El mundo del fútbol ya había definido la temática: se hablaría de Bocay de River durante dos meses. Así lo había establecido el calendario, con el cruce por la Superliga(derivó en el bodrio del 0-0 en el Monumental) y los choques por una semifinal de la Copa Libertadores. El morbo estaba asegurado. El día de la marmota en el los canales deportivos era una fija. Y todo en un contexto social y político delicado camino a las elecciones de del 27 de octubre. Todo estaba perfectamente previsto. Hasta que apareció Diego Armando Maradona.

Este jueves es el Día D. “Está en un 93% cerrado”, avisó Matías Morla sobre la chance de que Diego asuma en Gimnasia La Plata. ¿Cómo se cocinó esta posibilidad? ¿Cómo fue el camino entre la utopía y la realidad? ¿Qué debe pasar para que llegue el sí definitivo? ¿Y cuál sería el plan para que Diego vuelva a trabajar en el fútbol argentino?

Maradona no fue la primera opción de Gimnasia para reemplazar a Hernán Darío Ortiz. Hundido en la tabla de los promedios, el presidente del Lobo pensó primero en Eduardo Domínguezy después en Julio César Falcioni. Con ninguno pudo llegar a buen puerto. Las alternativas se fueron diluyendo y allí alguien sugirió el apellido Maradona. Lo creían imposible.

En paralelo el mundo, Diego seguía a su ritmo. El ex campeón del mundo descansa en una casa de Bella Vista. Allí se recupera mejor de lo previsto de la operación en su rodilla derecha. La semana próxima tiene pactado un encuentro con los médicos que lo trataron para determinar los pasos a seguir. Y por eso el entorno del "10" había deslizado que hasta no tener ese respaldo de los especialistas, no podría dar el OK.

Todo se precipitó cuando Diego se enteró del interés de Gimnasia. El deseo de un club argentino de contratarlo como técnico encendió el motor Maradona. Y aceleró a fondo.

Ahí empezó el tironeo. Ahí se viralizaron los rumores. Y en ese momento entraron en disputa el deseo más amateur de Maradona de estar otra vez pisando el césped de una cancha de fútbol con los negocios empresariales que siempre genera su impronta.

Otra vez es Christian Bragarnikel encargado de unir a Diego con un club. Fue el presidente de Boca, Daniel Angelici, quien hace un año había llamado a Bragarnik para avisarle que Maradona lo había llamado por teléfono para decirle que tenía ganas de volver a dirigir tras su etapa en los Emiratos Árabes Unidos.

Casualidad o no, Bragarnik un par de días más tarde recibió un llamado desde México, donde el representante sentó sus bases para luego expandirse en el fútbol argentino. Los dirigentes de Dorados de Culiacán buscaban un técnico. Y Bragarnik unió cabos.

Ahora encabezó la gestión con Gimnasia. Al mismo tiempo que Morla, abogado y amigo del Diez, veía la oportunidad como una de las tantas "bombas" a desactivar en la vida de Diego, Bragarnik convenció al presidente de Gimnasia que lo que parecía imposible era cada vez más probable.

Los sponsors se acercaron enseguida para darle cuerpo al asunto. Y, vale decirlo, en un contexto deportivo muy cuesta arriba, sin candidatos a sentarse en el banco que convencieran, con Pedro Troglio firme en Honduras, el efecto Maradona es una carta inteligente que Gimnasia puede ligar para cambiar el humor del club.

En la reunión que tuvieron el miércoles en Bella Vista, todo quedó allanado para que Diego firmara contrato con el Lobo, que está último en los promedios, a 11 puntos de Colón y Banfield, los últimos que por ahora se están salvando. Falta mucho, es cierto, pero el desafío es el más grande de su carrera como entrenador.

Fuente: Clarín.

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