dar muestras de certidumbre respecto del plan de gobierno. Básicamente, ponen las fichas en intangibles de la economía y las finanzas que se siguen rompiendo. La pregunta es: ¿están dispuestos a aceptar otra reparación? ¿Volverán a creerles?

Lamentablemente, la crisis existe y no hay eufemismos que la disimulen, con el agravante de viejos fantasmas que resurgen. Otra vez, la incertidumbre reina por estos días en el país; se siente y mucho en la población, sobre todo en los más vulnerables que eternamente pagan los platos rotos. La situación es grave y por eso hoy volvió a ser el tema central de los medios. Esta vez, no hay cuadernos "Gloria" que tapen lo que a todos ojos es un fracaso.

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