Los huesos hallados en la estancia de Alfonso Goette en Crucesitas Séptima en Nogoyá no son humanos. Los restos, encontrados durante las excavaciones de esta semana en búsqueda de la familia Gill, se corresponden con la morfología de animales.

La información fue confirmada al Nueve por el abogado querellante, Maximiliano Navarro, que representa a la madre de Norma Margarita Gallegos, esposa de José Rubén "Mencho" Gill.

El primer día de excavaciones, el lunes, fue hallado el primer hueso. Este jueves, se encontraron 10 más. Todos fueron peritados por el jefe del Departamento Médico Forense del Superior Tribunal de Justicia -STJ-, Luis Moyano.

"En lo personal, lo tratamos con mucha cautela, no queríamos generar expectativas, porque en una zona rural como esa hay mucha fauna", sostuvo Navarro.

"La semana que viene continúan los trabajos en la zona del arroyo. A partir de las declaraciones, el juez está viendo la posibilidad de excavar en el casco, para corroborar si existe el sótano", que menciona el hermano de "Mencho" Gill, detalló el letrado. "Hay otros dos pozos posibles. Si se confirman los datos, probablemente durante los próximos días se realicen nuevas búsquedas", añadió.

No obstante, los procedimientos en la estancia del patrón de los Gill continuarán por aproximadamente dos semanas más, según confirmó a esta Plataforma el juez de la causa, Gustavo Acosta.

EL CASO

José Rubén "Mencho" Gill, de 56 años en aquel momento; su esposa, Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos, María Ofelia, de 12; Osvaldo José, de 9; Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2, desaparecieron a principios de 2002.

La familia completa vivía en La Candelaria, el campo donde el hombre trabajaba como peón rural de Goette. Mecho Gill fue visto con vida por última vez en el velorio de un amigo el 13 de enero de 2002, en Viale.

Tres meses después de su desaparición, el 3 de abril, recién el dueño del campo, Alfonso Goette, fue a la casa de Luisa, una hermana Gill, y preguntó ellos. Allí, dijo que habían salido de vacaciones y nunca habían regresado. La familia no le creyó y piensa que el fallecido estanciero fue el responsable de la desaparición.

En el galpón que funcionaba como casa de la familia dentro de La Candelaria, no había indicios de que hubieran salido de vacaciones, porque allí estaban sus documentos, ropa, pertenencias. Además, la esposa de Gill dejó sueldos sin cobrar en la escuela donde trabajaba.

En principio la Justicia le creyó a Goette y su historia de las presuntas vacaciones. Luego, un año y medio después de la desaparición, ocurrieron las primeras pericias en el campo, pero sin resultados positivos. También se tomaron testimonios y hubo control en las fronteras. Siempre sin datos.

María Adelia Gallegos, madre de la esposa de Gill y abuela de los niños, opina que “el error es buscarlos vivos, porque ellos ya están muertos y enterrados”. “Para mí tienen que buscar donde vivían, en el campo de Alfonso Goette”, le dijo al diario La Acción de Nogoyá.

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