Una terrible sequía azota a algunas zonas de Entre Ríos. La falta de agua perjudica notablemente a los cultivos, algunos de los cuales se han deteriorado al punto tal de que no podrán ser cosechados.

La dirigente agropecuaria Mariela Gallinger dialogó con el Nueve y explicó cuáles son las consecuencias de la falta de agua en la actividad agraria: "Lo que más preocupa es la falta de agua y las altas temperaturas en tantos días seguidos. En el caso de la soja se produce un estrés hídrico, que produce incluso la muerte de la planta. Urge una buena lluvia".

Cada planta que se muere y cada cosecha que se pierde acarrea grandes pérdidas económicas para los productores: "Es para llorar. La inversión que hacemos, en gran parte, la debemos. Y no se va a recuperar. Necesitamos que haya de una vez por todas un seguro integral, un fondo para este tipo de catástrofes".

Gallinger calificó a la actual campaña como "un año perdido", agregando que la soja se perdió en un 50% y que el maíz también ha sufrido los embates de la sequía: "Lo mismo con los tamberos. No puede hacer reserva y el pasto que hay se seca. Lo perdido ya está. Las plantas secas son como las células muertas en una persona. Faltó el agua mucho en esta campaña y estamos muy preocupados".

La productora apuntó contra las autoridades provinciales, solicitando colaboración: "Pedimos la emergencia agropecuaria, para que se tome en cuenta todo lo que vamos a padecer al no poder levantar la cosecha. Perdimos más de la mitad. En el maíz muchísimo también. Los rindes que estamos viendo son de 25 quintales, cuando si no se llega a 50 se pierde plata. Crespo y las aldeas estamos en esta situación".

Además del costo económico, existen otras consecuencias para este tipo de catástrofes: "Los posibles desarraigos que puede haber por los problemas en el campo. Vamos a tener que trabajar en conjunto con las cooperativas y ver el alcance".

Para que la cosecha no esté completamente perdida, de ahora en más se deberían registrar lluvias de 40 a 50 milímetros por semana, hasta mayo o junio: "Hace 31 años que vivo en el campo y no recuerdo haber vivido semejante sequía en dos cosechas juntas. Va a ser un año difícil. Estamos desesperados, el Estado debería declarar la emergencia y tener un seguro para cobrar los costos".

La dirigente aseguró que para ella, como para muchos, el trabajo en el campo lo es todo: "Vivir y trabajar la tierra es lo único que sabemos hacer. Acostarnos y levantarnos en el campo es nuestra vocación. No nos imaginamos vivir en la ciudad. Estamos muy desamparados. Nadie tiene la culpa de que llueva, pero en otros países esto se prevé y en el momento está la ayuda adecuada como debe ser. También es cierto que esto es una actividad comercial, y cuando los números no dan no queda otra que sacar a la familia e irse a otro lugar a vivir de otra cosa. Nosotros queremos que las familias se queden y evitar el desarraigo rural".

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