Me uno al repudio contra ese cántico que tras ser prohibido, se ha instalado como una costumbre en las canchas: "Mauricio Macri, la puta que te parió". Lo rechazo porque pienso que si hay algo malo que decirle a alguien, una crítica para hacerle, incluso un insulto, no pareciera una sana costumbre tener que llamar "puta" a su madre. ¿No hay acaso algo malo que atribuirle a ese hombre en sí mismo -o a cualquier persona-, que tenemos que exteriorizar siempre su culpa, por lo que sea que haya hecho, en la mujer que lo parió?

Las palabras que utilizamos no son casuales, tienen un sentido que está arraigado en estructuras sociales subyacentes, y nuestra sociedad -esto se ha dicho hasta el hartazgo- es machista y patriarcal: entonces no importa si estamos intentando criticar a un varón, insultamos a la mujer, imprimimos ese sentido. Bueno, ya vendría siendo hora de reflexionar en serio acerca de los términos que usamos y que, cuanto más cotidianos son, más refuerzan el estado de cosas existente, ese que decimos que queremos cambiar. Sobre todo lo deberíamos desterrar las mujeres, comunidades LGBT y varones que intentamos ser feministas, o lo que es lo mismo, igualitarios.

Dicho esto, ahora bien, ¿es el presidente Macri un feminista, "el feminista menos pensado", como lo definió el último 8 de marzo Fabiana Tuñez, presidenta del Consejo Nacional de las Mujeres?

Probablemente no.

Al menos no, si atendemos a algunas de las frases emitidas por Macri en el propio acto por el Día Internacional de la Mujer, cuando afirmó que estaba allí "agradeciendo a todas las mujeres que han hecho que yo sea un hombre feliz, que esté acá, tratando de ayudarlas", es decir, poniéndose él en un lugar de superioridad, de hombre fuerte del que necesitan las mujeres -débiles- para lograr algo, y cuyo mérito es haberlo servido a él, como si el objetivo de una mujer fuera "hacer feliz" a un varón.

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También dejó ver cuál es el valor del género femenino para su gobierno, reduciéndolo a una cuestión económica de mercado, de fuerza productiva, al decir que “cada mujer que no logra desarrollar su potencial es una pérdida para todos”. Y lo acomodó enseguida: “No podemos permitir que una mujer gane menos. El salario igualitario tiene que ser una realidad”, acertó.

Hubo otros tramos mejor logrados y se anunciaron buenas políticas públicas de género, pero no, no iba por ahí, presidente. Por más marketing y maquillaje que haya, en el discurso se terminan colando la improvisación y espontaneidad que dejan ver los hilos que realmente operan por detrás.

HIJO DEL PATRIARCADO

Hijos del patriarcado somos todos. Y también Mauricio Macri. Pero sucede que no todos cumplimos el mismo rol social ni tenemos las mismas responsabilidades. Por eso es relevante, al menos, conocer cómo piensa y actúa alguien que debe conducir nuestros destinos y que dice hacerlo "para que estemos mejor". O en todo caso habría que preguntarse, ¿para que quiénes estén mejor?

En un reportaje que le hizo la revista Noticias en el año 2000, Macri confesó ser un machista, ya que provenía de "una familia machista". "Soy un machista modernizado, aggiornado", se autodefinió entonces, aunque no ahondó en el llamativo concepto inventado.

En la misma nota, de manera visionaria, el periodista le consultó si se veía como Presidente de la Nación y él respondió que sí. “¿Sandra sería la Ministra de Acción Social?”, le inquirió, en referencia a su única hermana, hoy fallecida, Sandra Macri. Respondió: “En una familia machista, una mujer no tiene otro destino que el de estar educando a sus hijos. No la veo en ningún gabinete”.

En ese mismo sentido, tres años antes, le había dicho a la prensa qué rol cumplía para él la mujer, cuando al referirse a su esposa de aquel momento, Isabel Menditegui, indicó que esperaba que “después de doce horas de trabajo, ella esté en casa”.

Al menos, en la actualidad Mauricio ya ve a la mujer como fuerza productiva del mercado capitalista...

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Ya siendo jefe de Gobierno porteño, todos recordamos cuando Macri se refirió a los que él consideraba "piropos" cuando estaba en boga un fuerte debate público acerca del acoso callejero. “En el fondo, a todas las mujeres les gusta que les digan piropos. La que dice que no, que la ofende, no le creo nada. No hay nada más lindo que te digan 'qué linda sos', por más que esté acompañado de alguna grosería, como 'qué lindo culo tenés'”, se había despachado entonces.

En ese momento, el periodista de una radio del sur le preguntó: "¿Usted es de andar piropeando a las mujeres?". A lo que el hoy presidente de los argentinos le contestó: "Bueno, ahora menos, porque mi mujer -suya, de su propiedad- me mata".

Además, cuando ocupaba ese mismo cargo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que dirigía tomó la decisión de cerrar la Oficina de Asistencia a la Víctima de Delitos Sexuales, supuestamente por "falta de presupuesto". En ese contexto, antes de que cortaran la transmisión de un móvil en vivo de TN, se pudo escuchar que Macri era consultado sobre esta medida y decía no estar muy al tanto del tema, pero que esas partidas presupuestarias "se pueden haber reasignado a otras áreas que son más importantes". O urgentes, agregaría yo, como las bicisendas.

Muchos también recordarán cuando durante la campaña presidencial del Pro, emitieron un spot en el que aparecía una nena de La Matanza, Sheila, a la que Macri sentó en su falda a la fuerza y tomaba de la cintura ante la evidente reacción de rechazo de la niña, mientras le decía repetidamente: "Ya te vas a aflojar, ya te vas a aflojar". En su momento, el audiovisual generó muchas críticas por la idea que imprimía. ¿Hay que decir cuál?

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Más acá en el tiempo, en octubre de 2015, cuando Macri presidente cursaba sus 55 años y la actriz y cantante Martina Stoessel, los 17, la mirada del mandatario se posó en el escote de la adolescente y una foto captó ese momento. La imagen de Mauricio frotándose las manos y con los dientes afuera, obviamente, se volvió viral. “La verdad que quedé embelesado”, atinó a decir después.

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Por si los ejemplos no bastan, al final de esta nota habrá algunas fotos más de otras situaciones, que las hay y muchas, algunas de las cuales fueron usadas para graficar esta columna.

En un reciente artículo de La Nación llamado Macri, de "latin lover" al "feminista menos pensado" se sostiene que "desde la Casa Rosada señalan a -Fabiana- Tuñez como uno de los motores del cambio reciente, que derivó en impulsar el debate sobre la despenalización del aborto y la legislación de género impulsada el 1 de marzo ante la Asamblea Legislativa. 'Ella le viene insistiendo a Mauricio sobre esa agenda desde hace mucho', sostiene un miembro del gabinete. En las reuniones de gabinete, la semana pasada, él explicaba las iniciativas que se iban a anunciar 'casi con el discurso de Fabiana', relata otro ministro".

Ojalá. Ojalá que la titular del Instituto Nacional de las Mujeres lo esté convenciendo, contagiando a Mauricio.

Ya sea por eso o porque es parte de una estrategia marketinera de Jaime Durán Barba, el feminismo deberá aprovechar el momento histórico que está cursando. Y que no se lo debe a ningún Mauricio Macri, sino a la propia lucha feminista, justamente, contra los Mauricio Macri, y el patriarcado que los parió.

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