Los alimentos ultraprocesados ganan más espacio en la mesa de las familias latinoamericanas, alertó la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Asimismo, advirtió de que es ”preocupante el avance” en la dieta y sus efectos en la salud e instó a regular el mercado para revertir la tendencia. Este tipo de alimentos, junto a las bebidas azucaradas y la comida rápida, están reemplazando a las comidas caseras más nutritivas.

Los productos ultraprocesados suelen contener pocos o ningún alimento entero, son formulaciones industriales principalmente a base de sustancias extraídas o derivadas de alimentos, además de aditivos. Se incluyen entre ellos las bebidas gaseosas y otros jugos, bebidas azucarados, los snacks dulces y salados, los caramelos (dulces), los panes industriales, las tortas y galletas (bizcochos), los cereales endulzados para el desayuno, las barras de cereales, los productos cárnicos reconstituidos y los platos previamente preparados. Estos alimentos además de azúcares, aceites y grasas poseen sustancias también derivadas de alimentos, pero no usadas en la comida casera, como los aceites hidrogenados, los almidones modificados como es el jarabe de maíz de alta fructuosa ( JMAF) o los aislados de proteína, y aditivos como los potenciadores del color, el sabor y el aroma”.

Según el Código Alimentario Argentino el Jarabe de Maíz de Alta Fructosa (JMAF) es el producto obtenido de la hidrolisis del almidón seguida de procesos enzimáticos y de refinación. Definido como un líquido de baja viscosidad, cristalino, incoloro de elevado poder edulcorante está presente en múltiples productos de consumo diario.

El JMAF no existe como tal en la naturaleza sino que es el producto de la manipulación técnica del almidón del maíz. Es más dulce que el azúcar y su producción suele costar menos. Por sus propiedades es posible mezclarlo en casi cualquier preparación. Su uso es exclusivamente industrial y se encuentra en la actualidad en casi cualquier producto procesado que se ofrece y que forma parte de la alimentación al menos en gran parte de occidente.

El consumo prolongado de fructosa puede contribuir al desarrollo de Síndrome Metabólico, un conjunto de anormalidades metabólicas (obesidad, hiperglucemia, dislipemia, hipertensión arterial) que constituyen factores de riesgo para desarrollar enfermedad cardiovascular y diabetes. Dietas altas en azúcares simples como la fructosa promueven balances positivos de energía y mecanismos hormonales que conducen al sobrepeso y la obesidad. Se ha demostrado que altas concentraciones de fructosa disminuyen la sensibilidad a la insulina con la consecuente insulinoresistencia y aumento de los valores de glucosa en sangre. La insulinoresistencia estimula un incremento en la secreción de insulina que lleva al deterioro a largo plazo de las células que la producen, conduciendo a la diabetes mellitus tipo 2. Además las elevadas concentraciones sanguíneas de insulina estimulan la producción hepática de grasas e influyen sobre el desarrollo de la hipertensión. El síndrome metabólico es una entidad compleja que involucra varias alteraciones que se producen por mecanismos asociados y aumentan las probabilidades de sufrir enfermedades del corazón, diabetes, ataques cerebrales y otros problemas de salud.

En el caso de los niños el elevado consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con hiperactividad, déficit de atención, dolores de cabeza y pérdida de la capacidad de detectar distintos sabores, reduciendo su paladar a sólo tres: salado, dulce y grasoso.

El 61,6% de los argentinos tiene exceso de peso, en una proporción de 36,2% de personas con sobrepeso y 25,4% con obesidad, según datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) realizada por la Secretaría de Gobierno de Salud y el INDEC 2018.

Estamos ante un escenario casi catastrófico y apenas estamos viendo los efectos de esa epidemia llamada obesidad.

¿Qué podemos hacer como consumidores? Tenemos el poder y está en nuestras manos elegir lo que llevamos a nuestra mesa.

Revisar etiquetas: si encontramos entre los ingredientes fructosa, sólidos de jarabe de maíz, glucosa-fructosa, azúcar de maíz o high fructose corn syrup (HFCS); Mejor evitarlo.

Elegir productos naturales: los menos procesado son mejor para nuestra salud. Una buena opción es comprar el pan directo de la panadería y no empaquetado.

Leer la información: los productos deben indicar sus ingredientes en el empaquetado; también debería de tener una advertencia sobre las consecuencias del consumo de ciertas sustancias en grandes cantidades.

Es importante mencionar que los alimentos que contienen fructosa de forma natural, como frutas, verduras y miel, tienen una baja concentración y contienen además agua, fibra, antioxidantes y otros nutrientes. Por este motivo, estos alimentos no son los causantes de un consumo excesivo de fructosa.

*Por Natalia Cian Nutricionista

Turnos: 343-4224282 / 4235542

Mitre 188 – Paraná- E.Ríos

Redes: Instagram y Facebook natalia_cian_nutricionista

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