Según la Sociedad Argentina de Reumatología estima que, en todo el país, entre el 80 y 90 % de las personas mayores de 65 años tienen alguna manifestación de artrosis. Quizá esto para muchos implique un efecto médico que afecta a una población lejana o algún familiar mayor. Sin embargo, la cifra involucra a cerca de 2.300.000 de argentinos. Y todos ellos tienen un vector común que los atraviesa en mayor o menor medida: el dolor.

De allí que tanto los profesionales como la sociedad deben afrontar esta problemática con total responsabilidad trabajando en campañas responsables para evitar su irreversible presencia como en morigerar sus efectos una vez que llega.

Para el equipo que trabaja en CKEA, la artrosis es abordada en forma integral atendiendo el impacto físico que la enfermedad genera en cualquiera de sus estadios en los pacientes, como así también en los aspectos vinculados a lo terapéutico en relación con su mapa social. De este concepto nace nuestra premisa, que no es otra que trabajar responsablemente para mejorar la calidad de vida de los pacientes en una etapa muy importante de la vida que se extiende cada vez más.

Debemos decir, inicialmente, que la artrosis es una enfermedad crónica que afecta a las articulaciones. Normalmente, está localizada en las manos, las rodillas, la cadera o la columna vertebral.

Como factor común a las personas, la artrosis provoca dolor, inflamación e impide que se puedan realizar con normalidad algunos movimientos tan cotidianos como cerrar la mano, subir escaleras o caminar.

Todo esto genera en las personas sensación de impotencia y frustración que puede afectar su voluntad y que también deben ser tenidas en cuenta a la hora de su abordaje profesional.

Las articulaciones son los componentes del esqueleto que permiten la conexión entre dos huesos (como por ejemplo el codo, la rodilla, la cadera, etc.) y, por lo tanto, el movimiento. El cartílago es el tejido encargado de recubrir los extremos de estos huesos y es indispensable para el buen funcionamiento de la articulación puesto que actúa como un amortiguador.

Precisamente, lo que provoca la artrosis es el deterioro del cartílago articular provocando que los huesos se vayan desgastando y aparezca el dolor. A medida que el cartílago va desapareciendo, el hueso reacciona y crece por los lados (osteofitos) produciendo la deformación de la articulación.

Causas

La ciencia ha puesto mucha investigación en esta enfermedad tratando de dar cuenta tanto del origen como del tratamiento, y a la fecha no existen precesiones acerca de cuáles son las causas que producen la artrosis. Sin embargo, sí existen algunos factores de riesgo asociados a su aparición:

Edad: aumenta de forma exponencial a partir de los 50 años.

Sexo: afecta sobre todo a mujeres mayores de 50-55 años.

Genética: puede ser también una enfermedad hereditaria. En concreto, la herencia genética en el desarrollo de la artrosis puede llegar a ser hasta de un 65 %.

Actividad laboral: la repetición de los movimientos articulares puede llevar, a largo plazo, a la sobrecarga articular. Por eso, determinadas actividades laborales (peluqueras, albañiles, etc.), pueden provocar la aparición de artrosis.

Actividad física elevada: los deportistas de élite tienen mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Menopausia: la disminución de los niveles de estrógenos que se produce con la llegada de la menopausia es uno de los factores de riesgo para su desarrollo.

Obesidad: no parece participar en el desarrollo de artrosis, pero sí que puede agravarla en determinadas articulaciones como las rodillas.

Traumatismos: fracturas y lesiones pueden ser un factor desencadenante.

Síntomas

Las manifestaciones de la artrosis son muy variadas, progresivas y aparecen dilatadas en el tiempo.

Los síntomas más frecuentes son el dolor articular, la limitación de los movimientos, los crujidos y, en algunas ocasiones, el derrame articular. Además, algunas personas pueden presentar rigidez y deformidad articular.

El síntoma que más preocupa a las personas con artrosis es el dolor. En un primer estadio, éste se desencadena cuando se mueve o se realiza un esfuerzo con la articulación. Este dolor suele cesar con el reposo. Posteriormente, el agravamiento de la artrosis hará que el dolor aparezca tanto con el movimiento, como con el reposo.

Uno de los puntos buenos del dolor artrósico es que no siempre es constante, por lo que los pacientes pueden estar durante largos periodos de tiempo sin padecer dolor, lo cual no significa que la artrosis no siga su evolución.

Tratamientos

El principal objetivo del tratamiento en la artrosis es mejorar el dolor y la incapacidad funcional sin provocar efectos secundarios.

Para conseguirlo, se debe enseñar a los pacientes a evitar todo lo que contribuye a lesionar las articulaciones como el sobrepeso, los movimientos repetitivos, actitudes inadecuadas en el trabajo, el calzado, los útiles de cocina, el mobiliario, etc.

En segundo lugar, se aconseja que cada paciente tenga una rutina de ejercicios personalizada y adaptada que deberá realizar bajo la supervisión de su kinesiólogo de confianza para mejorar el curso de la enfermedad, siempre importante realizar sesiones de kinesiología en momentos de mayor dolor.

Por último, consultar con el reumatólogo el cual decidirá el tratamiento farmacológico adecuado para cada caso.

Nuestro consejo profesional es mantener un tratamiento responsable y respetar los lineamientos establecidos. Para los profesionales la artrosis requiere mucha atención, especial cuidado y una complementación con el paciente atendiendo su caso particular en su singular contexto familiar y social apostando a una vida normal y saludable.

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