En los últimos dos años el mundo ha atravesado una situación sin precedentes, generando cambios significativos y nuevos hábitos de trabajo que transformaron el ámbito organizacional. Frente a este escenario, el principal desafío del management es, por un lado, conservar lo que funcionó en el pasado, y por el otro, reemplazar aquello que no dio resultado y/o se puede mejorar.

En este sentido, una reciente investigación del IAE Business School sobre “El futuro del trabajo” que reúne la opinión de líderes de la región, muestra que para adaptarse a estos nuevos cambios la habilidad más elegida (96% de los casos) fue la agilidad, que hace referencia a la capacidad de cambiar eficientemente, integrando variables para responder rápida y eficazmente a los desafíos del contexto actual. En segundo lugar, con 95% de nivel de acuerdo, aparece el liderazgo adaptativo como un factor clave, unido a la comunicación asertiva, tercera opción elegida por los encuestados con un 93% de acuerdo.

Al mismo tiempo, la encuesta Hopes and Fears 2021 de PwC, realizada a 32.500 trabajadores en 19 países, muestra una imagen de una fuerza laboral global de la cual el 77% están listos para adquirir nuevas habilidades o volver a capacitarse por completo, y al 49% les gustaría establecer su propio negocio. A su vez, el 80% confía en que puede adaptarse a las nuevas tecnologías en el lugar de trabajo.

Otro de los resultados que arrojó el estudio tiene que ver con una mayor exigencia por parte de los empleados a la comunidad empresarial y el impacto social. El 75% de los colaboradores a nivel mundial expresó su deseo de trabajar para una organización que "contribuya de forma positiva a la sociedad".

A la hora de gestionar el talento humano, resulta fundamental el factor emocional. La flexibilidad, el feedback constante y la inclusión, son algunos de los factores que se han vuelto imprescindibles para el cuidado de nuestros equipos de trabajo. Así lo pone de manifiesto otra de las conclusiones del estudio antes citado que demuestra que la construcción de vínculos mediatizados por lo digital, representa una oportunidad para fomentar la confianza en los equipos de trabajo, lo que llevará al líder a posicionarse como un facilitador y mentor al servicio de los demás, y le requerirá manifestar sus emociones de manera más abierta y empática.

En línea con esto, gran parte de las prácticas habituales del management han sido puestas en tela de juicio o quedaron obsoletas, marcando la necesidad de nuevos modelos de liderazgo.

En la actualidad, para liderar equipos de manera exitosa hay tres cualidades que son fundamentales y están interconectadas entre sí: En primer lugar, la lectura sistémica de los desafíos. Es muy importante mapear a todos los stakeholders, tanto los de fuera de la organización como los jugadores internos entre los cuales siempre hay tensiones. A través de una mirada sistémica se puede entender a los distintos actores sin estar sesgado por una mirada pre concebida y unidireccional, donde uno y su grupo más cercano piensan que el otro es el enemigo. Una mirada sistémica ayuda a tener un mejor diagnóstico de los desafíos a los que nos enfrentamos.

La segunda tiene que ver con tener un “estómago” que pueda sostener emociones y tensiones. Estamos frente a un escenario que demanda nuevos tipos de soluciones más rápidas, co-creadas, novedosas, diversas, sustentables e inclusivas. Ese tipo de soluciones requiere trabajar estas tensiones dado que hay valores que son de suma importancia para diferentes grupos, por lo que es necesario encontrar la manera de co- crearlas. El manejo de las tensiones y emociones es el mayor capital para llevar adelante este tipo de procesos y no quedar capturados por las reacciones espontáneas emocionales.

La tercera conecta las dos primeras y tiene que ver con anclar estas dos cualidades en un propósito común. Se habla mucho del propósito, del sentido, lo que se conecta directamente con lo que conocemos como la “misión” de una organización. Significa apropiarse, junto a quienes estamos llevando adelante, un desafío de un propósito común. Éste tiene que ver con inyectarle sentido y nutrir de significado al para qué hacemos las cosas.

El propósito debe ser, por un lado, pensado a largo plazo, pero además tiene que ser la brújula que todo líder debe usar en su día a día. La realidad actual, acelerada por los efectos de la pandemia nos pone frente al espejo de qué estamos haciendo con el propósito.

Estamos ante una nueva realidad en la que las organizaciones buscan cercanía, cuidando la salud y siendo empáticos con sus empleados. El management que se avecina requerirá una visión más humanista de cómo hacer negocios y cómo mejorar las empresas, con foco en el propósito.

Si bien es imposible que una persona pueda reunir todas las competencias requeridas para la silla de liderazgo, será clave construir un equipo talentoso, complementario y diverso para poder abordar los grandes desafíos que se presentan. A su vez, liderar los equipos de talento, será también un desafío en sí mismo.

Rodolfo Rivarola

Decano del IAE Business School, Escuela de Negocios de la Universidad Austral.

Fuente: Clarín

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